Javier Lozano Alarcón quiere ser presidente de México
Los huevos de guajolota (cócona o pava) equivalen en tamaño y peso a dos o tres de gallina. Tienen una cáscara más resistente y se acoplan mejor a la mano de quien decida convertirlo en bombas.
El año pasado, la Sierra Norte de Puebla se convirtió en un extenso sitio de colecta de esas armas cuya capacidad de daño se incrementó dejándolos podrir. El blanco del ataque planeado era uno y sólo uno: Javier Lozano Alarcón.
–¡Chingas a tu madre! ¡Feliz día del padre, pinche bastardo!– bullía centenar y medio de electricistas apenas lo encontraron.
Era 17 de junio de 2012 y estaba confirmado que Lozano había cometido la imprudencia de meterse a territorio electricista. Los obreros cesados tenían, finalmente, acorralado a quien consideraban responsable de su desempleo.
A pocos metros, dentro del salón de fiestas Princess del pueblo de Xicotepec, Javier Lozano se mantenía guarecido con unos 50 panistas que acudieron a su acto de campaña en busca de la senaduría.
–¡Lo-zano es no votar por este fulano!– coreaban los inconformes convertidos en una marea que amenazaba con romper el dique del saloncito de reuniones sociales. A pocos metros del lugar, los electricistas descubrieron la camioneta en que viajaba el calderonista, una Escalade negra donde tres guardaespaldas se mostraban cada vez más intranquilos.
En el interior del vehículo había fusiles de asalto. La gente rodeó el auto al que dirigió una primera carga de huevos acompañados de jitomates y propaganda del Partido del Trabajo y se asomaron al interior.
–¡Traen armas!– advirtió alguien. El bombardeo había sido acordado por la dirigencia del Sindicato Mexicano de Electricistas apenas se supo que Lozano iría por una senaduría de mayoría en Puebla, residencia de la más vieja planta hidroeléctrica en funcionamiento en México.
Así que había un vasto contingente de trabajadores enfurecidos por la liquidación de Luz y Fuerza del Centro dispuestos a lanzar los huevos podridos de guajolota al Secretario del Trabajo durante la extinción de la empresa pública. El SME retaba a Lozano a hacer campaña en la Sierra Norte de Puebla.
Lozano respondía en tono similar. El candidato se envalentonó y tomó camino al bosque. Se consideró hacer el evento abierto, dar la cara, enfrentar. Se pensó en el jardín municipal de Xicotepec o en una canchita deportiva de sus alrededores. Y así fue como el Día del Padre del año pasado Lozano se escurrió al corazón del bastión electricista.
El ambiente estaba cargado y el equipo de seguridad de Lozano optó por la prudencia, pero no lo suficiente.
–¡Lozano, el pueblo te saluda!– y a continuación la tonadilla chiflada de cinco tonos. La Policía Estatal llegó y algunos exigieron que se detuviera a los guardaespaldas y se incautara la camioneta y los dos rifles de asalto AR15 –de uso exclusivo del ejército– que en ella se transportaban. “Esta fue una distracción”, cuenta la periodista Leticia Ánimas, presente en el lugar.
“Dentro del salón de fiestas, los pocos panistas que había colocaron una escalera sobre una silla de plástico que acercaron a una ventana por la que Lozano salió y brincó hacia un cafetal que había atrás. Y corrió
–Lozano es un corredor–, suponemos que a un vehículo de la Policía Estatal que lo rescató”.
