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Agüera, Jiménez y Deloya, la terna final del PRI

Agüera, Jiménez y Deloya, la terna final del PRI

El caso Puebla ya se analiza con lupa en lo más alto de la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional.

Según fuentes del CEN, en el escritorio de César Camacho descansa la lista con los tres finalistas para llevar las riendas del “nuevo PRI poblano” a partir del próximo mes de marzo, una vez finiquitados los festejos por un aniversario más del tricolor.

La terna incluye los nombres de Enrique Agüera Ibañez, Alberto Jiménez Merino y Guillermo Deloya Cobián.

En la óptica de la dirigencia nacional y después de un intenso proceso de recopilación y análisis de información relacionada a la realidad que vive el partido y sus necesidades políticas a corto y mediano plazo, estos personajes serían los “idóneos” para encargarse de la enorme cirugía mayor que requiere el PRI para sobrevivir políticamente en el estado.

Resulta imposible conocer las “fuentes” de esa información que consideró y valoró el CEN para depurar los nombres y llegar a tan contundente terna; pero como dice el clásico: “es lo que hay”.

Sin embargo, del resultado final se sabrá con qué tipo de partido contará el presidente Peña Nieto para intentar obtener un buen resultado en Puebla, en la elección federal del 2015, la que determinará con qué tipo de congreso coexistirá el segundo trimestre de su sexenio.

Hoy que en el discurso los priistas hablan de la necesidad de que su partido abandone la penosa sumisión y el descarado vasallaje que han ensayado con respecto al gobernador Rafael Moreno Valle, habría que profundizar en la carrera política de cada uno de los finalistas.

En el caso de Enrique Agüera, existen enormes signos de interrogación en términos de su independencia con el mandatario estatal.

A pesar de que su candidatura al gobierno municipal en teoría molestó de sobremanera al gobernador, con quien mantuvo una relación muy cercana y de trabajo conjunto desde la rectoría de la BUAP, hasta sus incondicionales y más cercanos colaboradores reconocen que en esa campaña sucedieron cosas muy extrañas.

Inclusive, pareciera que se hizo todo lo posible por perder.

A todos, sorprendió la sospechosa tranquilidad con la que Agüera tomó la derrota electoral, cuando se jugaba en ella buena parte de su futuro político.

Es más, quienes estuvieron con él y con Ivonne Ortega en el bunker tricolor vieron con extrañeza una inusual prisa del novel priista por salir públicamente a reconocer la debacle.

Fue la propia Secretaria General del partido quién puso orden y evitó el ridículo, ordenando que cualquier reconocimiento de derrota viniera de la mano del conocimiento de los resultados oficiales.

Sí, tal vez la cercanía de Agüera con Moreno Valle jamás se perdió y los poblanos fuimos simplemente involuntarios espectadores de una puesta en escena con el resultado ya de sobra conocido.

En el caso de Jiménez Merino, la independencia que tendría con el gobernador en caso de llegar al cargo es igualmente dudosa.

Alberto fue compañero de gabinete del mandatario estatal en aquellos bonachones tiempos del melquiadismo y se convirtió en la posición de ese grupo durante el sexenio de Mario Marín.

De alguna extraña manera, a pesar de que los marinistas intentaron con todo eliminar cualquier resabio del sexenio anterior, Jiménez Merino, camaleónicamente, transitó sin problemas más de la mitad de la administración.

Luego, el entonces gobernador Marín lo hizo candidato a diputado federal como premio a sus buenos oficios.

Además, actualmente como delegado de la SAGARPA, Jiménez Merino fue de los nombres bien vistos por el gobernador de Puebla al momento de su nombramiento.

Tan es así que ha sido de los pocos funcionarios del gobierno federal que no ha sido víctima de las tradicionales guerras mediáticas con las que el mandatario ajusta cuentas con sus enemigos políticos.

El caso de Deloya es un misterio.

El actual presidente nacional del ICADEP tiene una magnífica relación con César Camacho y en Puebla no se le liga con ningún grupo político en específico.

A pesar de haber sido Secretario Particular de Mario Marín, no solo nunca fue parte de la famosa burbuja, sino que se volvieron famosos algunos de sus desencuentros con lo más granado de ella.

¿Sería la posición de independencia que los priistas buscan para su refundación?

Difícil saberlo.

Lo cierto es que algunos grupos al interior del partido aseguran que Deloya se desentendió de Puebla cuando perdieron el gobierno del estado y así se mantuvo por casi dos años.

Sólo regreso bajo el cobijo del grupo político que llevó a la victoria a Enrique Peña Nieto en el 2012.

Así, cualquiera.