Barbosa, un aliado poco confiable
Serpientes y Escaleras por Ricardo Morales
El senador de la República, Luis Miguel Barbosa Huerta, alias el (ñoño) es un experto en el arte del chantaje.
Hábil cómo víbora, Barbosa no solo es un experto en chantajear, también en traicionar.
Hoy el senador perredista se da sus aires de gran señor, ya que cuenta con la protección de Televisa, empresa la cual al menor pretexto le abre los micrófonos, pero no se crea que el ñoño es amigo de Emilio Azcárraga o de sus poderosos amigos como José Bastón o Yon de Luisa, no.
Barbosa es empleado de la televisora y como tal lo tratan, no en balde el senador originario de Puebla, que no poblano, salió a la defensa de la Televisora más importante de este país, cuando Azcárraga Jean solicitó prórroga para la entrada en vigor de la señal digital.
Se suponía que la entrada en vigor de la nueva señal arrancaría con los primeros minutos del próximo año, pero hace unos días, Barbosa, a nombre de la empresa de la que es empleado, solicitó una prórroga para que se pudiera mantener en los primeros meses del 2016.
Cierto que el ñoño ha crecido, pero también han crecido con él sus mañas y sus chantajes.
El marinismo sabe perfectamente bien del tema, mientras Mario Marín fungió como gobernador de Puebla, Barbosa y su pandilla, disfrutaron de las “bondades” del mixteco, quien entregó diversos programas de apoyo social y obras al dizque perredista, para tener callada a la “presunta izquierda”.
Era común ver en casa Aguayo a los empleados en turno de Barbosa, que despachaban como presidentes del Comité Estatal del PRD, haciendo fila, para ver que les repartía Javier López Zavala, quien a su vez se ufanaba una y otra vez de tener en la mano el apoyo del perredismo y del hombre originario de Ajalpan.
Pero cual vil Judas y fiel a su historia de traiciones, el ahora senador, cuando llegó el momento de las definiciones, no dudo en clavarle un puñal a Marín y morder la mano que le dio de comer.
Por supuesto que Barbosa ya tenía nuevo amo y ese era, el actual mandatario Rafael Moreno Valle Rosas, al cual apoyó en la contienda por casa Puebla, a cambio por supuesto de jugosas canonjías.
La alianza duró hasta que Barbosa encontró un nuevo amo, el que lo ha encumbrado hasta el punto en que hoy se siente un gran seño, capaz de humillar públicamente a personajes como el diputado federal del PAN, Gustavo Madero.
El nuevo dueño del ñoño es el presidente Peña y el PRI. Es por esto que la lealtad de Barbosa a su ex amo, comienza a flaquear.
Hábilmente el experto chantajista busca estirar la liga para tratar de sacar el mayor provecho posible de la coyuntura política que se avecina, las 12 elecciones locales en donde habrá de renovarse el poder ejecutivo de igual número de entidades, son un buen pretexto.
En el caso Puebla, Barbosa ha dejado de ser un aliado confiable. Hace unos días, el legislador perdió la memoria y criticó la actuación de la administración estatal en el caso Ajalpan, tierra sobre la cual su familia (Barbosa Valiente) ejerció un cacicazgo durante años.
Barbosa cree que vistiendo ahora con trajes de marca y apareciendo en la televisión se va uno a olvidar de sus orígenes, pero peor aún de que su ADN está plagado de traición.
Allá el morenovallismo si cree que este personaje siniestro puede seguir siendo su aliado, pero también pobre del PRI si ahora cae en la trampa de ñoño y se deja seducir a cambio de su apoyo.
Personajes como este son los que opacan la política mexicana, llena de arribistas que solo buscan entrar a este mundo para hacer negocios y enriquecerse.
