Los servicios de espionaje del morenovallismo seguirán activos al concluir el sexenio
CUITLATLÁN
Por Fermín Alejandro García
El que confirme el New York Times que en 2014 se utilizó a la empresa italiana Hacking Team para espiar a los enemigos políticos del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas no es lo relevante, sino lo realmente importante es que el empleo de este servicio no va a terminar con el fin del mandato del actual titular del Poder Ejecutivo; por el contrario: se sabe que es la principal herramienta que utilizará el morenovallismo para buscar concretar el proyecto de gobernar el estado los próximos tres sexenios.
La desactivación del PRI como fuerza política opositora se logró, sin duda, por los servicios del espionaje clandestino del morenovallismo, los cuales iniciaron desde que Rafael Moreno Valle era senador de la República. Desde entonces se armó una serie de expedientes que han servido para amedrentar a las principales figuras del priismo, a quienes se les tiene amenazadas con exhibir problemas personales o sobre todo, actos de corrupción.
Una fuente cuenta que en la pasada campaña electoral estuvo presente en dos reuniones estratégicas de la entonces candidata del PRI, Blanca Alcalá Ruiz, quien rodeada de los principales operadores electorales del tricolor, siempre se mostró desanimada y temerosa, al indicar que no se podía hacer nada contra el autoritarismo de Moreno Valle Rosas.
Tal parece que ese comportamiento cabizbajo de Alcalá era resultado de que sabía a la perfección que si el PRI realmente amenazaba con ganar los comicios locales de 2016, el morenovallismo podía desatar una guerra sucia que acabara con la imagen pública de varias figuras del tricolor, empezando por la propia candidata a la gubernatura, como una manera de frenar el avance opositor.
No solo el PRI acabó siendo domesticado por el morenovallismo, sino también lo fueron los panistas y todo aquellos que son partes de la organización secreta del Yunque. Por ese motivo los principales líderes del PAN optaron por autoexiliarse de Puebla o autocensurarse, para evitar que su vida privada se vieran dañadas por el espionaje.
Una prueba de ello es que meses después de que Eduardo Rivera dejó el cargo de edil de la capital y cuando parecía asumir una posición de liderazgo entre el panismo marginado por Moreno Valle, se filtró a algunos periodistas un problema interno de la familia del ex alcalde.
La mesura y serenidad con que el ex presidente municipal manejó ese conflicto evitó que se hiciera escarnio de su persona y de algunos miembros de su circulo familiar.
Los servicios de Hacking Team y de una red de espionaje que dirige un ex oficial del Cisen, que en la época de Felipe Calderón se hacía cargo del área de inteligencia de las aduanas, siempre se han manejado en la clandestinidad, sin que exista algún control institucional.
Nada impide que sigan funcionando de la misma manera y que continúen siendo un instrumento para controlar a las fuerzas opositoras al morenovallismo, una vez que concluya el actual sexenio.
El espionaje seguramente jugará un papel esencial para buscar colocar a Martha Erika Alonso, la esposa de Moreno Valle, o a otro morenovallista, en la titularidad del Poder Ejecutivo de Puebla en el año 2018.
Para los proyectos políticos del actual gobernador es esencial seguir controlando los recursos públicos de Puebla después de que concluya el sexenio, el próximo 1 de febrero.
Y todo eso es posible gracias a la permisividad del gobierno de Enrique Peña Nieto, que nunca actuó contra las redes de espionaje del morenovallismo, las cuales no se limitaron a los “enemigos políticos” locales del gobernador, sino se sabe que también se utilizaron en contra de las cúpulas nacionales del PAN y el PRI.
