Ana Tere Aranda está enojada porque volvió a perder
Ubicada en el lugar número doce de la lista nacional del PAN al Senado, la ex poderosa guanajuatense avecindada en Puebla está consciente de que no se cumplirá su sueño guajiro y que la derrota, otra vez, será su hogar.
Está enojada.
Faltaba más.
Muy enojada.
Ayer quedó clarísimo durante una conversación telefónica que sostuvo con el columnista Ricardo Morales en la emisión radiofónica del programa “Clase Política”.
Doña Ana Tere se notaba agitada, molesta, iracunda.
Habló, sí, de la debacle de su partido y dijo que el gobernador Rafael Moreno Valle había querido quedar bien con todos (con el PRI, con el PAN, con Elba Esther Gordillo) y que había quedado mal con todos.
Insistió que Moreno Valle le dio la espalda al PAN y que la sociedad está cobrando las facturas.
Y dijo más: que habría que rescatar al PAN y regresar a sus orígenes.
En mal momento Ana Tere habla de la refundación.
Y es que la derrota fue tan severa para Acción Nacional que se antoja difícil una restauración en corto plazo.
El cadáver se está enfriando y empieza a generar olores pútridos.
Lo que no dijo la fallida aspirante al Senado fue que Vicente Fox –su ex jefe en su sexenio- traicionó al PAN y a los panistas.
Tampoco dijo nada sobre la deslealtad de El Yunque, que prefirió los amarres secretos con el priismo y dejó sola a Josefina Vázquez Mota.
Hay que decirlo: el llamado de Ana Tere llega tarde.
Y no lo hizo antes porque estaba muy entretenida disfrutando las delicias de la burocracia dorada y la cercanía, muy redituable a través de su operador Carlos Cobos, con el marinismo y el zavalismo.
Con ellos se la jugó en el 2010, y así le fue.
Hoy otra vez está en la orfandad desde un desempleo que empieza a desesperarla.
Las Alianzas que Tendrá que Hacer Peña Nieto. Al día siguiente de la elección, hubo voces que aseguraron que Enrique Peña Nieto sería un presidente poderosísimo, dueño de un cheque en blanco como pocos presidentes habían tenido en el pasado reciente.
No es así.
También dijeron que su Presidencia no tendría contrapesos y que en consecuencia no necesita a los aliados que tuvo durante la campaña.
En otras palabras, siempre de acuerdo con esas voces, sus aliados eran prescindibles y su destino inmediato sería el bote de la basura.
Tampoco será así.
Peña Nieto, hoy metido en el ojo del huracán lopezobradorista, espera salir limpio del recuento de votos, de la validación de los resultados y de la apertura de poco más de la mitad de los paquetes electorales que serán sometidos al voto por voto.
Si el mar de la incertidumbre no se traga el triunfo priista del 1 de julio y las cosas se recomponen, Peña Nieto tendrá que hacer varias alianzas para que su administración no sufra una embestida brutal.
Una buena salida al conflicto podría ser la que propuso este martes en las páginas de La Jornada la ex perredista Rosa Albina Garavito en el sentido de coordinar con el lopezobradorismo una agenda legislativa que incluya los temas torales que demanda una buena parte de la sociedad mexicana.
Eso implicaría otras alianzas con los gobernadores del país, una vez que la gobernabilidad podría entrar en un hoyo negro.
Y es que hay gobernadores que tendrán importantes grupos de legisladores que podrían ser los aliados del nuevo Presidente en las dos cámaras.
En su columna de ayer publicada en Milenio, Héctor Aguilar Camín hizo reflexiones que valen la pena destacar.
Cito algunos fragmentos: “Puntos más puntos menos, los mexicanos elegimos, otra vez, un gobierno débil. Lo que se conoce como un ‘gobierno dividido’: un Presidente cuya oposición será mayoría en el Congreso.
“Es lo que hemos tenido desde 1997, en los últimos tres años del gobierno de Zedillo, los seis de Fox y los seis de Calderón.
“(…) Con mirar un poco esa pequeña historia, cualquiera puede reconocer al menos uno de sus enigmas. Cómo es posible que presidentes tan distintos como Zedillo, un tecnócrata, Fox, un comunicador, y Calderón, un parlamentario, se hayan tropezado con la misma piedra y arrojado el mismo resultado. ¿Será porque han sido igualmente torpes e incapaces de inducir a sus oposiciones a la colaboración?, ¿tan malos políticos que ni siendo presidentes pudieron obligar o convencer a sus competidores?
“(…) Es lo que elegimos los mexicanos el domingo: un presidente con minoría en el Congreso, un gobierno dividido, débil, como todos los que ha tenido hasta ahora la improductiva democracia mexicana.
“Nos quejamos de esa improductividad pero volvimos a votar por ella”.
Hasta aquí la cita que se cae de anemia.
Las voces que juran que los aliados de la campaña no serán aliados del Presidente están evidentemente equivocadas.
