Pablo Fernández ataca a Claudia Hernández y Blanca Alcalá
El delegado presidente del PRI Pablo Fernández del Campo ha perdido piso y la urbanidad política - además de la caballerosidad- para referirse a dos de sus correligionarias.
"Desubicadas, desorientadas, desmesuradas e intolerantes" fueron los adjetivos utilizados por el diputado local electo al hacer alusión a la senadora Blanca Alcalá Ruiz y la dirigente municipal Claudia Hernández.
Ambas mujeres priistas fueron agredidas por atreverse a manifestar su interés legítimo de competir por la presidencia del CDE.
Misógino como su mentor político Mario Marín, el “delegado” presidente priista enseña el cobre para huir de las críticas y de la autocrítica en torno al escandaloso fracaso electoral.
El “delegado” descalifica a sus compañeras de partido utilizando como argumento como prioridad el respaldo a la reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto, como si el presidente necesitará de Fernández.
Presume el “dirigente” cuenta con la confianza de la dirigencia nacional de su partido, seguramente se refiere a Fernando Moreno e Ivonne Ortega, chance y sí, pero no puede presumir lo mismo del priismo poblano.
Fernández del Campo debería tener un comportamiento como político profesional, y no lo hace porque no tiene esa estatura; critica de “intolerantes” a sus correligionarias, el burro hablando de orejas.
Quién eligió a Pablo Fernández para hablar con tanto desenfreno y arrogancia contras las priistas, y aún si hubiese sido electo, no puede maltratar a Blanca y Claudia, ni a ningún priista, aunque sea lo único que haya aprendido bien de su mentor con el caso Lydia Cacho Rivero.
Aferrado a un cargo obtenido por ungimiento del dedazo partidista, Pablo Fernández del Campo debería seguir comiendo sapos y favorecer el debate y respetar las aspiraciones de sus compañeros de partido, aunque la misoginia sea un caso irreversible de su patología.
