¿Por qué Marín no fue el Preso Número 9?
La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam
Muchos se hacen una pregunta: ¿Por qué el gobernador Rafael Moreno Valle no metió a la cárcel al ex gobernador Mario Marín?
Lo más sencillo –lo más fácil– hubiera sido someterlo a un juicio exprés, ordenar su captura, internarlo en el Cereso y exhibirlo en la prensa poblana con su traje de recluso.
El escándalo mediático le habría generado a Moreno Valle muchos puntos a su favor, pero también una desconfianza extrema en el ámbito federal.
En México, salvo contados casos –Andrés Granier, de Tabasco, es un buen ejemplo–, los ex mandatarios no pisan la cárcel.
Luis Echeverría Álvarez tenía todo para ser llevado a prisión, pero la “sensatez” republicana se impuso y lo peor que le sucedió fue tomar un tour permanente parecido al de Xavier de Maistre: un viaje alrededor de su habitación.
Moreno Valle tenía los astros a su favor para hacer de Marín el huésped de honor en San Miguel.
No lo hizo.
¿Por qué?
La respuesta se ha venido cocinando con el tiempo:
Los beneficios de una eventual captura de Marín hubieran sido mínimos.
En este país los escándalos mediáticos duran horas y desaparecen o se difuminan en cuanto surge uno nuevo.
A esto hay que agregar que el ex gobernador no se habría quedado con los brazos cruzados y que de inmediato tendría como abogado a Juan Velásquez o a Juan Collado, por ejemplo.
En cosa de días habría quedado libre.
Y algo más: blindado.
Los beneficios de su captura durarían lo que una nota de ocho columnas en el diario Reforma.
Moreno Valle hizo lo menos políticamente correcto, cierto, pero consiguió que al currículo de Marín se fueran a vivir dos palabras que son clavos ardientes: impunidad e inmunidad.
Y lo que pudo haber sido un pago en una sola exhibición –su reclusión en el Cereso– se convirtió en un pago en cómodas mensualidades.
O mejor dicho: en cómodas elecciones.
Marín ha demostrado ser –gracias a Moreno Valle– un excelente producto electoral.
Vea el hipócrita lector:
En 2010 la guerra antimarinista fue un éxito probado que se repitió en 2013 y en 2016.
A contrapelo de varios sedicentes analistas que desde el 13 juraban que el tema Marín ya no vendía, nuestro personaje es la mejor prueba de que su solo nombre –su sola mención– le baja puntos a cualquiera.
Un caso opuesto lo recreó este jueves el periodista Raymundo Riva Palacio en su columna al referirse a los nulos beneficios que le generó al gobierno del presidente Peña Nieto la reclusión de Elba Esther Gordillo.
Él lo dice mejor:
“El presidente lamenta la cárcel de la maestra y los beneficios de haberla llevado a prisión no los han visto”.
