En Tlacotepec de Benito Juárez velaron a sus muertos
Cientos de historias de vida y muerte se cuentan en los cementerios de este municipio, donde año tras año las familias intentan preservar la tradición de velar a sus seres queridos durante la noche del 1 de noviembre y la madrugada del 2.
En el cementerio denominado "La columna", además de muchas flores y velas hay música de mariachi, pero en cada melodía entonada hay dolor y tristeza para algunos; pero también alegría en otros por complacer al ser querido con las canciones que más le gustaban en vida. "El Rey", "Poeta y campesino" y "Morenita mía", sonaban en varios sepulcros y con ello se ambientaba todo el camposanto.
En un pasillo hay un pequeño anafre donde se calientan unas tortillas de maíz, ahí está doña María Isabel Rodríguez Gervasio, quien pese a vivir la tragedia de perder a 5 familiares cercanos en menos de 2 años, dice que está contenta porque espera con orgullo a sus seres queridos, pues sólo una vez al año la vienen a visitar.
Hace apenas una semana murió su yerno, a quien quiso como hijo "era muy joven, tenía 42 años y falleció de un infarto, pero Diosito sabe por qué hace las cosas y por qué se lo llevó".
Con mucho temple la mujer de 68 años agradeció a la vida la oportunidad de estar acompañando a sus difuntos con su familia; recordó también a dos de sus hijos que fallecieron en accidentes automovilísticos; una niña de 10 años y un varón de 28 años, este último murió cuando "probaba" un auto que iba a comprar.
"La de malas nos ha seguido, pero ni modo esa es la voluntad de Dios y yo le doy gracias", aseguró. Y sin perder el ánimo señaló: "traemos comidita nos echamos un tequilita aquí, un refresquito y estamos hasta el amanecer, cuidamos sus velas que no se apaguen porque iluminan a las almas en su camino a la tierra".
En otro lugar del cementerio otros mariachis entonan "Poeta y campesino" frente a un mausoleo ahí doña Sofía Ruiz Castañeda con orgullo dijo que esa era la melodía que más le gustaba escuchar a su padre, quien también era mariachi. Ese acto significa mucho para ella, pues cumple cada año con la voluntad de su padre.
En contraste y en una pequeña esquina está un hombre contemplando unas pequeñas tumbas, se trata de Abraham Rojas quien dijo velar a sus viejos y a sus dos hijas que fallecieron de 2 y 13 años, ambas sufrían de ataques epilépticos y no lograron sobrevivir.
El padre de familia dijo recordar a sus niñas y sus viejos con el olor del incienso. Y mientras él cumplía ahí, su esposa estaba acompañando a otros difuntos en uno de los 5 cementerios que hay en la cabecera municipal.
Por otra parte, de rodillas y con lágrimas en los ojos doña Olivia López deshoja flor amarilla y roja, mientras coloca las flores suspira y dice que espera que su hijo siga su ejemplo y tradición pues teme que ésta se pierda.
"Mis hermanos son de otra religión y nadie viene a enflorar ni a velar a mis padres, temo que cuando yo muera esta tradición se pierda, por eso traigo a mi hijo para que él siga, y no se pierda".
Doña Olivia se mostró preocupada porque no haya continuidad entre las nuevas generaciones, situación que le genera tristeza. Y sí, en ese camposanto había muchos jóvenes, pero en lugar de acompañar a velar a los difuntos, jugaban futbolito o maquinitas en los puestos que se ponen en la entrada del cementerio, como augurando que las nuevas generaciones tienen o tendrán otros intereses que seguir.
