Cárteles mexicanos invaden Estados Unidos
La intrusión militar perpetrada por Francisco Villa hace casi un siglo a Estados Unidos, considerado entonces –y hasta ahora– por ese país como un bandido, es un grano de arena en la playa ocupada por el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera.
Esta vez, la invasión es por tierra y bajo tierra, por aire, por mar y debajo del mar. Y venas, pulmones y cerebros.
La conquista en curso es una guerra particular, porque ocurre en una sola dirección, pero mantiene varios frentes entre quienes invaden el país aún más poderoso del mundo.
Junto con “El Chapo”, la ocupación ha sido dirigida por Heriberto Lazcano, líder abatido de los Zetas; Osiel Cárdenas, jefe extraditado del Cártel del Golfo; los Beltrán Leyva, con uno de sus líderes muerto; los Carrillo Fuentes, aún después de fallecido su primer cabecilla, “El Señor de los Cielos”, y Nazario Moreno, fundador de la Familia Michoacana e inspiración de Los Caballeros Templarios, supuestamente vivo y supuestamente muerto.
El revolucionario Pancho Villa apenas tocó Columbus, Nuevo México, y volvió hacia México para refugiarse en la Sierra Madre Occidental. Los cárteles mexicanos operan en más de un millar de ciudades en todas las regiones de Estados Unidos al menos desde 2008 y son, principalmente el de Sinaloa, imbatibles en los próximos años.
Todo se desprende del informe confidencial “Ciudades en las que las organizaciones mexicanas de tráfico de drogas operan dentro de los Estados Unidos” y del que este medio posee copia.
El diagnóstico es elaborado por el Centro de Inteligencia Nacional contra las Drogas –National Drug Intelligence Center (NDIC) – y este evalúa, “con gran confianza”, que las organizaciones mexicanas operan al menos en mil 286 ciudades en las nueve regiones divisorias de EU para efectos de la Fuerza de Tarea y Aplicación Contra las Drogas del Crimen Organizado, otra multiagencia de seguridad.
Sin Embargo MX posee este documento de carácter confidencial.
En por lo menos 150 de estas ciudades, según el reporte fechado en 2010, la actividad del narco mexicano estuvo vinculada con al menos una de sus principales organizaciones.
