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Amenazas de bomba obligan a desviar decenas de vuelos en Europa; investigan su origen

Aunque no se encontraron explosivos, las autoridades investigan una serie de incidentes que encendió las preocupaciones sobre la seguridad aérea

Foto: Wolfgang Weiser / pexels

Foto: Wolfgang Weiser / pexels

Una serie de amenazas de bomba contra aviones comerciales provocó importantes alteraciones en el tráfico aéreo europeo durante los primeros días de noviembre. Los avisos obligaron a desviar aeronaves, activar protocolos de emergencia y desplegar aviones militares para escoltar algunos vuelos, mientras las autoridades investigan quién está detrás de los incidentes.

El episodio más reciente ocurrió el jueves 5 de noviembre, cuando más de una docena de vuelos recibieron amenazas de posibles artefactos explosivos. Las alertas involucraron rutas que conectaban ciudades como Copenhague, Dublín, Helsinki, Madrid, Milán y Varsovia.

De acuerdo con los reportes oficiales recopilados durante la jornada, algunas aeronaves tuvieron que aterrizar en aeropuertos distintos a los previstos, mientras otras recibieron escolta de aviones de combate. Las inspecciones realizadas hasta el momento no encontraron materiales peligrosos ni dispositivos explosivos.

Uno de los casos más relevantes involucró a un avión Airbus A320 de la aerolínea Aer Lingus, que cubría la ruta entre Dublín, Irlanda, y Roma, Italia. La aeronave fue desviada hacia la base aérea militar de Évreux, en Francia, después de recibirse una amenaza.

Los 151 pasajeros y seis integrantes de la tripulación se encontraban a salvo después del aterrizaje. Equipos especializados realizaron las revisiones correspondientes para descartar cualquier peligro.

Otros vuelos de compañías como Ryanair, Finnair, Wizz Air y LOT Polish Airlines también fueron afectados. En Bulgaria, tres aeronaves recibieron escolta militar después de reportarse amenazas durante sus trayectos, mientras que en República Checa las autoridades activaron medidas de seguridad para revisar cuatro aviones que se dirigían a Praga.

La situación también alcanzó a Polonia, donde una amenaza contra un vuelo que se preparaba para salir de Varsovia hacia París provocó la interrupción temporal de sus operaciones de despegue y la revisión de la aeronave.

Una segunda ola de amenazas en la misma semana

Los incidentes del jueves no fueron hechos aislados. Desde el inicio de noviembre se habían registrado otras amenazas contra vuelos comerciales y aeropuertos europeos, lo que obligó a repetir los procedimientos de inspección y seguridad.

El martes 3 de noviembre, varias aeronaves de compañías internacionales recibieron avisos sobre la posible presencia de explosivos. Entre los casos reportados estuvieron vuelos de Ryanair, Scandinavian Airlines y LOT Polish Airlines.

En aquella jornada también se realizaron revisiones de pasajeros, equipajes y aeronaves. Las inspecciones no encontraron explosivos y no se reportaron personas lesionadas.

La repetición de estos incidentes en un periodo de pocos días encendió las alertas entre las autoridades aeroportuarias, especialmente por la cantidad de vuelos involucrados y la dispersión geográfica de los reportes.

Aunque las amenazas resultaron falsas, los protocolos de seguridad obligan a las autoridades a investigar cada aviso y descartar cualquier riesgo antes de permitir que las operaciones continúen con normalidad.

¿Quién está detrás de las amenazas?

Uno de los principales interrogantes es el origen de los mensajes. Hasta el momento, las autoridades no han identificado públicamente a los responsables ni han confirmado que exista una organización detrás de los incidentes.

Algunas de las alertas fueron recibidas mediante correos electrónicos anónimos dirigidos a aeropuertos y autoridades aeroportuarias. Sin embargo, no se ha establecido públicamente si todos los mensajes proceden de una misma fuente.

Los acontecimientos se producen en un contexto de preocupación por las denominadas amenazas híbridas en Europa, una categoría que comprende acciones destinadas a generar inestabilidad mediante recursos digitales, sabotajes, desinformación, espionaje y otras formas de presión que no necesariamente implican un enfrentamiento militar directo.

En los últimos meses, distintos gobiernos europeos han advertido sobre posibles operaciones de este tipo y han señalado a Rusia en investigaciones relacionadas con otros incidentes. Sin embargo, no existe evidencia pública que permita atribuir esta serie de amenazas contra vuelos a Moscú o a algún otro gobierno.

La investigación deberá determinar si se trata de acciones independientes, una campaña coordinada o algún otro tipo de actividad delictiva.

Las falsas alarmas también afectan a la aviación

Aunque no se hayan encontrado explosivos, las amenazas representan un problema para las aerolíneas, los aeropuertos y los pasajeros.

Cuando una aeronave recibe un aviso de este tipo, las autoridades deben evaluar el riesgo y determinar las medidas necesarias. Dependiendo de las circunstancias, pueden ordenar un aterrizaje en otro aeropuerto, solicitar una escolta militar y activar equipos especializados en la detección de explosivos.

Una vez que el avión llega a tierra, los pasajeros pueden ser desembarcados mientras se inspeccionan la cabina, las áreas de equipaje y otras partes de la aeronave.

Estos procedimientos pueden ocasionar retrasos, cancelaciones, conexiones perdidas y gastos adicionales para las compañías aéreas, debido al combustible utilizado en los desvíos, la reorganización de las tripulaciones y la atención a los pasajeros afectados.

La frecuencia de los incidentes también ha llamado la atención de representantes de la industria aeronáutica. El director ejecutivo de Air France-KLM, Ben Smith, manifestó que no había observado anteriormente amenazas reportadas con un nivel de coordinación semejante.

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