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Funcionarios de la Ssa usaron Hospital General Norte para casarse

Funcionarios de la Ssa usaron Hospital General Norte para casarse

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

El pasado 4 de julio dos funcionarios de la Secretaría de Salud (Ssa) contrajeron matrimonio, cuyos testigos fueron otros servidores públicos de esa misma dependencia. ¿Qué tiene de especial dicha unión conyugal? Primero: que fue en el horario de trabajo de todos los involucrados, incluidos un grupo de médicos y enfermeras. Segundo: que se realizó dentro de las instalaciones del Hospital General Norte de la ciudad de Puebla, el cual ahora resulta que tiene un área especial para que miembros de la alta burocracia se puedan casar y realizar convivencias para ese propósito.

En una época en que abundan historias de mirreyes y de escándalos amorosos como el de Alfredo Castillo, el director de la Conade, que se llevó a su novia a las olimpiadas de Río de Janeiro, la paseó como si fuera una atleta con cargo al erario y al final lo acabó premiando el presidente Enrique Peña Nieto, en Puebla la administración morenovallista no se podía quedar atrás en esos abusos lleno de cinismo, impunidad y frivolidad.

Resulta que el pasado 4 de julio se casaron, en la Sala de Matrimonios del Hospital General Norte, el director de Recursos Humanos de ese nosocomio, César Rosales Urcid, con Patricia Luján, quien es funcionaria de la Ssa de la misma área de su ahora marido.

Como testigos fungieron la jefe de Servicio CEYE del mismo hospital, la enfermera Lucia Meléndez Muñoz; la responsable del área de Calidad de la Enfermería, Esther Sosa Vargas; y la directora del Departamento Jurídico del nosocomio, Luz Elvira Morales Vázquez (ver las fotos).

Dicho enlace causó un fuerte malestar entre los trabajadores del hospital –que se ven obligados a denunciar bajo la gracia del anonimato para evitar que los despidan– por dos razones muy claras:

Primera: La existencia de esta pareja sentimental era muy conocida en el nosocomio debido a que Patricia Luján hace unos meses trabajaban en el Hospital General Norte y se caracterizaba por llegar a trabajar minutos u horas más tarde de lo que marcaba su horario oficial, o de plano era constantes sus ausencias. A esta mujer nunca la pasaba nada debido a que era la novia del encargado de sancionarla, es decir del director de Recursos Humanos, César Rosales Urcid, quien ahora es su marido.

Ese comportamiento provocó muchas protestas, por lo cual desde las oficinas centrales de la Ssa se ordenó como una supuesta sanción cambiar de centro de trabajo a Patricia Luján.

Al final a esta mujer la trasladaron al nuevo Hospital de Ortopedia y Traumatología General Rafael Moreno Valle, de reciente inauguración, y que tiene como principal característica que está muy cerca del Hospital General Norte. Trascendió que la cambiaron a este lugar por influencias de César Rosales, para tener cerca a su pareja sentimental.

Y en lugar de haber sido una sanción, acabó siendo un premio el mandar a un hospital nuevo a una funcionaria faltista o que incumplía sus horarios.

Segunda: con sorpresa y desagrado, los trabajadores del Hospital General Norte se enteraron de que existe una Sala de Matrimonios, algo poco o nada justificado para un nosocomio público.

Esa sala es desconocida para el grueso de los trabajadores y por supuesto para todos los usuarios de ese hospital. Es un área de fiesta destinada para los altos funcionarios de la Ssa.

Se sabe que ya hubo una queja contra César Rosales Urcid y contra su “intocable” esposa, la cual se le hizo llegar a Ángel Orlando Flores Alvarado, el director del Hospital General Norte, quien hizo oídos sordos a los señalamientos.

Y es que es un secreto a voces que César Rosales Urcid es un protegido de Luis Hernández Jiménez, el administrador del hospital, así como de la jefa de Enfermeras, Patricia Amador Ronquillo, y de otros funcionarios de la oficinas centrales de la Ssa, siendo esa la razón por la cual se le permitió la extravagancia de casarse dentro de un hospital, en lugar de hacerlo en un espacio privado.

Esta historia parecería contar una trivialidad, pero no lo es.

A la mayoría de los trabajadores del Hospital General Norte, o de cualquier otro nosocomio, no se les permite llegar tarde o ausentarse sin motivos justificados. Si lo hacen los corren. No todos tienen una relación estrecha con el encargado de Recursos Humanos.

Y ningún trabajador podría casarse en su centro de labores y menos en un su horario de actividades. Tal como sí lo hicieron César Rosales Urcid y Patricia Luján.

Además, un hospital público no es espacio para celebrar matrimonios de nadie, o tal vez solo de casos excepcionales como de algún enfermo en fase terminal.

Lo ocurrido es un comportamiento enfermo de nuestra clase política, que le gusta casarse o hacer fiestas en lugares prohibidos, protegidos por ser patrimonio cultural o destinados a fines ajenos a una fiesta.

¿Se acuerda de una sobrina de Felipe Calderón que organizó un halloween en un panteón? Pues algo similar pasó con estos tórtolos que a fuerza tienen que demostrar su poder e influencia contrayendo nupcias en un hospital público.

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