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La Sociedad Murmura: ”¿Ya vieron a Madame Bartlett en su Rolls-Royce de los Pobres?”

La Sociedad Murmura: ”¿Ya vieron a Madame Bartlett en su Rolls-Royce de los Pobres?”

Mario Alberto Mejía / La Quintacolumna

Los problemas de Morena en Puebla empezaron cuando el senador Manuel Bartlett Díaz se apoderó del partido de López Obrador y puso como candidatos a algunos de sus incondicionales.

Fiel al priista que sigue llevando dentro, el Demócrata del Cine Nacional puso a Luis Bravo, su particular, y a Rodrigo Abdala, su sobrino político, en dos de los distritos de la ciudad de Puebla.

Pero hizo algo más: le dio a la señora Julia Abdala, su pareja sentimental, una camioneta Suburban para su uso personal.

El problema es uno: tanto el chofer como la Suburban forman parte del parque vehicular de Morena.

Incluso —como se lo conté ayer—, la camioneta tiene el logo de Morena de manera muy visible.

Las dudas matan:

¿Esa camioneta no serviría más en las campañas políticas?

¿Los humillados directivos estatales no le darían un mejor servicio a la Suburban?

¿Con qué cara el senador Bartlett reparte a diestra y siniestra los vehículos y las candidaturas de Morena?

¿Está enterado López Obrador, el amigo del pueblo, de las canonjías que otorga a los suyos nuestro personaje?

Hasta el cierre de esta columna, la señora Abdala va de compras a Superama a bordo de la camioneta.

Y en ella llega a los compromisos sociales que tiene en Puebla.

Eso sí: cuando se trata de que asistan a una de esas fiestas lujosas a las que van los Bartlett-Abdala en la ciudad de México, don Manuel saca de su lujosa cochera los Cadillac y los Bentley.

Otra duda que mata:

¿La gasolina que usa la camioneta de Morena que usa a su vez la rubia señora Bartlett también la paga el partido de López Obrador?

¿No que “Primero los Pobres”?

¿Dónde quedó el discurso contra los “privilegios”?

¿Esa desviación de recursos que hace Bartlett del parque vehicular de Morena no es una forma de corrupción?

Esa corrupción de la que tanto se queja quien en el pasado reciente usó los recursos del gobierno del estado como le vino en gana.

Lo único malo de esta historia es que cuando doña Julia entra a La Vista en su camioneta de Morena (con chofer de Morena y gasolina de Morena), la alta sociedad murmura: “¿Ya viste a Julia Abdala en su Rolls-Royce de los pobres?”.

“Se Venden Aguacates”. La “Casa de los Aguacates” —la de la 9 sur y 17 poniente—, así llamada por el letrero que decía “se venden aguacates”, sigue siendo la ermita intelectual de monsieur y madame Bartlett.

Esa es su dulce morada cuando están en Puebla.

En poco tiempo, sin embargo, se mudarán al costoso y hermoso piso de 7 millones de pesos que nuestra feliz pareja acaba de adquirir en pleno Centro Histórico.

¿Qué sería de los jodidos de Morena sin estas buenas venturas?

Osos del Día. Hay columnas periodísticas que no ocultan la cruz de su parroquia (ni de sus convenios) y que más parecen cartas de buenos deseos.

Una de estas mete las manos abiertamente por José Juan Espinosa, alcalde de San Pedro Cholula, a quien defiende con todo en el tema del joven asesinado por el subcomandante de la Policía Municipal.

Se ve de qué tamaño es el convenio publicitario que tiene en el número de adjetivos calificativos que usa para defenderlo de los perversos morenovallistas.

Si yo fuera José Juan Espinosa en este momento le doblaba el convenio por tan zalamera columna.

Otro más jura que la elección se va a judicializar.

¿No es ese el mensaje que mandan los candidatos que van abajo en las encuestas?

Cada tres años escuchamos lo mismo de los perdedores: “hay inequidad”, “se prepara un fraude”, “los candidatos no tienen condiciones para hacer campaña”.

Uy.

Pero hay algo peor en estos mensajes: la apuesta a que como el PRI domina el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el partidazo ganará.

Así como usted lo leyó, hipócrita lector: lo que no se ganará en las urnas se ganará en los tribunales operados por el PRI.

A la vieja usanza.

Como los fraudes patrióticos.

Un tercer columnista sólo se dedica a plagiar lo que quien esto escribe publicó el 29 de abril.

Es decir: hace 14 días.

¿Tema?

La inhabilitación y multa pecunaria con que la Secretaría de la Función Pública castigó a Francisco Fraile.

Lo peor es que presenta el plagio como exclusiva.

Pobres de sus lectores.

Una Ciudad Inteligente para Ciudadanos Inteligentes. La convocatoria del alcalde Tony Gali Fayad para el tema de ciudades inteligentes, cuyo Congreso mundial se realizará en febrero próximo en la ciudad de Puebla, me dejó las siguientes reflexiones:

No hay ciudades inteligentes con ciudadanos tontos.

Tampoco hay ciudades inteligentes con ciudadanos que acepten los espantosos grafitis en sus bardas o sus puertas.

Los buenos grafitis escasean: abundan los mensajes grafiteros para decir “esta casa se puede robar a media tarde”.

Los tontos no pueblan ciudades inteligentes: pueblan ciudades tontas que no van a ningún lado: son tan tontas como sus habitantes.

Las ciudades inteligentes aspiran a que no haya brechas entre pobres y ricos: los ricos de las ciudades tontas manejan vehículos con logos de partidos como Morena y construyen fortalezas como La Vista para evitar el acceso de los miserables a sus moradas: ignoran que un día los pobres saltarán sus bardas y tomarán sus casas.

Los ciudadanos que se creen más inteligentes que sus ciudades terminan siendo los tontos de las películas.

Una ciudad inteligente no nace de la casualidad: nace de construirla todos los días.

Napoleón Bonaparte quiso ser emperador para hacer de París la ciudad más limpia y bella del mundo.

Su primera medida fue mandar a hacer fuentes por todos lados.

Le obsesionaba la limpieza.

París, hoy convertida en la ciudad más bella del mundo, fue en un tiempo el mayor chiquero de la historia.

En nombre de la Revolución mataban todos los días a cientos de franceses: los metían a una guillotina y generaban tres litros de sangre por cabeza.

Multiplique el hipócrita lector los litros de sangre por las decenas, centenas, miles, de franceses reaccionarios, perros del imperialismo, hijos de puta.

Hubo tanta sangre en la época de la Revolución Francesa que se abrieron fosas comunes enormes para albergar los cadáveres de los malditos.

Tantos cuerpos abiertos hubo que la sangre hedionda descompuso a los cuerpos hediondos y todo eso generó enfermedades, mierda varia y un tufo extraordinario que hizo de París la peor de las ciudades: la más maldita: la puerca entre las puercas.

Gracias a Napoleón III, y gracias a su arquitecto el Barón Haussmann, París se convirtió en lo que soñó Bonaparte: la ciudad más bella del mundo.

Haussmann hizo de las calles estrechas unos muy amplios bulevares llenos de árboles: tiró casas y edificios a granel, y reconstruyó sobre lo que se había vuelto una cadavérica ciudad.

(Hace falta un Haussmann en Puebla que tire lo que los obtusos defensores de la falsa Puebla protegen con tanta cursilería).

Una ciudad inteligente aspira a ser más inteligente que sus falsos defensores.

Los falsos defensores del patrimonio histórico son los mayores enemigos del patrimonio histórico.

Esos defensores terminan siendo los tontos útiles del PRI.

Algunos de estos se apellidan Vélez Pliego.

Son tontos útiles del marinismo que aspiran a vivir del presupuesto.

Una ciudad inteligente siempre estará por encima de esos intereses.

Una ciudad inteligente debe tener una alta seguridad propiciada por su inteligencia.

La seguridad va de la mano de la inteligencia.

No hay inteligencia sin seguridad.

Ufff.

El Congreso de las ciudades inteligentes se realizará en Puebla en 2016.

Febrero.

Pocos días después del Segundo Informe de Tony Gali.