Piñatas gigantes, una gran tradición que perdura
Ciudad de México. En la calle Agiabampo, desde hace 30 años la familia Alcaraz trabaja con el engrudo y el papel para darle colorido a las fiesta de fin de año en la ciudad de México. En esta zona de la colonia Magdalena Mixiuhca, Venustiano Carranza, la tradición no se cambia y aunque hacen piñatas de personajes de televisión, dicen las que son de estrella no deben morir.
“La familia Alcaraz Estrella es la iniciadora de las piñatas gigantes. Somos los únicos que armamos una piñata de 2 hasta 8 metros. Esta calle es conocida como de las piñatas gigantes. Hay cinco locales, todos somos familiares”, cuenta Rodrigo Alcaraz Estrella, artesano.
Hacer piñatas es una herencia en vida de su abuelo, el señor Luis Alacaraz, quien no sólo les trasmitió la tradición sino el ser curiosos y creativos. De él aprendieron el amor a crear con las manos, a darle forma y color a objetos de cartón o papel.
Todo el año, el negocio está abierto. No sólo venden piñata de estrella para las posadas. De enero a abril hacen de molde, es decir de personajes conocidos por las películas del momento o incluso de la política. La que más se vende es la del Chapulín Colorado.
De mayo a noviembre producen Catrinas, ésta es la segunda ocasión en que hacen para la temporada de Día de Muerto, y en diciembre se dedican a la fabricación de las piñatas monumentales. La más grande que han hecho es una de ocho metros para el Museo de la Bola, reprodujeron la pieza de Diego Rivera La Piñata. Las que normalmente venden miden dos metros.
Alcaraz, quien no sobrepasa los 40 años, recuerda que su abuelo fue el iniciador de esta tradición en la década de los 80. El señor Luis Alcaraz se las ingeniaba para con poco dinero y cosas recicladas hacer una piñata, de barro y engrudo con forma de estrella, y así pasar la navidad pese a la adversidad.
Cada temporada navideña el abuelo hacía piñatas hasta que los vecinos comenzaron a pedirle para sus posadas y hace 12 años, el negocio se formalizó, mismo tiempo que el abuelo Alcaraz ya no está presente.
“Cuando era niño, habíamos muchos en la familia, primos, tíos, sobrinos. Como mi abuelo y mis papás no tenían dinero para hacer una posada. Mi abuelo hacía las piñatas, se las ideaba para sacar el papel oro de las cajetillas de cigarros y lo pegaba con engrudo a la olla de barro, también le colocaba los papeles de color rojo de los panqués para adornarla.
La familia creció, por lo que empezaron hacer las piñatas más grandes y como adentro de la casa no cabían, las hacían sobre la banqueta enfrente del número 140 de Agiabampo, llamaba la atención por el colorido y las formas. Los vecinos comenzaron a pedirlas para sus posadas. Así se hicieron famosos en la zona.
Relata que en cuanto los vecinos empezaron a comprar las piñatas, sus cinco tíos, que habían construido sus casas también en la misma calle, abrieron sus talleres, pero ellos únicamente hacen piñatas para las posadas y navidad.
“Mi papá se dedica a la herrería, él también las hace pero ahora sólo en temporada, él nos dejó el negocio, y desde entonces creció la demanda de piñatas y ahora ya hacemos de todo”.
Rodrigo, quien no deja de pegar papel sobre la esfera de periódico, señala que las piñatas tradicionales son de siete picos, porque simbolizan los siete pecados capitales, sin embargo ellos las hacen de nueve conos, y miden dos metros de altura. Incluso también fabrican de 15 picos para quinceañeras.
“Nos divertimos al hacerlas. Es como una fiesta porque nos apoyan los hijos, los sobrinos, toda la familia está aquí. También mis cinco hermanos participan. Lo malo de este trabajo es que no vas a ninguna posada, incluso el 24 y 31 todavía vendemos. Con decirte que ahora con el negocio no hemos rota ninguna piñata”.
En temporada navideña, apenas tienen tiempo para dormir y comer. En el taller, sobre la calle, trabajan cerca de 20 personas, de entre familiares y empleados, a marchas forzadas para sacar los pedidos a las pistas de hielo, las cuales las distribuyen en Tampico, Toluca, Zacatecas, Tlaxcala, Texcoco y algunas delegaciones de la CDMX.
“Hacemos alrededor de 50 piñatas al día, durante la temporada navideña. La empezamos al terminar la Catrinas, en noviembre. Hay clientes que piden de ya, son cuatro semanas que duermes de 3 a 4 horas al día. Es la temporada más fuerte”.
De generación tras generación
Además de Rodrigo, sus hermanos y tíos, ahora su hijo hace figuras de papel. Isac Alduani Alcaraz Sánchez, tiene 21 años y 10 dedicándose a la cartonería y esculturas hechas a base de periódico.
“Yo le aprendí a todos, nosotros somos muy observadores. Yo te se armar la piñata desde cero hasta terminarla, hay gente que es especialista en algo, yo en cambio, conozco todo el proceso.
Este año lo que más le inspiró fueron las catrinas, las piñatas de estrella se quedan cortas en comparación de las calacas. “Porque ellas son más elaboradas, es más gratificante como artesano hacer una catrina, es como darle vida a algo”.
El proceso de una piñata, indica el joven, comienza con inflar el globo, después ponerle periódico, hacer la base, dejar que se seque durante dos días, colocarle con silicon los cuernos, es decir los picos, luego se forra con papel metálico y se adorna con papel crepé de colores, y lista para romperse.
