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De Nado Sincronizado y Coincidencias Periodísticas

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 La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía

Muy interesado está Enrique Doger Guerrero en sacar de Puebla a la senadora Blanca Alcalá Ruiz.

Este jueves dos medios locales publicaron que a la virtual candidata del PRI a la gubernatura en 2016 le esperan días de mucho trabajo en la ciudad de México.

Lo curioso es que las cabezas utilizadas fueron las mismas.

En su columna Tiempos del Nigromante, del periódico Cambio, Arturo Rueda cabeceó así: "La encomienda que EPN le dio a Blanca Alcalá".

En una nota informativa firmada por el "staff" del periódico digital Los Fuertes cabecearon así: "Encomienda de EPN dará a Blanca Alcalá mayor proyección".

Doger, todo mundo sabe, es el dueño de Cambio y empieza a tener una gran influencia -así se ve en los últimos días- en otros medios.

Sólo un consejo: si van a publicar lo mismo, cuando menos denle la vuelta a las cabezas.

Es una modesta proposición.

A Guardar Matracas y Confeti.

Ocurrió en 1992.

Mariano Piña Olaya tenía un candidato a sucederlo en Casa Puebla: Marco Antonio Rojas Flores.

Movió todo para que se convirtiera en el candidato del PRI.

Un obstáculo se atravesó: Manuel Bartlett Díaz.

El presidente Salinas no sabía qué hacer con él.

Bien lo cuenta el periodista Carlos Ramírez en su libro El asesor incómodo: José María Córdoba Montoya se reunió con Bartlett -que venía de renunciar a la SEP tras hacer un berrinche del tamaño de su ego- y le propuso dos salidas: la embajada de México en Francia y la candidatura a la gubernatura de Tabasco.

Bartlett rechazó ir por su lugar de nacimiento y por el París de sus estudios de postgrado, y optó por Puebla, donde le construyeron una biografía.

(Como Jesucristo, el hoy senador nació en un pesebre ubicado en uno de los portales del Centro Histórico).

Desde Los Pinos le avisaron al gobernador Piña que Bartlett sería el ungido.

Para aterrizarlo bien, lo enviaron a trabajar con Raúl Salinas de Gortari a Solidaridad y de ahí lo sembraron en Puebla.

En su primera visita, quien esto escribe hizo la crónica para el periódico Cambio.

Estaba cazando al gobernador y a quien quería sucederlo en los bajos del antiguo Palacio de Gobierno cuando una voz dijo que ambos ya estaban en el "Palacio de Charlie Hall".

Todos los reporteros corrieron.

Yo no.

Algo hubo en las palabras del vocero de Casa Puebla que no le creí.

Y ahí me estuve.

Cinco minutos después, Bartlett y Piña Olaya salieron caminando del Palacio y fueron saludando a quienes se iban encontrando en su camino.

Yo me fui detrás de ellos para captar el diálogo.

Y vaya que fue brutal.

Palabras más, palabras menos, el gobernador le dijo a Bartlett que todo estaba planchado, que no habría oposición a su candidatura y que las fuerzas vivas lo aclamarían como a nadie.

Varios aspirantes no tuvieron más remedio que guardar las matracas y el confeti debajo de la cama.

Por cierto: cuando Fernando Crisanto publicó mi crónica en la primera plana de Cambio hubo voces que dijeron que la conversación entre Piña Olaya y Bartlett no era real y que nada estaba decidido en materia de la candidatura.

Quince años después la historia parece repetirse.

Hay que guardar las matracas y el confeti para una mejor ocasión.