Otros Mitos de la Elección de los Ajolotes
Mario Alberto Mejía / La Quintacolumna
El facilismo es un virus que genera imbecilidad y lugares comunes.
He visto a las mejores mentes de mi generación caer en las garras del facilismo.
Hoy, sobre todo, en el contexto de la reciente cruda electoral he leído algunos de los análisis más simplistas presentados como prueba viva de que el PRI, oh sí, resucitó a los tres días y hoy vive a la derecha de Dios Padre.
Es malo hacer esos análisis sesudos que de sesudos no tienen nada.
(Sesudo viene de seso: cerebro).
Más bien parecen panfletos partidistas dictados por priistas profesionales en busca de cobrar facturas.
Hacer esos análisis ya es lo suficientemente vulgar.
Pero es todavía peor cerrar los ojos ante lo que están publicando todos los días algunas de las mejores mentes nacionales.
Ayer presenté las líneas luminosas escritas por Macario Schettino: un economista doblado de historiador que ha pasado por algunas de las más notables universidades de México.
Hoy pongo a disposición del hipócrita lector algunos fragmentos publicados por otra inteligencia mexicana: Roger Bartra.
Una de las obras más significativas de nuestro personaje es un clásico en vida: “Las redes imaginarias del poder político”.
(También es autor de uno de los libros más perturbadores publicados jamás en español: “La jaula de la melancolía”, donde traza diversos aspectos sobre la identidad nacional y concluye que el mexicano es lo más cercano a un ajolote: un axolotl).
Bartra, pues, hizo en las páginas del diario Reforma un análisis puntual de las elecciones mexicanas, en las que unos ajolotes muy ufanos derrotaron a otros ajolotes menos lustrosos.
Vea el hipócrita lector:
“Quienes invocaban un desplome de la llamada partidocracia se han frustrado: el voto se concentró en dos grandes partidos, el PRI y el PAN. Los populistas que creían que Morena arrasaría y que superaría al PRD se han tenido que contentar con un magro resultado de 8.4%. El PRD, que esperaba triunfar en la Ciudad de México, descubre que ha perdido muchas delegaciones y que ha quedado en minoría. Los dos partidos mayores (PAN y PRI) perdieron millones de votos, lo que ha sembrado la inquietud en sus filas. La izquierda contempla con tristeza cómo su fragmentación la erosiona. Su grupo supuestamente más radical, el PT, ha perdido el registro, y su lado más oportunista, el Movimiento Ciudadano, ha dado un salto sorprendente pero posiblemente efímero.
“(…)Es un lugar común afirmar que Morena le arrebató al PRD los votos que obtuvo. Pero, como lo ha mostrado con cifras Macario Schettino, en la serie de excelentes análisis que publica en El Financiero, en realidad Morena no obtuvo el caudal de sus votos principalmente del PRD sino del PRI. El PRD tiene un número de votos similar al que obtuvo en las elecciones intermedias de 2009. Su caudal nacional de votos no se desploma, aunque sufre un gran revés en el DF y en Guerrero, mitigado por su victoria en Michoacán”.
Una pausa necesaria: los “eruditos” que juramos (me incluyo en la lista de los torpes) que los votos que se llevó Morena se los había quitado al PAN y el PRD nos enteramos ahora que de quien se alimentó el partido de López Obrador fue nada menos que del partidazo.
Invito al lector a checar los “sesudos” análisis sin seso que columnistas y articulistas de la aldea poblana nos recetaron en los últimos días, advirtiendo que en la elección de la minigubernatura, en 2016, Morena le quitará votos al candidato del PAN y no al del PRI.
Una vez muerto el mito, sigamos con este brillante análisis de Roger Bartra:
“A pesar de que el PRI pierde más de dos millones de votos, junto con sus aliados alcanza la mayoría en la Cámara de Diputados. Sin embargo, ello no logrará frenar el lento declive del partido del antiguo régimen autoritario, debido a que su base electoral tradicional va desapareciendo por simples razones demográficas, como señala Macario Schettino. El PAN se encuentra sometido a una tendencia similar de decadencia y envejecimiento. No se perciben ni en el PAN ni en el PRI señales de un próximo cambio interno profundo que pueda frenar su erosión.
“(…) ¿Qué hará el gobierno de Peña Nieto con su triunfo? Podría suponerse que durante los próximos tres años debería dedicarse a impulsar las reformas que logró gracias al pacto con la oposición. Sin embargo, es previsible que se imponga la lógica electoral y que los vaivenes de los movimientos sociales, de las protestas y de la opinión pública acaben determinando la agenda política”.
Ufff.
Si el PAN y el PRI envejecen no tendrán otro remedio que apostarle a la estupidez de mexicanos como los que, por ejemplo, votaron por el Verde Ecologista sólo porque el “Piojo” Herrera y Galilea Montijo se los dijeron.
En otras palabras: hoy la política mexicana está más cerca que nunca de aspectos como la mentira, la simulación, la actuación.
Sigue Bartra:
“¿Pueden marcar un ritmo diferente las candidaturas independientes? Las victorias de Jaime Rodríguez (alias ‘El Bronco’) en Nuevo León y de Enrique Alfaro en Guadalajara han entusiasmado a algunos. Sin embargo, me parece que su importancia ha sido enormemente exagerada. No hay indicios de que el fenómeno de las candidaturas independientes de los grandes partidos se extienda, como ha sucedido en España. Pero sin duda la dispersión del voto ha abierto un hueco electoral no cubierto por las principales fuerzas de izquierda o de derecha, que será un atractivo botín electoral que tentará a muchos”.
En efecto: hoy vemos a auténticos farsantes convertidos en seudoindependientes.
Lo peor es que se sienten como “El Bronco” —“sincerotes”, pecho en pelo, bota foxista— y sólo falta que se pongan a cantar en sus mítines canciones del inolvidable “Piporro”.
La independencia no se improvisa.
Los farsantes que hoy se las dan de muy independientes tienen una cola más larga que sus expedientes públicos.
Termino con esta visión de las elecciones mexicanas vistas por Bartra:
“(Después de los comicios) todo parece marchito y viejo. Pocos están contentos. No han surgido nuevas ideas ni alternativas atractivas. Es seguro que el optimismo simplón de algunos políticos no iluminará a los ciudadanos. No es seguro que la tristeza política sea siempre un fermento que propicie el crecimiento de nuevas formas de escapar de la miseria. Pero en su conjunto el ramillete de frustraciones, atascos, tropezones y pequeñas victorias conforma el panorama de nuestra democracia. De este terreno fragmentado y pedregoso tendrán que surgir nuevas tendencias, tarde o temprano.”
Es cuanto.
Gracias a Roger Bartra por iluminar los basureros del periodismo.
Dos Ausencias. Antes de las elecciones del primer domingo de junio falleció Luis Carlos Crisanto Campos, hermano de Fernando: un maestro de periodistas.
Carlos era una caja sonora de carcajadas que entraba y salía de las casas y de las oficinas dejando una carga de humor y optimismo.
En los años noventa, a mi paso por SÍ-FM, colaboró conmigo en el programa “Las intimidades colectivas”.
Cuando supe que se había ido algo en mí se movió.
Cuando abracé a Fernando, su hermano, supe de qué estaba hecho nuestro amigo.
Continúo.
Este miércoles falleció, luego de enfrentar un cáncer severamente agresivo, Arturo Toxqui Basave, hijo del ex gobernador Alfredo Toxqui.
Lo traté en diversos momentos de su vida y siempre me sorprendió su gran memoria para hacer la crónica de su vida en Casa Puebla.
Era puntual y alegre, quizás por eso su muerte también atravesó la zona más sensible del cerebro: esa en la que guardamos las risas de nuestros amigos.
Descansen en paz Luis Carlos y Arturo.
