El PRI en Puebla frenó expulsión a traidores
Hace unos días, tras bambalinas, al seno del PRI se vivió un episodio de controversia que puso sobre la mesa la posibilidad de salir en público para anunciar el inicio de un proceso de expulsión de todos aquellos militantes tricolores que decidieron jugar por un partido diferente en estas elecciones.
En el contexto de la visita que hicieran Pedro Joaquín Coldwell y Miguel Ángel Osorio Chong a la capital del estado, aquel inolvidable viernes 11 de mayo, algunos de los candidatos que postula la alianza PRI-Verde metieron presión para tratar de incluir el tema en la agenda inmediata del partido.
Sin más, querían que el presidente Fernando Morales Martínez diera una conferencia de prensa al siguiente lunes para llamar a guillotina a sus (ex) compañeros, y ahí, frente a los representantes de los medios de comunicación, cortarles la cabeza.
La iniciativa, que fue impulsada entre otros por Enrique Doger Guerrero, gozaba de la aceptación de no pocos abanderados y estuvo cerca, muy cerca, de ponerse en marcha.
Qué sucedió entonces.
Que unos cuantos personajes pensantes intervinieron para hacer ver a los rijosos la inconveniencia de lanzar un ataque de esas características, en las actuales condiciones.
Primero, porque los misiles irían dirigidos principalmente al Partido Nueva Alianza, que recogió una buena cantidad de priistas para hacerlos candidatos; y segundo, porque resultaba innecesario emprender una expulsión que en los hechos ya se ha dado.
Veamos.
Confrontar a los abanderados del partido político que se ubica en el último lugar de la intención de voto resultaba una tremenda ociosidad.
Luchar con ellos, tendiendo de frente a peleadores profesionales como Víctor Hugo Islas, por citar tan sólo uno de los casos, poco productivo.
Esa fue una de las razones que llevaron a los inquietos priistas a retirarse del intento.
La otra fue el tema que se encuentra inscrito en el artículo 63 de los estatutos de su partido.
Para qué comenzar un proceso de expulsión cuando éste no es necesario, cuando, según ese artículo, los priistas que hoy mismo contienden por un partido distinto al PRI, han dejado de ser militantes.
Bueno, ya ni priistas son.
Ahora son ex priistas.
Me explico.
El artículo 63 de los estatutos tricolores, correspondiente al capítulo de las Obligaciones Partidarias, es claro en este sentido.
Asienta que "Pierde su militancia quien", entre otras cosas, "Ingrese a otro partido político", y/o "Acepte ser postulado como candidato por otro partido, salvo en el caso de las coaliciones o alianzas previstas en los presentes Estatutos".
Como el PRI sólo va en alianza con el Partido Verde, la postulación por la vía de cualquier otro instituto político lleva a la pérdida inmediata de la militancia.
Qué significa eso.
Pues que políticos como Islas, como Enoé González, como Luis Alberto Arriaga, como Darío Carmona, como Marcela Jiménez, como Francisco Covarrubias, de Nueva Alianza, y otros como Manuel Bartlett y Alejandro Oaxaca, del Movimiento Progresista, ya no son priistas.
Así de sencillo.
Por eso también era innecesaria la confrontación.
En el PRI lo entendieron y le dieron la vuelta a la hoja.
