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El Antimorenovallismo como Botín Electoral

El Antimorenovallismo como Botín Electoral

La Corte de los milagros

Por Mario Alberto Mejía

Los críticos del gobernador Rafael Moreno Valle -exégetas melosos de Mario Marín en el sexenio pasado- escriben cotidianamente que en Puebla hay un hartazgo en su contra, que sus obras son de relumbrón, que dejará el estado endeudado e hipotecado por 25 años -unos juran que por 50-, que es soberbio, pedante, intolerante.

¿Qué más dicen de él? Que es prepotente, abusador, elitista.

Que sólo viaja en helicóptero - un horroroso Agusta negro-, que gobierna para su club de amigos, que es excluyente...

Ufff.

Dicen que mató a un menor en Chalchihuapan y a más de cincuenta mujeres jóvenes -algunas embarazadas-, que tiene en la cárcel a 250 presos políticos -más de los que hay en Cuba y en Siria-, que convenció a un gallero de que exterminara a seis inocentes, que censuró a la prensa local -¡Se atrevió a acabar con los "chayos" y los embutes!-, que lo han visto comerse niños y ancianitas, que trata de la peor manera a sus empleados, que les grita y les avienta celulares, iPads y micrófonos.

Que nunca saluda de mano, y que cuando lo hace se limpia con un pañuelo bañado en alcohol.

Que sólo habla en inglés de Wall Street.

Que no juega futbol los domingos con sus cuates de tragos y negocios.

Que no le gustan los discos de Joan Sebastian ni de Margarita La Diosa de la Cumbia.

Que no vendió periódicos de niño.

Que no tiene afición por las escorts -rubias químicas de glúteos exorbitantes-, que no le gusta el Único de Vega Sicilia con Coca-Cola y mucho hielo, que no lo cargan sus escoltas cuando bebe con su compadre El Vale, que no les da coscorrones a las pinches viejas...

¿A dónde quiero llegar? Al antimorenovallismo.

En mi columna del lunes -publicada la noche del domingo- escribí que las Alegres Comadres del PRI -Ana Teresa Aranda y Roxana Luna- le disputarían a Blanca Alcalá un espectro: el antimorenovallismo.

El problema para ellas es que sólo hay uno.

Y en éste caben todos los puntos arriba señalados.

En ese antimorenovallismo caben muchos: empresarios y constructores desplazados, periodistas despechados, marinistas desempleados, priistas sin sueldo o con bajo sueldo, mototaxistas furiosos, yunquistas resentidos...

Ah: y Ana Teresa Aranda y Roxana Luna.

De eso está hecho el antimorenovallismo.

Ése es el espectro que se disputarán las señoras arriba citadas.

Una, Ana Teresa Aranda, a punta de mentadas de madre.

Otra, Roxana Luna, lucrando con el menor muerto.

(Exhibiendo su foto en Twitter a la menor provocación).

Y Blanca Alcalá, desde el discurso que le hemos conocido siempre: crítico, pero cordial; básico, pero universitario; aguerrido, pero feliz.

Ese botín -el "antimorenovallismo"- tiene un principio y un final.

No es tan grande como dicen, ni tan grandote como presumen.

Es el "anti" que todos los políticos han enfrentado en su momento.

Colosio, por ejemplo, enfrentó a los anticolosistas.

(Uno lo mató azuzado por sus compañeros).

Kennedy fue víctima de un antikennedysta al que luego mató otro antikennedysta subsidiado por antikennedystas poderosos.

Peña Nieto lee a diario los insultos que le envían los antipeñistas que viven, comen y defecan en Twitter.

El antimorenovallismo sería un gran botín para una sola de las candidatas.

El problema empieza cuando en lugar de una son tres.

Muero de ganas de ver cómo se repartirán la maleta (del antimorenovallismo).

Entero, ya lo dijimos, vale oro.

Fragmentado, ufff, vale muy poco.