Fernando Morales y Zavala le quedaron mal a EPN en Puebla
Puebla fue la séptima entidad que le dio más votos a Enrique Peña Nieto y esa situación lleva a que tres corrientes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se disputen la autoría de ese resultado. Sin embargo, de las cabezas de grupos que operaron en el estado, solamente Alejandro Armenta Mier fue quien logró tener el mayor acercamiento con el candidato presidencial, a tal grado que el viernes anterior a los comicios recibió la orden personal y directa del mexiquense: “¡Contengan la votación!”.
Sin duda alguna los priistas poblanos que mejor quedarán colocados en el nuevo gobierno son Jorge Estefan Chidiac y José Antonio López Malo, por haber sido los encargados del manejo financiero del PRI en todo el país; junto con Guillermo Deloya Cobián, quien era el responsable de procesar las peticiones y cartas que le entregaban a Peña Nieto.
Para el caso de quienes operaron directamente en la entidad, quienes salen mal parados son sin duda el presidente estatal del partido, Fernando Morales Martínez, de quien siempre pesó la sospecha de que iba a trabajar para los intereses del gobernador Rafael Moreno Valle y en contra de varios candidatos a diputados y senadores del partido.
En ese sentido, el PRI estatal tendría que explicar por qué la tarde del domingo hubo una importante compra de votos que favoreció al Partido Acción Nacional (PAN), principalmente en la capital, y se hizo con una parte de la estructura del tricolor.
Y al final, esa operación ayudó a que el panista Javier Lozano Alarcón vaya a ser senador, lo cual confirma que había mucho de verdad en la denuncia que días antes de la elección hizo el priista serrano Víctor Díaz Palacios de que Fernando Morales, utilizando recursos del PRI, contribuiría a elevar la votación del ex titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.
Otro que entrega un mal resultado, aunque está buscando ganar el espacio mediático para sostener que fue el artífice de la victoria, es Javier López Zavala, quien destacó por haber presumido que se había hecho una promoción del voto en el estado que garantizaba una respuesta de más o menos un millón de sufragios, y al final, esta estimación fue mera fantasía, ya que no se rebasó los 850 mil votos.
Es la segunda vez que a López Zavala no le salen los cálculos. La primera fue en 2010 cuando presumió que llegaría al millón de votos y se quedó lejos de esa cifra, lo cual provocó su derrota como aspirante a gobernador.
Quien si cumplió con creces fue Alejandro Armenta, quien sin contar con recursos económicos suficiente y ya no tener el respaldo del grupo marinista, construyó una estructura paralela a la del PRI y contribuyó a 50 por ciento de la movilización electoral de 1 de julio.
Una parte fundamental que hizo Armenta fue buscar retener o regresar a la campaña del PRI a grupos que estaban alejados del tricolor, lo cual es un esfuerzo destacado pues tuvo que remar contracorriente, ya que el grueso de los operadores del tricolor, sobre todo en los distritos de la zona metropolitana de la ciudad de Puebla, fueron cooptados para trabajar a favor del Partido Nueva Alianza (Panal) y del PAN.
Ese trabajo le permitió tener un importante acercamiento con Enrique Peña Nieto y ser el último en recibir del candidato una instrucción específica para Puebla.
El viernes anterior a la elección, antes de que Peña Nieto tuviera una reunión con las organizaciones internacionales que hicieron trabajo de observación electoral, en un hotel de la ciudad de México, la coordinadora de la Cuarta Circunscripción del Partido Revolucionario Institucional, Gina Trujillo, citó a Armenta en un salón a donde de manera sorpresiva llegó el candidato.
Peña Nieto le comentó al priista poblano que sabía de su trabajo y le encomendaba “¡Contener el voto!”, es decir, evitar que se perdieran sufragios y mantener el índice de participación a favor del PRI que se tenía de los últimos procesos electorales.
Esa instrucción era una muestra de que en el PRI sabían que en Puebla el partido iba a perder y por tanto, se buscaba mantener el voto duro, lo cual se consiguió, ya que al final el tricolor se quedó en una cifra cercana de sufragios a la que tuvo en la elección federal de 2009 y la local de 2010.
Dicho resultado seguramente le permitirá a Armenta ser de los pocos priistas poblanos que accederán a una posición en el siguiente gobierno federal.
Aunque más relevante resulta preguntarse: ¿Cuál es el futuro inmediato del PRI poblano?
Sí Enrique Peña Nieto no le quita el control del partido a quienes actualmente lo manejan, hay todas las condiciones para que esta fuerza política entre en un proceso de “balcanización”, es decir, que cada grupo haga su feudo y nadie pueda generar una cohesión entre los priistas.
A lo largo de la campaña electoral reciente no se percibió una figura que tomara el liderazgo, la defensa y el control total del PRI.
La situación en mucho se salvó por la imagen fresca y positiva de las candidatas al Senado, Blanca Alcalá Ruiz y Lucero Saldaña, y por el trabajo en las bases de Armenta. Junto con la campaña nacional de Peña Nieto. Pero estos cuatro actores ya no estarán presentes en el siguiente proceso electoral, en el cual se renovarán las 217 alcaldías y el Congreso del estado.
Fernando Morales no solamente fue un dirigente ausente y carente de liderazgo, sino que siempre se le consideró como parte de la estructura operativa del grupo político del gobernador Rafael Moreno Valle.
El próximo proceso electoral local inicia en pocos meses y el Partido Revolucionario Institucional poblano sigue en crisis, pese al triunfo del 1 de julio.
