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El PAN no puede sin coaliciones

El PAN no puede sin coaliciones

Efekto 10

Ricardo Morales / Serpientes y Escaleras

El actual proceso electoral, pese a ser de corte federal, está dejando varias lecturas muy interesantes, las cuales se deben tomar en cuenta para 2016, cuando habrá de renovarse el Ejecutivo local.

Luego de su derrota electoral en 2010, Javier López Zavala siempre se quejó amargamente de que gran parte de su derrota se había debido a la coalición de partidos políticos que se conformó para enfrentar al entonces candidato del PRI a la gubernatura.

Célebre fue la reunión que el derrotado candidato tricolor tuvo en Casa Puebla unos días después del proceso electoral en la cual estuvieron presentes el entonces gobernador Mario Marín, el también entonces líder estatal del PRI Alejandro Armenta, y la dirigente nacional del tricolor Beatriz Paredes Rangel.

Ahí, Zavala increpó a Paredes Rangel, a quien tachó de “traidora” por los acuerdos que traía con el entonces gobernador electo, Rafael Moreno Valle, y fustigó al CEN del PRI por haber permitido desde la ciudad de México la conformación de fuerzas política que se agruparon bajo las siglas de “Compromiso por Puebla”.

Aunque —desde mi punto de vista— la derrota de Javier se debió a múltiples factores, el tiempo —al parecer— le está dando la razón a Zavala, quien siempre se pronunció en contra de las coaliciones y le exigió al PRI no permitir este tipo de figuras electorales.

Y digo que tal vez el tiempo le está dando la razón porque en 2015 el PRI evitó que el PAN pudiera ir en coalición con otras fuerzas políticas y sus efectos se sienten dentro del proceso electoral, en donde quedó al desnudo la debilidad de la marca albiazul.

La capital y la zona conurbada —con sus matices— se mantiene leal a la marca albiazul, pero al interior del estado es donde más resiente el panismo la debilidad de su marca ante el voto duro del PRI, reforzado en este proceso electoral por los programas sociales y la entrega de televisores.

Esto explica también parte de los problemas que han enfrentado el panismo en este proceso; en una contienda de “tú a tú” hay una debilidad marcada de la marca PAN.

El PRI poblano, pese contar con una dirigencia estatal débil y con múltiples grupos internos, puede pelear de “tú a tú” con el morenovallismo cuando no hay colaciones de por medio ni candidaturas comunes, las cuales fueron veneno puro para el tricolor en el pasado proceso electoral local.

Al no haber colaciones, el voto duro priista y su marca les sirven fácilmente para enfrentar a los candidatos del gobernador. Esto se puede observar de manera clara en Huauchinango, donde un candidato con arraigo en su región, como el priista Carlos Barragán Amador, le da la pelea a José Esquitín.

Zacatlán y Tepeaca son también muestra fiel de que sin coalición el PAN sufre; Lorenzo Rivera y Alejandro Armenta, también productos regionales, tienen en jaque a los candidatos del morenovallismo.

La misma capital es el reflejo de este efecto: la marca PAN por sí sola es fuerte para sacar a flote a los candidatos del albiazul, pero con coalición las cosas hubieran sido más cómodas.

La estrategia de pulverizar el voto del tricolor llevando como candidatos de sus partidos satélite a expriistas no ha funcionado; por el contrario, hasta salió contraproducente, ya que en vez de quitarle votos al PRI le comenzaba a quitar votos al PAN ante la debilidad de sus candidatos.

El mejor caso lo ejemplifica el Panal. Nueva Alianza postuló mejores candidatos que Acción Nacional: lo que se buscaba era contrarrestar al priismo en Puebla capital y quitarle votos, pero el efecto fue contrario al que se buscaba, a tal grado que se tuvo que “bajar” a personajes como Ruiz Esparza y María Luisa Conde.

El PRI debe tomar muy en cuenta esto y debe aprender la lección, aunque difícilmente impedirá que el morenovallismo pueda ir en coalición en 2016.