Gerardo Islas declina a la diputación plurinominal
A diferencia de los presidentes estatales del PRI y del Verde, Gerardo Islas Maldonado declinó la posición que “Puebla Unida” le ofreció en los primeros sitios de la lista plurinominal.
En aras de sumarle votos a la coalición, y lejos de cualquier protagonismo, el dirigente estatal de Nueva Alianza volteó a ver al núcleo de los profesores: fuerza significativa de su partido.
En ese sentido, una figura del magisterio poblano irá en los primeros lugares de la lista pluri.
Hasta el cierre de esta columna había dos nombres: el de Cirilo Salas y el de Érick Lara.
Gerardo prefirió dejar atrás una posición y un proyecto personales en aras de que la estructura estatal de su partido se meta de lleno en la promoción del voto y en la operación política.
Es claro que si hubiese aceptado la oferta de “Puebla Unida” integraría la lista sin el menor conflicto.
Pese a quienes dudaban de él por su juventud (tiene 28 años), Gerardo ha hecho un trabajo político singular que ha llevado a su partido a convertirse en la tercera fuerza en la entidad.
En las elecciones federales de 2012, Nueva Alianza tuvo un crecimiento en Puebla de casi el 300 por ciento.
Y es que pasó de 69 mil votos a cerca de 200 mil.
Se dice fácil.
No lo fue.
Cuando Gerardo entró a la dirigencia estatal había en el Congreso tres diputados locales de Nueva Alianza.
Sus buenos oficios elevaron el número a siete.
Al PRI le quitó a Víctor Hugo Islas.
Al PAN, a Jazmín Flores (suplente de Jesús Zaldívar).
Y a Movimiento Ciudadano a Benedicto Cortés.
Hoy por hoy es la bancada de Nueva Alianza más grande entre los Congresos locales del país.
Dicha bancada sólo es rebasada por la fracción panalista del Congreso federal.
Gerardo también logró hacer crecer su estructura en el estado a partir de la creación de nuevos cuadros ciudadanos.
En la elección que viene, Nueva Alianza tendrá 30 candidatos a presidentes municipales.
(Actualmente cuenta con siete).
Entre otros municipios tendrá candidatos en Zacapoaxtla, Libres, Tlachichuca, Tepexi de Rodríguez, Esperanza, San Salvador el Seco y Tlatlauquitepec.
Hay que decir que Gerardo Islas Maldonado forma parte de ese exclusivo grupo que puso por delante la lealtad al gobernador por encima de sus proyectos personales.
Ese grupo lo integran, además de Gerardo, Fernando Manzanilla, Eukid Castañón, Cabalán Macari, Julio Lorenzini y Ángel Trauwitz.
Doger y Agüera: los Ríos que los Separan. Eran amigos.
Más que eso: cómplices.
Sólo así se entiende que Enrique Doger Guerrero haya dejado como interino suyo al frente de la BUAP a Enrique Agüera Ibáñez.
En los días claves de principios de 2004, una vez que el gobernador Melquiades Morales Flores le ofreció la candidatura del PRI a la Presidencia Municipal de Puebla, el doctor Doger no lo dudó un solo momento y se inclinó por Agüera para que lo sucediera.
Atrás, en algún sendero que se bifurca, se perdieron las aspiraciones de Armando Valerdi, que por segunda vez se quedó en esa estancia aborrecida por todos los finalistas: el “ya merito”.
(La primera vez, José Doger Corte dejó volando a Valerdi en beneficio de su primo hermano: Enrique).
Por esos días, los “tocayos” (así se llamaban en corto y en público) eran uno mismo.
Todo se consultaban.
Todo se peloteaban.
Pero llegó el otoño y las hojas que forjaron juntos se vinieron abajo.
Doger empezó a desconfiar de Agüera, primero, y a minimizarlo, después.
El ya gobernador Mario Marín Torres fue la pieza de la discordia.
Hábil como es, Marín acercó a Agüera a su huerto ante el enojo evidente de Doger.
Los saludos, pues, se congelaron.
Los abrazos quedaron suspendidos.
Los desencuentros fueron notables, tanto en público como en privado.
Nuevos otoños trajeron tambores de guerra.
En ese nuevo desencuentro, el entonces rector Agüera sí reaccionó.
Y lo hizo con beligerancia.
Y estuvo a punto de convertir a su ex amigo (a su ex “tocayo”) en “persona non grata” al interior de la BUAP.
A punto.
Por un pelito.
El ánimo dialogador de Agüera impidió que la sangre llegara al río del Consejo Universitario.
Damián Hernández, hombre de todas las confianzas del entonces rector, se empezó a acercar a Doger y surgieron los acuerdos.
La beligerancia fue echa a un lado.
Los nuevos tiempos trajeron frutas maduras.
El proceso interno del PRI volvió a separar a los Enriques.
Y tras un primer acercamiento pleno en acuerdos, sobrevino el divorcio inevitable.
Doger jura que tras la unción de Agüera no hubo negociaciones para él y sus simpatizantes.
Ni una regiduría.
Ni una diputación.
Y el único Doger (Pepe) que entró a la contienda no es de sus Dogers consentidos.
Lejos de eso: lo considera un oportunista que busca lucrar con su apellido.
En este tren no viajan leones: comparten camarotes y pasillos toda clase de alacranes.
Este domingo, en Operación Periodista, publiqué las siguientes líneas:
Enrique Doger Guerrero llegó ese sábado 23 de marzo a la oficina de César Camacho, dirigente nacional del PRI.
Con él llevaba algunas encuestas que hablaban de su potencial de voto.
Tras el anuncio, vino la antesala.
Y la lenta, emocionada, espera.
Sabía, como buen profesional de la política, que las palabras mayores en un proceso interno como el que vivía su partido sólo las podría pronunciar el presidente del PRI.
Nadie más.
Por eso desde que recibió el llamado de entrevistarse con Camacho estuvo intranquilo, esperanzado, lleno de preguntas sin respuestas.
Así llegó al CEN del PRI.
Así se anunció.
Así fue hecho pasar a la antesala.
Estaba ahí, revisando sus encuestas, cuando vio salir a Pepe Chedraui.
Doger se puso de pie y en el saludo se enteró de todo:
-¿Qué pasó, mi querido Pepe?
-Hola, mi querido Enrique.
-¿Qué te dijo el presidente?
-Que no soy yo.
En ese momento alguien le pidió a Doger que pasara al privado.
El ritmo del corazón se aceleró como en el preludio del orgasmo.
“Si no es Pepe entonces soy yo”, pensó seguramente mientras entraba y saludaba a César Camacho.
“No veo a Agüera. Soy yo”, habrá imaginado.
Camacho lo saludó cortés.
Un Doger emocionado se sentó ante él.
El líder del PRI empezó a hablar:
-Fíjate diputado que vimos tus números y son buenos. Tu intención del voto es buena. Tienes buen conocimiento. Buena imagen. Pero tus negativos van a la alza…
Doger quiso hablar de que sus encuestas lo ponían como el mejor aspirante a la Presidencia Municipal de Puebla, pero Camacho siguió hablando:
“Nuestro amigo Enrique Agüera está mejor posicionado que tú. Sus números son mejores. Y tiene pocos negativos”.
-¡Ve mis encuestas, presidente! ¡Ve mis números!
-No necesito ver nada, Enrique. La decisión está tomada.
Doger no pudo más y estalló:
“Pues te voy a decir lo mismo que le dije en esta oficina a Beatriz Paredes en 2010 cuando me dijo que Javier López Zavala era el candidato: con Agüera vamos a perder”.
Camacho le agradeció el comentario, le agradeció que acudiera a su oficina, le agradeció los minutos de atención.
-Es todo, Enrique. Sólo espero que no haya ninguna traición.
Enrique Doger, sí, salió dando un portazo.
***Este lunes, el diputado Doger iniciará abiertamente lo que este domingo ya adelantó en su cuenta de Twitter: la descalificación de Enrique Agüera como candidato del PRI.
Irá con todo, jura, pese a “las amenazas que el delegado Fernando Moreno Peña me escupió”.
