Inicia estrategia Blanca Alcalá para volver a ser candidata
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
En las últimas semanas diputados federales y senadores priistas han desnudado la violencia que se vive en Puebla, los abusos de la ciclovía Hermanos Serdán, la represión morenovallista, el uso del erario en la campaña de promoción de la imagen de Rafael Moreno Valle por todo el país y la negligencia del gobierno en el desastre que dejó la última contingencia climatológica de la Sierra Norte. Atrás de esa actitud no solamente existe un afán de denunciar la situación crítica que se vive en la entidad, sino también obedece a una estrategia de la legisladora Blanca Alcalá Ruiz para ser la candidata del PRI en la sucesión del año 2018.
Sin quitarle el mérito al sentido crítico que han adoptado los legisladores priistas de Puebla, queda claro que esa actitud responde únicamente a diputados y senadores vinculados con Blanca Alcalá y que cuentan con el respaldo de Emilio Gamboa Patrón, el líder del PRI en el Senado.
El objetivo de ese comportamiento es buscar que el grupo legislativos del PRI, proveniente de Puebla, se convierta en un contrapeso del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, en su último tramo de 5 meses, y de la próxima administración de Antonio Gali Fayad. Y de que mediante su activismo se busque presionar para que el gobierno federal investigue algunos casos de corrupción del morenovallismo y los abusos cometidos en el periodo que está por terminar no queden impunes.
Las metas que se quieren alcanzar es que Blanca Alcalá –junto con la mayoría de los legisladores federales– se mantenga vigente, se vuelva a posicionar en la opinión pública de Puebla, controle la dirigencia del PRI y de esa manera vaya segura –por segunda vez– en la obtención de la postulación tricolor para contender por la titularidad del Poder Ejecutivo de Puebla dentro de un par de años.
Como parte de esa estrategia, Blanca Alcalá ha buscado establecer una agenda de pláticas de café con varios periodistas de Puebla, a los mismos que ignoró olímpicamente en su pasada campaña electoral, en la que perdió la gubernatura contra Antonio Gali Fayad.
En los más de 12 puntos de acuerdo que se han presentado en San Lázaro y el Senado se ha hecho un examen puntual de la realidad poblana y de los abusos del gobierno de Moreno Valle Rosas. Sin embargo dicho comportamiento de los priistas resulta anacrónico, con pocas posibilidades de que sirva para cambiar la situación del estado y se castigue los actos de corrupción del morenovallismo.
Ese sentido crítico se tenía que haber adoptado dos años atrás, o por lo menos en los primeros meses de 2016, en el periodo previo a las últimas campañas electorales. En esto momentos las denuncias del tricolor poco abonan para lograr que en Puebla haya una alternancia en el poder.
Durante el proceso electoral que está por concluir el PRI y Blanca Alcalá no pudieron convertirse en una fuerza política que polarizara con el morenovallismo, y por ende pudiera captar el voto de enojo, de castigo, de desilusión, de hartazgo que hay contra el morenovallismo.
Ahora que Blanca Alcalá quiere despertar, luego de que provocó la peor derrota del PRI en toda su historia en Puebla, resulta menos probable que logre colocarse como una verdadera y fuerte opositora al morenovallista, ya que no hay las mínimas condiciones para que lo logre.
Nadie le cree al PRI que sea un partido que lucha y denuncia la corrupción, los abusos de poder y los actos de negligencia. El PRI es un partido que ha entrado en su etapa más crítica –desde que recuperó el control del Poder Ejecutivo federal– y el principal culpable es el presidente Enrique Peña Nieto, quien ante la vista de la opinión pública es un político mentiroso, sin ética y que protege los actos de corrupción.
Peña Nieto es un presidente devaluado, junto con su partido, que no puede ofrecer ningún logro a la sociedad. Su trayectoria en la presidencia de la República está plagada de mentiras, de escándalos, de frivolidades, de actos en que hace el ridículo y ahora es exhibido como un plagiario, que no tiene el más mínimo pudor para avergonzarse de haber robado ideas de otros libros para elaborar su tesis de licenciatura.
Con ese panorama, lo único que queda recomendarle a Blanca Alcalá es que mejor cambie de partido si quiere luchar de nuevo por la gubernatura, para que no vuelva a ser vapuleada en las urnas.
