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Sobre el muerto las coronas

Sobre el muerto las coronas

La Entrega

Marco Aurelio Mirón

A casi cinco meses de la última elección del pasado 5 de junio, el panorama no muestra ninguna evolución al interior del priismo poblano. La crisis interna en la que se encuentra sigue vigente sin dar muestras de un cambio que permita establecer una plataforma bien cimentada de recomposición rumbo al 2018.

Las envidias, disputas e intereses entre los líderes de grupo no permiten arrancar a fondo el proceso cicatriz que tanto anhela el PRI desde 2010, cuando perdió por primera vez en su historia la gubernatura del estado de Puebla.

Las dirigencias nacional y estatal han sido incapaces de sacar a flote al barco tricolor y conforme a un diagnóstico interno, el panorama luce desalentador con miras al 2018.

Mientras en el equipo de enfrente, entiéndase PAN, más o menos a nivel local las cosas marchan tranquilas donde marchan bajo una línea, salvo el Yunque, en PRI luce desarticulado.

La definición no tiene pierde y así lo establecen los mismos priistas que han realizado un análisis de la situación interna: “fragmentado”.

Lo grave del asunto es que los altos mandos nacionales y locales no han podido dar un verdadero golpe de timón que permita “sacudir” conciencias a efecto que los grupos de primer nivel caminen en una misma línea.

Pensar en la unidad suena a una promesa difícil de cumplirse, al menos hasta este momento.

Cada grupo está más interesado en trabajar en su propio proyecto para alcanzar alguna candidatura dentro de dos años.

Ejemplos sobran.

Para la gubernatura están nombres como Alejandro Armenta, Juan Carlos Lastiri, Enrique Doger Guerrero, Blanca Alcalá –aunque no está del todo interesada- así como Juan Manuel Vega Rayet, Javier López Zavala y Alberto Jiménez Merino, entre otros.

Aunque están interesados en la unidad interna no existe esa cohesión con la actual dirigencia estatal, la cual tampoco ha realizado mucho para abonar a subsanar heridas del pasado y establecer un plan de trabajo.

¿Y la dirigencia nacional?

Anda peor.

El líder nacional, Enrique Ochoa, tiene conocimiento de lo que pasa en Puebla pero no actúa. No tiene intenciones de mandar a una avanzada que permita ejecutar el proceso de reconstrucción interna.

Está más preocupado en minar el nivel de posicionamiento de Andrés Manuel López Obrador.

Al menos así lo interpretan los priistas poblanos.

Por eso no ven posibilidades que en 2018, ahora sí, se pueda rescatar el terreno perdido y se recupere Casa Puebla y municipios importantes empezando por la capital poblana.

Pese a lo que se diga, el panorama luce desalentador.

A ver si al PRI la calaca no se lo lleva antes del 2018.

Los pronósticos indican que podría ser la tercera fuerza en la entidad ante la fuerza que empieza a cobrar el huracán político llamado Morena.

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Conforme a datos de la organización México ¿Cómo vamos?, Puebla se ubicó entre los tres estados del país que más disminuyeron la desigualdad por ingresos laborales durante el último año.

Asimismo a lo largo del segundo trimestre del presente año, registró un crecimiento económico de 1.2 por ciento, aunque la informalidad aumentó de 65.8 a 67.6 por ciento de las personas ocupadas y la productividad bajó de 84 a 82 pesos producidos por hora trabajada en la entidad.

Sin embargo Puebla está marcada con semáforo verde en el rubro de deuda, la colocarla en 1.4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), por debajo del promedio nacional.

Comentarios:

@Marcomironc

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