A sus 80 Años, Bartlett cree que los Poblanos somos Tontos
La Quinta Columna Mario Alberto Mejía.
Cuando fue gobernador de Puebla, Manuel Bartlett hizo a Mario Marín subsecretario de Gobernación, secretario de Gobernación, dirigente estatal del PRI, candidato a la alcaldía de Puebla y presidente municipal.
Cuando Marín llegó a vivir a Casa Puebla, Bartlett lo felicitó públicamente y dijo que estaba orgulloso de ser una especie de padre político suyo.
También llevó a su mujer, Julia Abdala, para que le vendiera seguros al gobernador naciente.
Con los meses, Marín, ya convertido en Dios en el Poder, dejó de contratar los seguros de la señora Bartlett y transitó nuevos caminos en el tema.
Sobrevinieron entonces dos cosas: el caso Marín-Cacho y la venganza esperada de Bartlett.
A la primera oportunidad, el exgobernador se fue en contra de su pupilo -el orgullo de su nepotismo político- y dijo que éste era un "gobernador desprestigiado".
No podía ser de otra manera.
Los seguros millonarios hechos a un lado tienen su costo oral.
Asombra, en ese sentido, que el expadre orgulloso diga ahora -en el diario La Jornada- que Rafael Moreno Valle "logró la gubernatura de Puebla bajo el impulso de Elba Esther Gordillo, los Chuchos y el exgobernador Mario Marín".
Así lo dijo.
Así lo cree.
Próximo a cumplir 80 años de edad -si no me equivoco esto ocurrirá el 12 de febrero-, Bartlett ya olvidó -o quiere olvidar o quiere convencernos a los poblanos- que él y no otro inventó a Marín -con la pequeña ayuda de don Alberto Jiménez Morales- y que la combinación Moreno Valle-Marín es intransitable.
Nadie en su sano juicio cree que Marín impulsó a Moreno Valle a la gubernatura.
Pero como Bartlett se ha vuelto el campeón de la mentira y la simulación -de ser un gobernador autoritario ha pasado a ser un exgobernador tolerante y de izquierda-, está convencido de que los poblanos somos tontos o estamos en vías de serlo o somos tontos y no nos hemos dado cuenta.
Ese mismo Bartlett, el democrático, dice que cuando fue gobernador de Puebla "dejó terminado un Museo del Virreinato, que debía funcionar para exhibir la magnífica obra, no sólo del barroco, sino la que está en las iglesias de Puebla, pero 'Moreno Valle decidió que se requería otro, en una entidad con tantas carencias'".
Está claro que don Manuel no se enteró lo que pasó con su "museo": al tercer día desapareció por falta de obra y de fondos, y el añejo edificio que lo albergó -el antiguo Hospital de San Pedro- fue convertido en un salón de bodas, quince años y primeras comuniones.
No supo que su curador -el mediocre arqueólogo de lo inmediato, Eduardo Merlo- le tomó el pelo como pudo y le hizo creer que con dos o tres piezas se podía hacer un museo.
Y como Bartlett tenía en la cabeza que podía ser presidente de México, no se ocupó de vigilar que su museo cumpliera con las normas básicas.
Hoy, como quien recuerda su paso por el kindergarten, Bartlett sigue creyendo que los poblanos somos tontos o que estamos en tránsito de serlo.
Sabia virtud -diría Renato Leduc- de conocer el tiempo.
