Septiembre, fecha crítica en la ruta electoral
A Puerta Cerrada
Jorge Rodríguez
¿Se cuenta usted entre los observadores y/o protagonistas del poder local que tienen bien claro que lo que ocurra con el ex gobernador Rafael Moreno Valle y sus aspiraciones presidenciales influirá, en buena medida, en la definición de los candidatos del PAN a gobernador y presidente municipal de Puebla, entre otros, en 2018?
Y si es así, ¿se cuenta también entre aquellos que ya desde ahora esperan con impaciencia el desenlace de la nueva aventura política de Moreno Valle, para saber con mayor precisión a quién apostarle dentro de las contiendas internas del blanquiazul, que muy posiblemente serán distintas a todo lo que se pensó y escribió en el sexenio que ha concluido?
Conserve la calma; no desespere.
Si está usted en ese conjunto de personajes, por lo menos no tendrá que esperar hasta principios del próximo año, enero, febrero o marzo, para enterarse de la suerte que habrá tenido Moreno Valle en la puja por la candidatura panista a la presidencia de la república.
Antes de marcharse de Casa Puebla, el aspirante confeso dijo a sus allegados que no habrá que aguardar hasta el 2018 para saber si contiende o no en la elección presidencial; que lo resolverá en los meses previos al cambio de año.
Moreno Valle habría comentado que será en septiembre de este 2017 cuando las condiciones de competencia estén prácticamente establecidas para saber quién será el abanderado del PAN que encare la sucesión del presidente priista Enrique Peña Nieto.
El plazo comunicado a su gente coincide con el arranque formal del proceso electoral, que concluirá el primer domingo de julio de 2018 con la asistencia de los electores a las urnas.
Ya sabe usted que el morenovallismo pretendió dejar un guión que lleva como figura principal de la narrativa a Martha Erika Alonso Hidalgo.
Y que ese guión pone a la secretaria general del PAN como virtual candidata a gobernadora en caso de que Moreno Valle no consiga la postulación que busca.
En ese mismo escenario, teórico hasta ahora, los demás aspirantes a los principales cargos de elección popular en el estado flotan alrededor de la especulación y la incertidumbre, a la espera de lo que depare el destino para el matrimonio Moreno Valle Alonso.
En septiembre, dentro de siete meses, se habrá resuelto el dilema más importante.
Para entonces ya se sabrá qué sucederá con el ex gobernador y qué pasará con su esposa.
Luego vendrá el jaloneo por el resto de las posiciones.
El guión previamente escrito parece no dar margen de maniobra al nuevo mandatario.
No obstante, leerlo así podría significar un error.
Llegado el momento, José Antonio Gali Fayad mostrará un natural y previsible interés por hacerse cargo de las decisiones electorales en su gobierno, por controlar, en efecto, su propia sucesión.
En ello juega un papel trascendente lo que suceda con su antecesor en las presidenciales del próximo año.
Corre tiempo.
@jorgerdzc
