2 de octubre, ”las buenas ideas nunca mueren”
Marcelino Perelló y José Elías Romero Apis, en un tête à tête en torno al movimiento estudiantil, dijeron tener “piezas de un rompecabezas”, a partir de las cuales afirman que hace 45 años el Estado mexicano sufrió un cisma, que se agravó por la movilización de universitarios; que Luis Echeverría, como secretario de Gobernación, auspició la represión contra los jóvenes y conspiró en contra del presidente Díaz Ordaz, porque no estaba en su lista para sucederlo dos años más tarde.
El proyecto Socialismo con Rostro Humano floreció en enero de 1968, al inicio de la Primavera de Praga. Marcelino Perelló entonces llevaba años de ser comunista, agitador estudiantil y tenía 23 de edad. En esa misma fecha, José Elías Romero Apis, priista de cuna, entró a la UNAM a estudiar leyes, iba en camino a los 20 y trabajaba en una dependencia del gobierno.
Durante el movimiento estudiantil de 1968 —que se inició el 26 de julio de ese año olímpico y llegó a su clímax 68 días después, el 2 de octubre con la matanza de Tlatelolco—, Perelló estuvo dentro, fue uno de los líderes más visibles del Consejo Nacional de Huelga, se jugó el pellejo.
Romero Apis fue un testigo de esa época, con algún episodio personal con cierta descarga de adrenalina, cuando en una razzia a bordo de una julia fue llevado a la cárcel por la policía junto con un amigo, acusados por la policía de ser “comunistas” cuando paseaba por el centro de la Ciudad de México.
El hecho de que cada uno estuviera en polos distintos dentro del mismo campus inhibió que ambos estudiantes, como muchos otros, se conocieran en aquel histórico episodio de la vida del país.
El caso está lleno de enigmas. A partir de la información que conozco, siempre he tenido la idea de que una de las víctimas del 68 fue Corona del Rosal.”
Definitivamente si algo pesó a favor de Echeverría fue el 68. ¿Quién movió la cuna en 68? Hay quien dice que fue Martínez Manatou, otros que Echeverría. A final de cuentas Echeverría fue el beneficiado.”
Después, Díaz Ordaz le tomó cierta confianza a Echeverría, era muy disciplinado, no salía de la oficina; y cuando Díaz Ordaz es Presidente, hace a Echeverría su secretario de Gobernación.” José Elías Romero Apis, jurista
Cuarenta y cinco años después, frente a frente por primera vez, Perelló y Romero Apis dicen que sobre el 68 tienen “piezas de un rompecabezas” que aún no termina de armarse, porque los principales protagonistas gubernamentales de esta historia, Gustavo Díaz Ordaz como Presidente y Luis Echeverría como secretario de Gobernación, decidieron callar, postergando la verdad de los hechos.
Para ellos, el movimiento del 68 se puede dividir en dos: el movimiento público estudiantil, popular, social, del que prácticamente se sabe todo, y el movimiento oscuro en los entretelones del poder, del que prácticamente nadie sabe nada.
Las “piezas” a las que se refirieron los ex estudiantes universitarios tienen que ver con que en 1968 el Estado mexicano (monolítico, ciento por ciento priista) sufrió un cisma que, afirmaron, se convirtió en una provocación que facilitó, abonó y estimuló al movimiento estudiantil. Y al final, éste, con su intransigencia revolucionaria, terminó por agravar esa fractura.
Ese cisma, coinciden ambos, se produjo como parte del escenario de la disputa para suceder al presidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970). Los aspirantes a ser el tapado —paso automático para llegar a la Presidencia en la antigua cultura política priista, donde las elecciones no importaban— eran Alfonso Corona del Rosal, regente del Distrito Federal; Emilio Martínez Manatou, secretario de la Presidencia, y Echeverría, encargado de la política interior con el control de la policía política y el Estado Mayor Presidencial, que al final llegó a Los Pinos.
En 1968 los jóvenes de México salieron a las calles para pedir un país mejor ¿lo lograron? El 2 de octubre de ese año, fueron masacrados en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, pero bien dicen que "las buenas ideas nunca mueren".
