Último minuto
Jueves, 24 de Septiembre de 2026
Puebla 18°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

Zavala se convirtió en el gran traidor del PRI

Zavala se convirtió en el gran traidor del PRI

Conocedor de las entrañas priistas, el Señor de los Cerros creó una estrategia en el interior del estado, sustentada en la desarticulación de los grupos priistas.

Para ese fin, Moreno Valle necesitaba disolver a los dos principales grupos políticos: el de Melquiades Morales y el de Mario Marín.

Para su fortuna, uno de esos grupos, el de los Morales, fue integrado al morenovallismo, gracias a la entrega y colaboración incondicional de sus tres principales cabezas.

Es tan obvia la dimisión, que hasta el diputado federal Chucho Morales prefirió irse a un largo viaje por Australia, antes que apoyar a los candidatos de su distrito.

Así las cosas. La tarea de Moreno Valle se facilitó al tener que desarticular al grupo del exgobernador Mario Marín, el cual mantiene una sólida presencia, particularmente en algunos municipios del interior del estado.

Para ese fin, el gobernador encontró al mejor de los aliados, quien se ha encargado de llevar personalmente a Casa Puebla a los candidatos emanados de ese grupo político.

Uno por uno, nuestro oscuro personaje se ha encargado de que la mayoría de los candidatos marinistas desfilen por la casona de Los Fuertes, para doblegarlos con amenazas, con el típico sello de la casa.

El nombre del nuevo operador del morenovallismo seguramente provocará la ira generalizada del priismo y hasta uno que otro infartado.

Aunque usted no lo crea, el gran operador de Casa Puebla es nada más y nada menos que el mismísimo Javier López Zavala.

Así como usted lo lee.

El mismo que entregó a su partido —el PSI— a las órdenes del morenovallismo y que participa de la mano de los candidatos de Puebla Unida, es el que hoy opera desde la misma casa que no pudo habitar, a las órdenes de quien lo derrotó hace exactamente tres años.

Ante estas traiciones, los priistas enfrentan una elección en solitario, la cual —en caso de triunfo— les dará una ventaja: que a partir del 7 de julio se habrán sacudido a las rémoras del viejo PRI.