La elección en Puebla se resolverá en el TEPJF
Ahora que el Instituto Electoral del Estado (IEE) ha empezado a dilapidar la de por sí escasa credibilidad que tenía, hay que estar muy, pero muy atentos a tres personajes que, en su momento, podrían convertirse en actores centrales de los comicios en Puebla, más allá de candidatos, alianzas, partidos y autoridades locales.
Se trata de Janine M. Otálora Malassis, Héctor Romero Bolaños y Armando I. Maitret Hernández.
Es decir, los tres integrantes de la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en la Cuarta Circunscripción Plurinominal, cuya jurisdicción abarca al Distrito Federal y los estados de Guerrero, Morelos, Tlaxcala y Puebla.
Y es que a estas alturas del proceso, y cuando prácticamente se entrará a la recta final del mismo, a pocos ya les quedan dudas de que más que en las urnas, la elección poblana terminará por resolverse en los tribunales.
Los mismos que, en su caso, tendrán la última palabra y determinarán el triunfo o la derrota definitiva e inapelable de las coaliciones Puebla Unida y 5 de Mayo, tanto por lo que toca a la batalla por las alcaldías como a la guerra por el Congreso del estado, esta sin duda la parte más importante de la contienda 2013.
Con un aspecto adicional: los tres magistrados que conforman la Sala Regional del TEPJF son de reciente incorporación a dicha sala y si bien ya han tomado algunas decisiones de relevancia, aún no se han terminado de legitimar en sus puestos.
Observadores nacionales de lo que está pasando en Puebla aseguran que ante una impugnación seria y documentada, los magistrados no van a dejar pasar la oportunidad de transitar un camino que pasaría por la anulación, un escenario que hoy suena catastrofista pero que ya empieza a plantearse con seriedad en algunos ámbitos del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.
No por nada, en su reciente visita al estado, el dirigente nacional priísta fue muy claro al dejar el mensaje en el sentido de que esa vía no sólo no se descarta, sino que podría ser la más probable.
“Las elecciones se ganan en las urnas pero se defienden en los tribunales. De ser necesario, estamos dispuestos a ir al tribunal que se necesite porque debemos hacer valer cada uno de nuestros sufragios”, dijo César Camacho Quiroz.
Es ahí, en ese contexto, donde resalta la importancia de Janine M. Otálora Malassis, Héctor Romero Bolaños y Armando I. Maitret Hernández, tres magistrados –como todos- con fobias y filias -y al menos uno de ellos muy cercano al PRI y a Los Pinos: Romero Bolaños fue magistrado integrante del Pleno del Tribunal Electoral del Estado de México en los tiempos de Enrique Peña Nieto como gobernador. Un dato duro que no se puede ignorar.
La judicialización de la elección poblana no es un invento de ocasión. Tanto Puebla Unida como 5 de Mayo saben que hay suficientes focos prendidos en esa materia.
Las acusaciones sobre una “elección de Estado”, los topes de campaña, el deplorable papel del “árbitro” de la contienda, las dudas sobre la empresa –PROISI- que se encargará del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), el uso y abuso de la propaganda negra, la intervención de algunos delegados federales en algunos distritos a favor de los candidatos del PRI, las denuncias ante la FEPADE y la intentona para que cualquier candidato a edil o diputado pueda declinar y sumar sus sufragios a algunos de sus contendientes, son hechos que van conformando un panorama pos electoral muy complicado.
Y que tal vez deba resolverse en la mesa, no en las casillas. Sobre todo si la ventaja de los ganadores sobre los derrotados resulta ser pequeña, insuficiente para acallar cualquier tipo de impugnación.
Por eso no hay que perder de vista a los magistrados de la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en la Cuarta Circunscripción Plurinominal; incluso, tan relevantes se les empieza a ver, que ya se habla de varios intentos de acercamiento por parte de cabilderos de los equipos de abogados de las coaliciones, con el fin de establecer contacto con ellos e ir –como se dice coloquialmente- “midiéndole el agua a los camotes”.
¿O me equivoco?
