El PRI, maestro de elecciones de Estado
El tema de la Elección de Estado me conmovió en lo más íntimo.
Desde que el PRI lo denunció en el caso Puebla no he parado de darle vueltas a esa historia.
Más allá de las elecciones de Bartlett, el Demócrata, recordé cómo Guillermo Jiménez Morales y varios de los que hoy juran que en Puebla hay una elección de Estado apabullaron al entonces panista Ricardo Villa Escalera.
Lo tundieron de votos, se robaron las urnas, se escondieron en La Margarita, pero al final, los priistas, ganaron con toda la fuerza del Estado.
Lo mismo hizo Marín, en 2007, cuando obtuvo carro completo en la única elección ganada por Pablo Fernández del Campo o Melquiades Morales cuando hizo ganar a Marín en 2004.
En todos esos casos se recurrieron a los dineros públicos, a la figura del gobernador y a la desviación de recursos humanos y financieros más apabullante de que se tenga memoria.
Lo mismo hizo López Obrador —en el papel de Alejandro Encinas— cuando ayudó a que Marcelo Ebrard llegara a la Jefatura de Gobierno.
No hay Delegación de la Ciudad de México que no haya sido ganada con toda la fuerza del Estado.
Un caso es la excepción que confirma la regla: el ocurrido en la elección federal de 2009 y que tuvo como uno de los protagonistas centrales a Rafael Moreno Valle.
Tras el acuerdo del Fiesta Americana de La Vista, donde el gobernador Mario Marín se puso de acuerdo con Manuel Espino, a la sazón dirigente nacional del PAN, para sacar las manos del proceso electoral en aras de beneficiar a Felipe Calderón, dos candidatos del PRI fueron abandonados a su suerte: Roberto Madrazo Pintado y Melquiades Morales Flores.
La derrota fue brutal.
En la Puebla marinista, faltaba más, ganó Acción Nacional.
Sobra decir que Madrazo nunca perdonó esa traición y así se lo hizo saber al entonces gobernador.
Pecado menor: en esos comicios, Marín negoció su exoneración en la Corte en el caso Lydia Cacho.
Pudo haber sido una Elección de Estado para que ganara el PRI: lo fue para que ganara el PAN.
En los municipios más pequeños es una costumbre que el presidente municipal dé la línea ganadora.
Entonces, faltaba menos, se ponen a disposición de los candidatos todos los recursos públicos y una que otra secretaria al gusto del ungido.
Hace unos veinte años, en un pueblo de la sierra norte, dos campesinos rebeldes fueron amarrados a un árbol por integrantes de Antorcha Campesina.
¿Su pecado?
Ser declarados enemigos de ese cuerpo paramilitar del PRI.
Y eso ocurrió en el marco de una elección.
Los antorchos, ya se sabe, amenazan, extorsionan y se la juegan siempre en nombre de la Revolución.
Elecciones de Estado hay en Estados Unidos, donde, en la más reciente elección, el presidente Obama hizo campaña el día de la jornada a bordo del avión oficial de la Casa Blanca.
Yo creí que había oído todo.
No era cierto.
Me faltaba escuchar a los priistas diciéndose víctimas de algo en lo que ellos son auténticos maestros: una Elección de Estado.
¡Vive Dios!
¡Vive la Virgen de Juquilita!
