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Washington endurece la presión contra Ruanda por el conflicto armado en el este del Congo

Las medidas afectan al Ministerio de Defensa ruandés y a una institución financiera señalada por facilitar operaciones relacionadas con el grupo rebelde M23

Foto: X / @MarlaineKanku

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El gobierno de Estados Unidos anunció este miércoles 28 de octubre sanciones contra el Ministerio de Defensa de Ruanda y la institución financiera Zigama Credit and Savings Society, a las que acusa de contribuir al respaldo del grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23), que opera en el este de la República Democrática del Congo.

La medida fue anunciada por el Departamento del Tesoro estadounidense, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros. Washington sostiene que las estructuras militares ruandesas han proporcionado tropas, armamento, entrenamiento y apoyo logístico a los insurgentes, mientras que la institución financiera habría facilitado transacciones vinculadas con la adquisición de equipo militar y otras operaciones relacionadas con el grupo.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que Ruanda debe detener su apoyo al M23 y retirar sus tropas del territorio congoleño. La decisión busca hacer cumplir los compromisos asumidos por ambos países en los acuerdos de paz promovidos por Estados Unidos.

Las sanciones bloquean los bienes e intereses patrimoniales de las entidades designadas que se encuentren en Estados Unidos o bajo control de personas estadounidenses. También restringen las transacciones financieras con ellas, salvo las excepciones o autorizaciones previstas por la normativa aplicable.

El M23 controla territorios estratégicos y zonas mineras

El conflicto en el este de la República Democrática del Congo forma parte de una prolongada crisis regional que involucra a grupos armados, disputas territoriales y competencia por recursos naturales. Las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, fronterizas con Ruanda, concentran algunos de los enfrentamientos más graves.

El M23 recuperó fuerza en 2021 y amplió su control territorial durante 2025, cuando tomó Goma y Bukavu, capitales provinciales de importancia estratégica. Su avance desplazó a numerosas familias y agravó una crisis humanitaria que ya llevaba años afectando a la población congoleña.

El territorio bajo control rebelde incluye zonas de extracción de oro y coltán, un mineral fundamental para diversas industrias tecnológicas. Las autoridades estadounidenses sostienen que los recursos obtenidos en esas áreas alimentan redes económicas vinculadas con el conflicto.

En su anuncio, el Departamento del Tesoro también denunció abusos contra civiles en las zonas controladas por los insurgentes, entre ellos trabajos forzados, condiciones laborales peligrosas y cobros ilegales. Estas acusaciones forman parte de los argumentos presentados por Washington para justificar las sanciones.

Ruanda niega respaldar a los rebeldes

El gobierno de Ruanda ha rechazado reiteradamente las acusaciones de apoyar a grupos armados que operan en el Congo. Sin embargo, las autoridades congoleñas, Estados Unidos y expertos de Naciones Unidas han señalado la existencia de vínculos entre Kigali y el M23.

Las sanciones anunciadas este miércoles representan una nueva escalada en la presión internacional contra Ruanda. En marzo de 2026, Estados Unidos ya había impuesto medidas contra las Fuerzas de Defensa de Ruanda y varios de sus altos funcionarios por su presunta participación en el conflicto.

La nueva decisión amplía el alcance de las restricciones al incluir directamente al Ministerio de Defensa y a una entidad financiera que, según Washington, habría facilitado pagos para la adquisición de armas, municiones y otros equipos militares. La institución también habría procesado transacciones vinculadas con el M23 y su estructura política.

Los acuerdos de paz enfrentan una nueva prueba

Las medidas llegan después de que los presidentes de la República Democrática del Congo, Félix Tshisekedi, y de Ruanda, Paul Kagame, firmaran el 4 de diciembre de 2025 los Acuerdos de Washington para la Paz y la Prosperidad, impulsados por la administración de Donald Trump.

El pacto buscaba poner fin al conflicto, fortalecer la cooperación regional y promover inversiones y comercio en la región de los Grandes Lagos. También contemplaba una mayor transparencia en las cadenas de suministro de minerales estratégicos.

No obstante, la continuidad de los enfrentamientos y las nuevas sanciones evidencian las dificultades para convertir los compromisos diplomáticos en cambios concretos sobre el terreno. La persistencia de los combates mantiene a la población civil expuesta a la violencia y complica los esfuerzos para restablecer la seguridad.

La presión estadounidense también tiene una dimensión económica: Washington busca impedir que los ingresos derivados de los recursos minerales de las zonas ocupadas contribuyan a sostener a los grupos armados. Por ahora, las sanciones representan una herramienta de presión diplomática y financiera, pero no garantizan por sí mismas el fin de las hostilidades.

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