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2016, la batalla de Puebla

2016, la batalla de Puebla

Columna Serpientes y Escaleras por Ricardo Morales

Varios factores van a incidir para conocer el vencedor de la batalla que se librará en el 2016 y en donde lo que estará en juego es el gobierno del cuarto estado más importante del país y un proyecto presidencial.

Los números por si solos hablan de un parte de la realidad, esa que fue presentada hace unos días por el director editorial del periódico Cambio y columnista, Arturo Rueda, pero no son todo.

En el PRI de Puebla el principal factor a articular, pese al triunfalismo que domina hoy en el tricolor por el arribo de Beltrones a la dirigencia nacional de este partido, es la unidad.

Sin unidad difícilmente algún priista podrá ganar la gubernatura, llámese Enrique Doger, Juan Carlos Lastiri, Javier López Zavala, Blanca Alcalá o él que usted quiera poner.

Al PRI sus más sonoras derrotas se las han puesto los mismos expriistas que se arropan bajo las siglas de otro partidos políticos y es ahí donde Beltrones, el nuevo dirigente nacional del tricolor debe de poner toda su experiencia, para evitar una ruptura rumbo al próximo año.

Algo que operará a favor de la nueva dirigencia nacional que próximamente estará en manos de “don Beltrone” es el hecho de que en esta elección, lo único que está en juego es la minigubernatura, no habrá en las boletas, ni candidatos a diputados, ni a presidentes municipales, eso reduce las posibilidades de una ruptura.

Aun así, algo que está por verse es descubrir al hombre o mujer, capaz de unificar a todos los interesados en esta contienda y es que a los nombres de Zavala, Doger, Alcalá y Lastiri, ya se sumaron, Chucho Morales, Juan Manuel Vega, Alejandro Armenta y Alberto Jiménez Marino, más los que se sumen en la semana, como en los pronósticos deportivos. ¿Quién puede ser? En realidad no lo veo.

La dirigencia estatal no tiene ni los tamaños, ni los alcances necesarios, hace falta la figura de un personaje de los tamaños del exgobernador de Durango, Ismael Hernández Deras, para poder operar algo de ese tamaño y aun así tendría mis dudas.

No existen imposibles, pero al menos hasta el momento no veo a todos los priistas jalando parejo para el 2016, aunque reitero, tampoco niego que no pueda darse una gran alianza para derrotar al morenovallismo.

Si se da la unidad del tricolor sumado a su rémora el verde y se desactiva al PANAL como aliado del gobernador Moreno Valle, el PRI tiene posibilidades de ganar.

Del otro lado, en el morenovallismo, la cosa es más sencilla, aunque no por ello, también complicada, el gobernador tiene ya muy bien definido a su “gallo” el aun edil capitalino, Antonio Gali Fayad, hombre de gran carisma.

El reto del morenovallismo, es cómo hacer a un lado el desgaste de 5 años de gobierno, cómo poder solicitar de nueva cuenta el apoyo ciudadano, que los llevo a derrotar al marinismo en el 2010.

Un segundo punto que al parecer ya quedó “limado”, tiene que ver con la unidad del propio grupo, ningún proyecto desde hace muchos años, ha podido darle continuidad a su plan transexenal y mucho tiene que ver en ello, el hecho de que se acaba la unidad y surgen los grupos.

Si el morenovallismo, como dicen algunos, ya entendió que no hay 2018, sin un buen resultado en el 2016, entonces tienen buenas posibilidades de poder competir de tú a tú.

Una cuestión que llama la atención es que el gobernador Rafael Moreno Valle, es quien personalmente se quiere echar a cuestas la operación política de la campaña de Gali, lo cual no siempre entrega muy buenos resultados.

La ventaja es para el morenovallismo, quien conoce muy bien las debilidades del tricolor y solo es cuestión der esperar para ver si se fractura o no el priismo poblano, es un juego de paciencia y de disciplina, algo que por cierto tiene y en grandes cantidades, el inquilino que despacha en Los Fuertes.

De regreso. Después de un descanso, las serpientes están de vuelta.