Último minuto
Jueves, 24 de Septiembre de 2026
Puebla 16°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

Don Beltrone: los Amigos no Existen

Don Beltrone: los Amigos no Existen

La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía

Manlio Fabio Beltrones es un político de la vieja escuela.

No de la escuela de Luis Echeverría y de José López Portillo, sino de la de Fernando Gutiérrez Barrios, el policía político más enigmático del país que recientemente fue retratado en una novela por el escritor y periodista Fabrizio Mejía.

De don Fernando se decía que tenía "una mano de hierro con guante de seda" por su habilidad para dar golpes durísimos con una gran elegancia.

Ese atributo lo asimiló muy bien su mejor alumno: un hombre que ha sobrevivido durante décadas en las cañerías del Sistema político mexicano: Manlio Fabio Beltrones.

Mienten quienes juran que El Chapo Guzmán es el Señor de los Caños.

El auténtico, el más probado, es el dirigente nacional del PRI.

Personajes como éste -peinado perfecto, nudo de corbata Windsor, traje sin una sola arruga- tiene muchas características del poder.

Una entre ellas: no tiene amigos.

No cree en la amistad.

O cree en función de intereses solamente.

La amistad, ya se sabe, interfiere a la hora de tomar decisiones y vuelve blando -débil, dicen los poderosos- el juicio frío a la hora de la verdad.

Lo peor que puede haber es un político blandengue.

Beltrones -bien llamado Don Beltrone por un cartonista célebre- es un político sin amigos que es más temido que querido.

Por eso ha resistido cuarenta mareas y sigue sin despeinarse.

En su ruta crítica hacia el poder total -la Presidencia de México- sólo ha perdido el bigote, pero por un tema estrictamente de estética.

Es una pena: su bigote lo hacía ver más temible aún.

La ausencia de éste lo hace ver como lo que no se quiere ver: un amoroso abuelito de sus nietos.

Vuelvo al tema de la amistad.

Cuando llegó a la Cámara de Diputados por enésima vez, Beltrones se llenó de amigos.

O eso creyeron ellos por la cordialidad con la que los trataba.

Craso error.

No supieron que sólo eran usados en función de sus talentos.

Personajes como Enrique Doger, que se sintió tocado por los dioses del Olimpo.

Y más: creyó en serio que era parte d la Burbuja de Beltrones.

Con esa percepción creyó también que sería el candidato a la minigubernatura cuando fue llamado al CEN del PRI en una posición de baja estofa e inexistente en el organigrama.

No supo -ahora lo sabe- que su estancia en esa posición obedecía a una estrategia de control.

Mario Marín es, como Beltrones, un convencido de que en la política la amistad no existe.

Doger lo creyó su amigo.

En sus ansias locas de poder pensó que Marín l había perdonado la guerra sucia que instrumentó en su contra en el contexto del caso Marín-Cacho.

No entendió la naturaleza humana del exgobernador.

Quién lo dijera: lo sigue odiando como el primer día.

En estos dos engaños se movió Doger.

En estas dos supuestas amistades.

Muy cara le costó la ingenuidad.

Muy cara la autosugestión.

Blanca y las Luces Verdes. Miguel Ángel Osorio Chong pidió que la tarde del miércoles le hablaran a la senadora Blanca Alcalá para que estuviera a recibirlo como parte de una gira por Puebla.