López Malo a Finanzas del PRI y el Regreso de Ismael Hernández Deras
La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía
Alberto Jiménez Merino se perfilaba para ser el sucesor de Ana Isabel Allende en la dirigencia estatal del PRI.
Ya estaba hablado con la virtual candidata Blanca Alcalá Ruiz.
Ya estaba palomeado.
No obstante, por órdenes de Mario Marín Torres -su jefe y amigo- organizó una marcha con beneficiarios de la Sagarpa, de la que es delegado en Puebla, para mostrar un músculo inexistente y, sobre todo, para que el exgobernador presionara -como lo sabe hacer- en aras de obtener una ganancia política en el mar revuelto del proceso interno del PRI.
Esta acción provocó molestia entre los levantacejas del CEN y en dos minutos se tomó la decisión de dar marcha atrás.Renació, pues, la propuesta de que el exsenador Ricardo Urzúa llegara al partidazo en Puebla.
(Ya en una ocasión, cuando aún ocupaba un escaño en la Cámara alta, el empresario y Blanca Alcalá habían llegado a un acuerdo en ese sentido, a través de Emilio Gamboa).
A la par de estos hechos, Juan Carlos Lastiri propuso que la sucesora de Allende fuera la diputada local Silvia Tanús bajo el argumento de las cuotas de género.
"Qué mejor que una mujer apoye a otra mujer -dicen que dijo Lastiri- para que no nos acusen de misóginos".
Como es su costumbre, el diputado federal Víctor Giorgana empezó a presionar para quedarse con la dirigencia.
(No le bastan el liderazgo de la bancada ni la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores).
Lo primero que hizo fue pedir el apoyo de Marín.
La propuesta que le hizo fue impecable, a decir de Giorgana.
Y es que le dejaría por unos meses la curul en San Lázaro a su suplente, el marinista Ramón Fernández, secretario particular del mismísimo Marín, una vez que llegara a la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI.
Marín lo escuchó y se limitó a sonreír.
Luego le habló a Jiménez Merino sociales y le ordenó que hiciera la consabida marchita por cortesía de la Sagarpa.
El anuncio hecho por esta columna en el sentido de que quien llegará -por decisión del consorcio Gamboa & Beltrones- será Urzúa generó polémica, arrebatos y enojos.
Dos son las razones de peso que esgrimen los opositores a esta decisión: que el exsenador no conoce a los grupos priistas en el estado y que es compadre, socio y amigo del alma de Fernando Morales Martínez, subsecretario de la Secretaría General de Gobierno, hoy convertido en un operador nato del morenovallismo.
Eso los hace desconfiar.
Y por eso se resisten.
Súmeles usted, hipócrita lector, que Ismael Hernández Deras, exgobernador de Durango, regresará al estado para apoyar a Blanca Alcalá como delegado especial del CEN del PRI, posición que ya ocupó en 2015.
Hernández Deras renunció en su momento para irse a ganar nuevamente su estado con uno de los suyos.
No fue así: fue derrotado por otros grupos de poder.
Hoy, con la corona abollada, viene a organizar una vez más a los priistas poblanos, a quienes de "locos, desorganizados y traidores" no baja.
En este mural que bien habría podido pintar Diego Rivera hay un elemento extra: el inminente arribo de José Antonio López Malo a la Secretaría de Finanzas del Comité Directivo Estatal del PRI.
Esta posición será en la práctica el primer movimiento de Blanca Alcalá como candidata a la gubernatura de un año, 10 meses, 16 días.
López Malo viene de tener un alto cargo en Bansefi y la dirección general del Registro Público Vehicular.
La candidata ha pensado en Alejandro Armenta para que se haga cargo de un área especialmente estratégica: Promoción del Voto.
Por cierto: cuentan que una comunicadora que se mueve en canchas nacionales se encargaría del trato con la prensa aldeana.
Una pincelada más a este mural francamente surrealista: Enrique Doger pidió la Delegación del IMSS, para él, y una más para Javier Casique.
Algunos de los otros aspirantes están metidos, entre otras cosas, en la feria de las peticiones.
