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Sexenio de oropel

Sexenio de oropel

En tres años, el grupo gobernante en Puebla se ha convertido en lo que tanto combatió y prometió erradicar: el autoritarismo, la adulación, el nepotismo, la prepotencia, el uso patrimonialista del erario y la intolerancia hacia la crítica.

El gobernador Rafael Moreno Valle rinde este miércoles su tercer informe de labores y en el debate está el “cumplo o me voy”.

Hay medios que documentan que no reúne los requisitos registrados ante Notario para seguir en el cargo, pero el gobernador en spots televisivos y radiofónicos aduce que ha cumplido cada cosa que prometió.

Hay que reconocer en el análisis que Puebla hoy es otra respecto a la que dejó Mario Marín. Su imagen mejoró notablemente, es referencia nacional en materia turística y de inversiones.

No se le puede escamotear crecimiento del estado a Moreno Valle, ni que tampoco haya sacudido al establishment poblano para obtener sus metas.

Se le reprocha que se haya olvidado del desarrollo enfocado a la pobreza y que aplique la máxima del poder: quítate tú para ponerme yo.

Y es que el control político es absoluto: el gobernador dedica las 24 horas del día en el ejercicio del poder, a diferencia de sus antecesores que concluían labores a las tres de la tarde para dedicarse al trago o la nalga.

Como en el porfirismo: paz y progreso (para el grupo en el poder).

No se comparan los resultados del morenovallismo a los del marinismo, hay kilómetros de distancia, pero en modos, actitudes y comportamiento es igual o peor.

Ninguna crítica es válida.

Vivimos en la isla de la fantasía, en un sexenio de oropel.

Las grandes obras para los aliados de fuera, las migajas para quienes se porten bien en Puebla.

Quizá la imagen en varios espectaculares que colocaron a propósito del III Informe de Labores lo ilustre todo:

Moreno Valle junto a la megarrueda de la fortuna, conocida como La Estrella de Puebla. Como un reflejo en el espejo, proyecto de oropel que raya para los críticos en un elefante blanco, pero para la República Morenovallista en el punto de partida del #Vamospormás.

Quedan claras las dos ópticas de ver al morenovallismo que se proyecta con el erario hacia todo el país.

Las propias plumas morenovallistas en los medios poblanos lo dicen: el cielo a quien recibe un convenio, el infierno para quien es vetado.

Ser morenovallistas para muchos es estar in, quedar fuera de sus privilegios es ser out. De Perogrullo: los marinistas en los medios, ahora le queman incienso, a cambio de formar parte del reino.

La frivolidad pura.

Pero sin duda que la adulación nutre al grupo gobernante.

Son amos y señores de la voluntad política, empresarial, mediática, social, económica y educativa de Puebla.

Los morenovallistas creen que será eterno.

Ya lo comenté la semana pasada, los carniceros de hoy serán las reses del mañana.