Día Internacional del Café: un brindis global por el grano que despierta al mundo
El Día Internacional del Café se celebra cada 1 de octubre para reconocer la historia, cultura y valor económico de una bebida que conecta a millones de personas. México y Puebla destacan por su producción de café de altura
El Día Internacional del Café se celebra cada 1 de octubre
- En México se introdujo en el siglo XVIII, principalmente por Veracruz, y con el tiempo se adaptó a las sierras del sur y el centro del país
Cada 1 de octubre el planeta se une en una celebración aromática: el Día Internacional del Café. Desde 2015, la Organización Internacional del Café (OIC) unificó las distintas fechas nacionales en esta jornada para homenajear no solo la bebida más popular después del agua, sino a los millones de productores que la hacen posible.
Coincide con el inicio de la temporada de cosecha en muchos países y sirve para reflexionar sobre sostenibilidad, comercio justo y el impacto económico y cultural de este grano. Hoy, en pleno 2026, es el momento ideal para levantar la taza y conocer un poco más su historia y su lugar en México.
Una historia que empieza con cabras inquietas
La leyenda más difundida sitúa el descubrimiento del café en las tierras altas de Etiopía. Un pastor llamado Kaldi habría notado que sus cabras se volvían inusualmente enérgicas después de comer ciertos frutos rojos. Aunque la anécdota es más tradición oral que hecho documentado, lo cierto es que la planta Coffea crecía silvestre en esa región africana.
Desde allí pasó a la península arábiga. En Yemen, a partir del siglo XV, se cultivó de forma sistemática y se preparó como bebida. Los cafés públicos se convirtieron en centros de reunión, debate y comercio. En el siglo XVII llegó a Europa, donde primero generó sospechas y después pasión: se abrieron cafeterías que impulsaron la vida intelectual.
A América llegó más tarde; en México se introdujo en el siglo XVIII, principalmente por Veracruz, y con el tiempo se adaptó a las sierras del sur y el centro del país.
El café en México: motor económico y cultura de altura
México se mantiene cada año entre los principales productores mundiales (alrededor del noveno al decimotercer lugar, según diversas fuentes). La producción nacional de café cereza supera el millón de toneladas, cultivado en más de 650-700 mil hectáreas. Chiapas, Veracruz y Puebla concentran más del 80 % del volumen. El cultivo genera empleo e ingresos para cientos de miles de familias (se habla de alrededor de 500 mil productores, la mayoría pequeños productores con menos de cinco hectáreas) y forma parte importante del valor agroindustrial.
El 85-90 % de lo que se produce es café arábica, de mejor calidad y mayor valor en el mercado internacional. México también destaca en café orgánico y de comercio justo. Las exportaciones (principalmente a Estados Unidos, pero también a Europa y Asia) generan cientos de millones de dólares. Más allá de las cifras, el café es identidad: desde el desayuno hasta la sobremesa, forma parte del ritmo diario de millones de mexicanos.
Puebla: sierras que producen café de calidad
Puebla ocupa el tercer lugar nacional en volumen y suele liderar en productividad por hectárea (más de 3 toneladas por hectárea en algunos años recientes, muy por encima del promedio nacional). Se cultiva principalmente en tres regiones:
Sierra Norte** (Xicotepec, Huauchinango, Pahuatlán, Zihuateutla, Tlacuilotepec y alrededores).
Sierra Nororiental** (Cuetzalan, Hueytamalco, Huitzilan de Serdán).
Sierra Negra**.
Las altitudes van de los 700 a los mil 800 metros sobre el nivel del mar, con climas húmedos, neblina y suelos ricos que favorecen el café de altura. La variedad dominante es la arábica (cafés suaves), con cultivares como Typica o Criollo, Bourbon, Caturra, Catimor, Garnica y algunos híbridos. Hay también una producción menor de robusta. Los perfiles suelen ser equilibrados, con notas a frutas maduras, cacao, nueces, miel o cítricos suaves, y buen cuerpo. Muchas fincas trabajan bajo sombra y con prácticas orgánicas, especialmente en zonas como Cuetzalan.
Cómo disfrutarlo: de lo clásico a lo contemporáneo
Las formas de prepararlo son casi tan variadas como los orígenes. Entre las más comunes:
Espresso: base de casi todo en cafetería. Intenso, con crema, se prepara con presión.
Americano: espresso alargado con agua caliente.
Cappuccino y latte: espresso con leche texturizada (más espuma en el primero, más leche en el segundo).
Café filtrado o de goteo (V60, Chemex o cafetera eléctrica): limpio y aromático.
Prensa francesa: inmersión, cuerpo más pesado y aceites.
Moka o cafetera italiana: fuerte y clásica de casa.
Café de olla: el tradicional mexicano, hervido con piloncillo y canela.
Cold brew: infusionado en frío durante horas, suave y poco ácido.
Cada método resalta distintos matices del grano. La clave siempre está en la frescura, la molienda adecuada y el agua de calidad.
Beneficios y precauciones: el equilibrio es la clave
El consumo moderado (alrededor de 3 a 5 tazas al día, o hasta unos 400 mg de cafeína para la mayoría de adultos sanos) se asocia en múltiples estudios con menor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad de Parkinson, problemas hepáticos (incluida la cirrosis), algunos tipos de cáncer y mortalidad general. También aporta antioxidantes, mejora el estado de alerta y puede favorecer el estado de ánimo.
No todo es positivo.
El exceso puede provocar ansiedad, insomnio, taquicardia o empeorar el reflujo. El café sin filtrar (prensa francesa, por ejemplo) puede elevar ligeramente el colesterol en algunas personas. Durante el embarazo se recomienda limitar la cafeína (generalmente a 200 mg diarios). Quienes tienen sensibilidad a la cafeína, problemas de sueño o ciertas condiciones digestivas deben moderar o consultar a un profesional.
En resumen, el café bien disfrutado y en su justa medida suele ser un aliado más que un enemigo.
Así que este 1 de octubre, o cualquier día del año, tómate un momento para saborear tu taza. Detrás de cada sorbo hay historia, paisaje, trabajo de miles de manos y una bebida que lleva siglos conectando personas. ¡Salud… y buen café!


