Mario Marín García impulsa proyecto de Edgar Salomón
Edgar Salomón llegó a El Desafuero –que crece todos los días inevitablemente- con tres chicas.
Una se sentó con él.
Las otras ocuparon una mesa intermedia.
El ex diputado (o diputado con medio fuero) se puso a echar novio con la chica elegida mientras las otras terminaron comiendo lo que Dios les dio a entender.
Antes de sentarse a comer sus oficios sin beneficios, el diputado (o ex diputado) mareó a la chica elegida con sus sueños turcos: “un día seré gobernador del estado”.
Antes, faltaba más, saludó a Armando Guerrero, titular del Instituto Estatal Electoral o Instituto Electoral del Estado -o IEE- con el consabido y muy celebrado y siempre apreciado “¡mi presidentazo!”.
En efecto: el presidantazo del IEE estaba más solo que un whisky sin soda en la mesa de Víctor Gabriel Chedraui.
(Cosa curiosa: el ex presidentazo del Congreso del Estado fue mismamente el que generó el consenso (eso jura y perjura) para que el hoy presidentazo del IEE llegara a la posición que hoy felizmente ocupa).
(O ni tan feliz: pues estar más solo que un whisky sin soda en la mesa de Víctor Gabriel no es ninguna gracia).
Por cierto: hace unos días el hoy diputado con medio fuero se fue a comer a La Noria con Mario Marín García (quien se casará en agosto en Viena, Austria).
El tema no podría ser otro: la prestación de servicios (money, chavitos, lana, morralla) para que el ex presidentazo del Congreso (y hoy diputado con medio fuero) se haga de la presidencia municipal de San Martín Texmelucan y se convierta, faltaba menos, en el Presidentazo de ese “pinche pueblo bicicletero”, como lo calificaron quienes ya se aprestan a descabezarlo.
Faltaba más, sí, pero faltaba menos.
Agüera y el PRI. La crónica del registro de Enrique Agüera se puede medir como se mide un vaso de agua.
Un vaso de agua medio lleno: hubo un chingo de gente (los optimistas juran que 40 mil) y no hubo acarreado alguno.
Un vaso de agua medio vacío: hubo puro acarreado (los pesimistas juran que 200) y nadie fue por su voluntad.
Lo cierto, lo real, lo inevitable, es que el ex rector de la BUAP se quedó con la chica (es decir: con la grande) y dejó en el abatimiento total a quienes ya se hacía ilusiones para los temas de la obra pública, las asesorías y los diseños geniales de la ingeniería administrativa.
(Ya será pa’lotra).
El caso es que Enrique Agüera logró convocar a todos los aspirantes, salvo Doger, y mostró un músculo que, juran los enterados, no se veía desde Melquíades Morales.
El Partidazo, sí, está de regreso.
Faltaba menos.
Pero faltaba más.
