Error morenovallista atacar a Blanca Alcalá
Un hecho que ha pasado desapercibido, pero es muy significativo, es que después del debate del 31 de mayo entre los candidatos de Puebla al Senado de la República cesaron los constantes ataques y difamaciones que había contra Blanca Alcalá Ruiz, la aspirante del PRI. Ese cambio tiene una clara lectura: Fue un guiño del grupo políticos del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas hacia el candidato presidencial Enrique Peña Nieto.
Al entrarse a la fase final de las campañas electorales, había la suposición de que sería en este tramo en que se daría la mayor intensificación de la guerra sucia contra Blanca Alcalá que estuvo a cargo, principalmente de Víctor Hugo Islas Hernández, el aspirante del Panal al Senado, y de miembros del PAN, con el aval de Casa Aguayo, que es desde donde se ordenaron las ataques contra la priista.
El cese de las hostilidades tiene dos explicaciones:
1. Que hubo un severo error de cálculo de los morenovallistas. Fue tan feroz la campaña contra la ex edil de Puebla –que incluyó insultos y acusarla de poseer lujosas propiedades inmobiliarias de las que ella es ajena–, que esa estrategia resultó contraproducente, pues en lugar de generar una imagen negativa en el electorado, se acabó ayudando a posesionar a la candidata del PRI, sobre todo en el interior del estado que era donde era menos conocida.
Una prueba de ello es que el grueso de los sondeos colocan a Blanca Alcalá a la cabeza de las preferencias electorales, con una diferencia de 8 a 10 puntos, sobre el aspirante de las izquierdas Manuel Bartlett Díaz, quien a su vez mandó al tercer lugar al panista Javier Lozano Alarcón, quien contó con todo el apoyo de los morenovallistas para intentar colocarlo como puntero de la contienda.
2. Que en el afán del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas e acercarse al posible ganador de la contienda electoral, el priista Enrique Peña Nieto, se ordenó frenar la guerra sucia contra Alcalá como una manera de mostrar voluntad de que el grupo político del mandatario quiere ayudar al triunfo del PRI.
Y es que los últimos estudios demoscópicos arrojan una tendencia en la cual Blanca Alcalá lleva amplias posibilidades de ganar en las votaciones del 1 de julio, pero no así Enrique Peña Nieto en todo el estado, luego de que en los índices de preferencias electorales fue rebasado por Andrés Manuel López Obrador, el aspirante de las izquierdas.
Ante ese escenario, se hizo la conveniente lectura de que seguir golpeando la imagen de Blanca Alcalá significaba restarle posibles votos a Enrique Peña Nieto.
La decisión de dejar en paz a Blanca Alcalá hasta el día de los comicios, responde a la imperiosa necesidad de Rafael Moreno Valle Rosas de mostrar afectos, simpatías, adhesiones disimuladas a favor de Enrique Peña Nieto, como una manera de construir una relación positiva y cercana al priista en caso de que sea el próximo presidente de la República, ya que de ello depende la estabilidad de su gobierno en los poco más de cuatro años que le quedan al jefe del Poder Ejecutivo estatal.
Ya que cada mes que pasa se abre una mayor posibilidad para que se genere una ruptura entre Rafael Moreno Valle Rosas y el PAN.
Si esa ruptura se genera, Moreno Valle se quedaría como un gobernador en la orfandad, sin un partido que le de soporte político.
Además de que los panistas han demostrado en los últimos años que no saben gobernar, pero sí saben ser una oposición política devastadora.
Y muchos panistas locales tienen un enorme apetito de revancha contra Moreno Valle Rosas, luego de que éste construyó un gobierno en el cual dejó fuera a los miembros del PAN, además de que ha maltratado y menospreciado a los miembros del albiazul.
Operación electoral
vs. Alcalá
Ahora, el cese de hostilidades contra Blanca Alcalá no debe interpretarse como una reconciliación política entre la candidata al Senado y el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas. Al contrario, el encono del mandatario hacia la ex presidente municipal de la capital sigue vigente.
Los morenovallistas decidieron no seguirla agrediendo como un gesto de buena voluntad hacia la campaña de Enrique Peña Nieto.
Sin embargo se sabe que el mayor problema que enfrentará Blanca Alcalá el día de la elección será el “llamado fuego amigo”, el cual estará a cargos de miembros del PRI, pero alentados por el grupo del gobernador.
Esto es: se sabe que algunos candidatos del PRI a diputados federales, que tienen una relación cercana a Rafael Moreno Valle Rosas, se estarían preparando para generar un voto diferenciado a favor de ellos mismos y de Enrique Peña Nieto, pero en contra de la aspirante al Senado.
Incluso se dice que algunos de esos candidatos estarían buscando que ese voto diferenciado sea a favor de Javier Lozano. Es decir, buscan ayudar al PAN como parte de su estrategia de quedar bien con el jefe del Poder Ejecutivo.
Se tiene la sospecha de que ese comportamiento podría venir de los siguientes candidatos: Filiberto Guevara de Izúcar de Matamoros, José Luis Márquez Martínez de Zacatlán, Guadalupe Vargas de Huauchinango, Enrique Doger Guerrero de Puebla, Jesús Morales Flores de Tepeaca y Josefina García Hernández de Zacapoaxtla.
El problema de fondo es que esa situación la tendría que evitar la cúpula del PRI, pero resulta que existe la sospecha de que el presidente estatal del partido, Fernando Morales Martínez, será el primer interesado en que la estructura priista actué en contra de los candidatos del tricolor que no están dentro de los afectos del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.
Dicho de otra manera: el 1 de julio hay la amenaza de que se desate el canibalismo priista.
