Loa a los Analfabetos Funcionales y Vómitos que los Acompañan
La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía
Este miércoles acudí con varias decenas de personas al Museo Internacional del Barroco.
La sensación de recorrer las diversas salas que tiene –las temporales y las permanentes– es sencillamente brutal.
La arquitectura de Toyo Ito, la curaduría de Miguel Ángel Fernández y las piezas exhibidas crean un espacio único en México.
Bien lo dijo el senador Javier Lozano, que de arte sabe mucho: “Es el Moma de Nueva York con obras del barroco”.
Y no se queda corto.
El MIB es desde ya el mejor museo del país.
Sus enemigos a ultranza se quedarán estupefactos cuando ingresen a él.
Con un poco de sentido común, y una vez que vomiten la bilis acumulada, terminarán por reconocer la altísima calidad de un museo que, por cierto, no costó lo que dicen que costó.
Esos 7 mil 800 millones de pesos que juran que se gastaron existen solamente en su imaginación.
Aquellos que se rasgaron las vestiduras porque juraban que el MIB sería alimentado únicamente de las obras de museos como la Casa de Alfeñique y el Bello tendrán una enorme frustración al descubrir que en su interior comparten espacio cuadros, esculturas, muebles y objetos que provienen de las más diversas colecciones: desde la Franz Mayer como la del Fomento Cultural Banamex.
En un país de analfabetos funcionales –ésos que estudiaron en universidades y no saben escribir ni su nombre correctamente– es un alivio que haya museos como éste que retomen lo mejor del pasado para traerlo a nuestros ojos.
Hay que decirlo: el mayor número de visitantes del Museo Bello o de la Casa de Alfeñique son de fuera.
Un gran número de poblanos jamás pone un pie en esos espacios.
Menos aún ésos que hablaron de saqueos y golpes bajos al patrimonio cultural.
Las piezas prestadas han encontrado un espacio digno con iluminación adecuada y un curador talentoso y sensible.
El arte sacro también ocupa un lugar importante en el MIB.
Frescos están los días en que el corredor Puebla-Tlaxcala era conocido por el saqueo brutal de las iglesias.
Y nadie decía nada porque había un valemadrismo cargado de doble moral.
Esa doble moral que mantuvo en el olvido, durante sexenios y sexenios, la Biblioteca Palafoxiana, por ejemplo.
Hoy por fin hay un catálogo perfectamente organizado de las joyas que existen en la Palafoxiana.
Pero eso a nadie le importa.
De lo que se trata aquí es de escupir en contra de espacios como el MIB.
Ya lo sabemos: serán los que vengan de otras partes del país y del mundo quienes en realidad lo valoren en su justa dimensión.
