En el informe RMV definirá su discurso para buscar la candidatura presidencial
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
Con su último y sexto informe de gobierno, Rafael Moreno Valle Rosas delineará un discurso con el que buscará convertirse en candidato presidencial, en el cual define que el modelo de cambio logrado en su administración es el que mejor le conviene al país. Es una apuesta muy arriesgada, ya que el todavía mandatario estatal podría encontrar su tumba política si ese tipo de mensajes se convierten en un escrutinio real de su gestión por parte de la opinión pública nacional.
Previo al informe –que rendirá el próximo domingo en los terrenos de la trasnacional Audi, ubicada en el empobrecido municipio de San José Chiapa–, se han elaborado cuatro anuncios que ya contienen los primeros trazos de esa propuesta discursiva, que plantea lo siguiente:
Utilizando como escenario la Biblioteca Palafoxiana y el gobernador portador de un libro, del que simula ser el autor y que es de color azul eléctrico para patentizar que es panista, plantea que “México necesita el cambio que en Puebla ya comenzó”, y sin abandonar su eterna comparación –o mejor dicho obsesión– con la administración de Mario Marín Torres plantea que en educación, salud, infraestructura y empleo el estado se encontraba mal en todos los indicadores y ahora está en primer lugar de todo. Que la población del estado vive feliz y satisfecha.
En particular en el tema de obra pública insiste por enésima vez que los avances se lograron “sin pedir en peso prestado”.
Fuera de los anuncios, en las últimas giras que ha realizado el mandatario ha incorporado una inesperada preocupación por los pobres y cada vez que puede saca frases al puro estilo tercermundista de Luis Echeverría Álvarez o de José López Portillo con su perdón hacia los marginados, al indicar que: “Siempre defenderé los intereses de los que menos tienen”.
Rafael Moreno Valle Rosas se quiere presentar como el político del cambio que necesita el país y que tiene una clara opción por los pobres. Es lo que quiere aparentar.
Con esas propuestas discursivas Moreno Valle corre el riesgo de convertirse en un uróboro, que era la figura mítica en forma de serpiente que siempre se está comiendo su propia cola y forma un círculo, que es un eterno ciclo de algo inútil, pero que quien lo genera no se percata de que vive persistentemente en el mismo error.
Para empezar, Moreno Valle tendría que eliminar de su discurso la vieja mentira de que construyó mucha obra pública, superior a todo lo que se hizo en los últimos 30 años, sin recurrir al endeudamiento de la hacienda pública del estado de Puebla.
La Auditoria Superior de la Federación ya estableció que la deuda pública de Puebla es de por lo menos 25 mil millones de pesos.
Cuando Mario Marín Torres dejó el cargo el nivel del endeudamiento del estado era de alrededor de 8 mil millones de pesos. Por tanto, durante la gestión morenovallista los pasivos se acabaron triplicando, de acuerdo a la poca información oficial que se tiene sobre el tema.
Atrás de esas cifras se esconde que Puebla podría ser el estado líder a nivel nacional en deuda oculta, que de acuerdo a algunos análisis académicos podría oscilar entre los 50 mil y los 70 mil millones de pesos.
Es decir, quien realmente mantuvo a Puebla en niveles sanos de deuda pública fue el gobierno de Mario Marín, algo difícil de reconocer por la opinión pública debido al escarnio que existe contra el ex mandatario priista por los excesos que cometió contra la periodista Lydia Cacho y sus complicidades con la mafia libanesa.
Una segunda mentira: en los últimos seis años es cierto que hubo mucha obra pública y los niveles de gasto en la misma no se habían visto en las últimas décadas, pero eso no significó ningún cambio social en la población.
Al contrario, todas las expectativas de transformaciones sociales, políticas y de desarrollo económico que ofreció Moreno Valle en su campaña electoral de 2010, ninguna se cumplió en lo más mínimo.
Ofreció un gobierno transparente y ha dominado la opacidad, razón por la cual no se sabe el monto real de la deuda pública, quiénes son los beneficiarios con la venta de inmuebles públicos, nada sobre la adquisición de unos helicópteros, los contratos de las megas obras y la razón por la cual su costo es exorbitante.
No se registró ningún avance democrático, sino al revés: ha sido el gobernador más intolerante y represor desde la época de dominio de políticos avilacamachistas, situación que se consta con la lista de más de 250 presos y perseguidos políticos, su intolerancia hacia la prensa y los académicos críticos de su gobierno, y la existencia de un Congreso local que nada discute ni debate.
Las fuertes inversiones en obra pública y la instalación de Audi son los únicos motores de desarrollo económico que hubo en el sexenio, que en lugar de reducir la pobreza en Puebla se sufrió un acelerado crecimiento de familias marginadas. Los pueblos indígenas nunca figuraron con programas específicos y nada se hizo para promover un desarrollo regional de la entidad. Sin contar que la política al agro se redujo a la entrega de unos motocultores que no servían y se vendieron a un precio como si estuvieran bañados de oro.
El repentino interés de Rafael Moreno Valle por los pobres es claro que es su propuesta para buscar combatir la imagen de Andrés Manuel López Obrador, pero resulta ser un discurso vacío, alejado de la realidad, que suena igual de hipócrita como cuando López Portillo dijo que defendería el peso “como un perro”.
