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Blanca Alcalá y Aquella Visita a Bucareli

Blanca Alcalá y Aquella Visita a Bucareli

La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía

En octubre de 2015, Blanca Alcalá escuchó las palabras mayores relacionadas con la candidatura del PRI a la minigubernatura de Puebla.

Guardó silencio.

En un primer momento se resistió a aceptar la nominación.

No era para menos: requería tener la certeza necesaria para jugar lo que será el mayor desafío de su vida.

Días después, una voz la convocó al antiguo Palacio de Covián, en Bucareli, sede de la Secretaría de Gobernación.

Ahí, en un imponente despacho, escuchó palabras que la convencieron brutalmente.

Recibió, faltaba menos, la certeza que estaba buscando.

También supo que los tiempos del PRI en Puebla no eran los mismos que los de otros estados, por lo que no era necesario que pidiera licencia en diciembre.

Y algo más: como presidenta de la Comisión de Cultura tenía que sacar adelante una iniciativa que le interesaba mucho al presidente Peña Nieto: la de la creación de la Secretaría de Cultura.

Blanca empezó a concentrarse en Puebla e hizo uno de sus últimos viajes a Panamá para cerrar algunos asuntos pendientes relacionados con el Parlatino, del que es presidenta.

La sonrisa le cambió.

Y cómo no.

Y es que además de las palabras mayores ahora tenía la certeza necesaria.

En noviembre, Enrique Doger se enteró de que la decisión había sido tomada.

Quiso rebelarse, pero le dijeron que lo estarían observando.

La disciplina primero, le dijeron.

El 11 de noviembre, cuando se comunicó con Javier López Zavala para reclamarle que lo hubiera puesto en mal en una entrevista con 24 Horas Puebla, Doger sacó a colación lo que ya sabía: que la senadora sería la candidata.

Los días pasaron.

El viernes 4 de diciembre, quien esto escribe publicó unos inocentes tuits sobre la nominación de Blanca Alcalá.

Las reacciones de los dogeristas no se dejaron esperar.

Estaban furiosos.

Desencajados.

Al duelo natural que guardaban sumaron el escarnio público.

Tres días después cerca de treinta columnas llevaban el tema de los tuits: unos para descalificarlos, otros para confirmar la versión.

El 17 de diciembre, tras haber sacado adelante la Secretaría de Cultura, Blanca y su familia desaparecieron del escenario para tomar varios nutridos días de vacación.

Nuevas especulaciones llegaron.

Los dogeristas sacaron una conclusión: Blanca se fue en las fiestas de diciembre porque sabe que no será la candidata.

No entendieron que esa ausencia estaba emparentada con la tranquilidad y el gozo que le siguen a las buenas noticias.

Ése fue uno de los consejos que escuchó en Bucareli: "Vete de vacaciones, relájate, disfruta, descansa. Lo vas a necesitar. A partir de enero te necesitamos entera, concentrada. Vendrán semanas muy duras".

Apenas regresó a Puebla las adhesiones iniciaron.

El desánimo de algunos de sus contendientes contrastaba con su gesto pleno, emocionado.

Tenían razón en Bucareli: el trabajo se le iba a venir encima.

En eso está concentrada.

Otros, los eternos perdedores, mataron el tiempo tejiendo mentira sobre mentira.

Y ya hasta habían armado sus gabinetes.

Quienes se veían con poder hoy lloran su desgracia al estilo de los payasitos de circo pobre: con una falsa alegría.

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