Buscan transplantar rostro, orejas, huesos y pelo a un hombre en España
Qué historia cuenta El Mundo, de España, de esas que espantan y al mismo tiempo inspiran. “Sólo el trasplante más complejo de la Historia salvará a Luis Casaramona”. Espera un donante para “obrar un hito médico”. Su médico es el catalán Joan Pere Barret, quien ha dicho al citado diario que “nunca se ha hecho algo así”.
¿Qué es lo que ese doctor espera hacer con su paciente? “Una transferencia de rostro, orejas, huesos, pelo... de todo lo externo a partir de la base del cuello hacía arriba”.
La encargada de trasplantes del hospital le dijo al doctor Barret cuando este describió el caso: “No busca un rostro, quiere una cabeza entera”.
Y es que, como afirma El Mundo “simplificando”, de la testa de Luis sólo quedarán ojos, cerebro, ciertas conexiones nerviosas y el cráneo sin mandíbula superior e inferior.
La familia apoya al paciente, no podía ser de otra manera. Pero esperan al donante, su única oportunidad: “Año nuevo. Cara nueva. Su utopía”, dice El Mundo.
Luis Casaramona tiene 44 años de edad y una hija de 11, Frida. Un mal que se expande le ha hecho perder el rostro: “Sufre una malformación arteriovenosa de alto flujo que hace que las vías sanguíneas se expandan hasta llegar a duplicar, triplicar e incluso quintuplicar su tamaño. Por eso de repente tiene sangrados en la cara. Chorros que pueden hacer que su mujer se despierte en medio de un charco rojo en la almohada. Ella, ojos grandes y oscuros, piel india, mexicana, le sujeta la mano. No se la suelta nunca. Es su otro pilar. Se llama Serena”.
El médico, precisa El Mundo, aclara que la operación no es estética. “Se hará para salvarle. Su mal actúa como un tumor y como tal se ha de actuar. Se hace para curarle”.
Como el mal se ubica en la cabeza y el cuello, de ahí “se retirará todo lo que sea susceptible de estar enfermo”.
Todos los vasos circulatorios de su cabeza y cuello parecen estar afectados: “Algunos parecen tener el ancho de un dedo meñique”.
Antes, dice el citado diario, “Luis era un hombre atractivo... Nariz perfilada, pícaro sonreír”. Pero si todo le sale bien, perfectamente, no volverá a ser el mismo. No le importa.
El rostro es lo de menos. Él lo que quiere es ver crecer a su hija, dice en entrevista. Y quiere también: “volver a caminar por la calle. Que no me miren como a un monstruo”.
Todo está en las manos del doctor Barret, “autor del primer trasplante completo de cara del mundo”, al que asistirán 50 especialistas.
Licenciado en derecho, de joven trabajó en los mercados de valores. Los primeros síntomas le aparecieron a los 24 años de edad: “Hasta ese momento sólo tenía una pequeña molestia en la boca. Como si tuviera la punta de la lengua quemada por un café. Pero ni me dolía. Ni me fijé. Estaba de vacaciones en Granada, era 1993, y mi lengua comenzó a sangrar y sangrar. Fui a urgencias. Me pararon la hemorragia. Sabía que no era normal y comencé a buscar qué tenía”.
Los sangrados se hicieron más extremos narra el redactor de El Mundo: “Los padecía en plena oficina, atendiendo a clientes. Le convenció un médico que dijo que debía acabar con esa mancha con láser. Craso error. Eso potenció el mal. La cura con láser destruyó la mucosas, una de las pocas barreras que existía para contener lo que vendría”.
Lo ha intentado todo para curarse. Como la embolización en 1994, “es decir, disminuir o eliminar el flujo arterial en la zona afectada”.
Pero eso contuvo el mal: “Mi boca era un grifo arterial. El método para contenerlo era poner gasas presionando hasta que se detenía. Pasé tres veces por quirófano. Cada embolización me costó un millón de pesetas. Me hicieron tres. Comenzó su peregrinar. Fue por todos los médicos de Barcelona. De allí a la Clínica Universitaria de Navarra. A Madrid, al Hospital Universitario La Paz y a la Fundación Jiménez Díaz. Pasó por París y Estados Unidos”, a la Clínica Mayo. Y nada.
A los 28 años de edad, por invalidez absoluta, lo jubilaron. Pero había gastado todos sus ahorros intentado curarse.
Por eso va ahora a arriesgarlo todo en una nueva operación de alto riesgo: “De salir bien, me permitirá recuperar mi vida. Y si muero, al menos luchando”.
Enfermo, después de que en uno de tantos hospitales le habían reconstruido la lengua y falsamente convencido de que estaba curado, en un chat de internmet conoció a una mexicana, Serena: “Y apareció ella. Cuando llegaba a casa por la noche me conectaba. Le fui contando que estaba muy enfermo. Me daba consejos...”.
El médico explica la operación a El Mundo: “Debemos enfrentarnos a un magma de vasos, tanto en el donante como en el receptor. Se colocan nervios, huesos y músculos. La piel es lo último... Debemos ser cuidadosos y no podemos dejar ni un vaso enfermo, pues nada de esto tendría sentido.
“Una cirugía sin precedentes”, la califica El Mundo. Una cirugía riesgosa pero él está desesperado.
Uno de los peores momentos de su vida fue regresando de París a Barcelona con su novia: “Era una cabina con literas donde dormíamos los dos. Nunca sangré así. Manché las sábanas, las paredes, el suelo. Ella gritaba. Apretó el freno de emergencia. Estábamos a la altura de Lyon. Me estaba ahogando con mi propia sangre. Llegaron los bomberos. Perdí la consciencia... Estuve hospitalizado tres o cuatro días. No me querían dar el alta. Decidí escaparme. Si iba a morir que fuera cerca de los míos. En un descuido de las enfermeras me vestí y cogí un taxi. La novia se había ido al primer día.
Cuando la enfermedad agravó, “lo único que tenía era a Serena y estaba lejos. Era una amistad sincera. Podíamos escribirnos mensajes de tres folios. Una maravillosa relación epistolar. Y un día le dijo: “Sólo tengo un sueño. Antes de morirme conocerte”. Y Serena apareció. Y ahí sigue.
Es una historia de amor. Dice Luis: “Los malpensados creían que lo hacía por la ciudadanía. No la conocían. Cuando llegó le dije: ‘Cuánto tiempo perdido’. Dejó todo lo que tenía en México y se mudó conmigo”.
El Mundo cree en esa historia de amor: “Ella les probó a los incrédulos que ese amor era auténtico. Hoy, contable del Grupo Pepe Jeans (que engloba marcas como Tommy Hilfiger, Hackett y Calvin Klein), continúa allí. Sin duda gana ahora más que él con su pensión. Viven en un piso cómodo, con vista a un parque. La luz ilumina el rostro de Luis. El de Frida. El de Serena. Esperanza y belleza”.
La hija, Frida, nació en 2002. Y la enfermedad se complicó en esas fechas. Más sangrados graves. “Seis meses con sonda nasogástrica. Las primeras varices en el rostro”.
Pero no se dieron por vencidos: “Mi fisonomía cambia. Pero nuestros planes continuaron. Celebramos la boda religiosa en 2003”.
A partir de ahí, numerosos tratamientos experimentales que no detuvieron la deformidad. Inclusive “probaron con él un medicamento polémico, la Talidomina”. Le fue peor.
Cuando visitó al doctor Barrete, “ya mundialmente famoso por realizar el primer trasplante completo de cara”, el médico le dijo que no le podía ayudar
Era el Verano 2011: “La quimioterapia era la siguiente alternativa. Paraba las hemorragias con hielo. Con enormes cantidades. En septiembre de 2011, se pasaría a la radioterapia. Un paso irreversible”.
Pero “Una llamada del doctor Barret paralizó el proceso. Le explicó que la única solución era el trasplante completo de cara, cuello, pelo, maxilares inferior y superior... Lo nunca hecho. Le explicaron que había un riesgo altísimo, pero que valía la pena”.
Puede morir en el más complejo trasplante de la historia. Pero no le importa: “Algo tengo que hacer”.
Los donantes no abundan. Por eso Serena, la esposa mexicana, “suplica porque aparezca un ser generoso que permita salvar a Luis”.
