Muere Dolores Huerta a los 96 años, figura histórica de los derechos laborales en EE.UU.
Cofundadora del sindicato United Farm Workers, dedicó su vida a mejorar las condiciones laborales de los jornaleros, defender los derechos civiles y promover la participación política
Foto: X / @DoloresHuerta
Dolores Huerta, una de las principales figuras del movimiento por los derechos laborales y civiles en Estados Unidos, murió este miércoles a los 96 años, informó su familia mediante un comunicado. La activista falleció en su domicilio, de acuerdo con la información difundida por su fundación, que solicitó respeto a la privacidad de sus seres queridos durante el duelo.
Huerta dedicó más de seis décadas a organizar a trabajadores agrícolas, impulsar reformas laborales y defender a comunidades históricamente marginadas. Su nombre quedó estrechamente vinculado con las luchas sindicales de California durante las décadas de 1960 y 1970, cuando miles de jornaleros enfrentaban salarios bajos, condiciones laborales precarias y escasa protección legal.
La noticia provocó homenajes en el ámbito político estadounidense. El gobernador de California, Gavin Newsom, destacó su contribución a los derechos laborales y civiles y ordenó que las banderas del estado ondearan a media asta en su honor. En su mensaje, subrayó que la activista transformó la historia de California mediante su compromiso con las personas que durante años habían sido ignoradas.
Una lucha que transformó las condiciones de los jornaleros
Nacida el 10 de abril de 1930 en Dawson, Nuevo México, Huerta creció en California, donde conoció de cerca las dificultades que enfrentaban las familias trabajadoras. Inicialmente se desempeñó como maestra, pero decidió dedicarse a la organización comunitaria después de observar que muchos de sus alumnos llegaban a clases con hambre y sin recursos básicos.
En 1962 cofundó, junto con César Chávez, la organización que posteriormente se convertiría en United Farm Workers (UFW), uno de los sindicatos más importantes en la historia de los trabajadores agrícolas estadounidenses. Huerta desempeñó funciones como negociadora, organizadora de huelgas y promotora de reformas ante legisladores y autoridades.
Su trabajo contribuyó a impulsar campañas y negociaciones colectivas que permitieron obtener mejores condiciones para los jornaleros, incluidos mecanismos de seguridad laboral, acceso a servicios médicos, planes de jubilación y medidas de protección frente a los pesticidas.
Uno de los episodios más representativos de aquella lucha fue el boicot a las uvas de California, una campaña que buscó presionar a los productores para que aceptaran contratos sindicales. Las protestas y movilizaciones ayudaron a convertir las condiciones de los trabajadores del campo en un asunto de relevancia nacional.
Sí, se puede: una consigna que trascendió fronteras
Huerta fue reconocida por popularizar la consigna Sí, se puede, una expresión que sintetizó el espíritu de movilización de los trabajadores agrícolas y que posteriormente adquirió relevancia en otros movimientos sociales y políticos.
En 1975, su trabajo también contribuyó a impulsar la aprobación de la Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California, que reconoció derechos de negociación colectiva para los trabajadores del sector. La legislación representó un avance importante en un estado cuya economía agrícola dependía en gran medida de la mano de obra jornalera.
A lo largo de su trayectoria, Huerta enfrentó amenazas, detenciones y agresiones. En 1988 sufrió lesiones graves durante una protesta en San Francisco, cuando agentes policiales la golpearon con bastones durante una manifestación.
En 2012 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil de Estados Unidos, de manos del entonces presidente Barack Obama. El reconocimiento destacó una trayectoria dedicada a la justicia social, la participación ciudadana y la defensa de los derechos de los trabajadores.
Un legado que también enfrenta una revisión histórica
La trayectoria de Huerta estuvo estrechamente relacionada con la de César Chávez, quien murió en 1993 y fue durante décadas el rostro más conocido del movimiento sindical agrícola. Sin embargo, en 2026, varias mujeres hicieron públicas acusaciones de abuso sexual contra Chávez. Huerta también relató experiencias de coerción sexual y afirmó que había sido violada por él.
En 2002, la activista fundó la Dolores Huerta Foundation, dedicada a promover la participación ciudadana y el desarrollo de liderazgos comunitarios. Incluso durante sus últimos años continuó participando en actividades públicas, defendiendo los derechos de los inmigrantes y alentando el registro de votantes.
Su muerte deja un legado que trasciende el sindicalismo: el de una mujer que contribuyó a cambiar las condiciones laborales del campo estadounidense y a colocar los derechos de las comunidades latinas en el centro de la discusión pública.