¿Cuán comunista es realmente China hoy?
Es el principal gigante comercial del mundo, la meca de la ventas online y podría convertirse en la principal superpotencia económica del planeta… a 70 años de la fundación de la República Popular de China, ¿podemos seguir llamándolo un país comunista?
Hace 70 años, el Partido Comunista tomaba el poder en China, poniendo fin a una larga guerra civil, y su líder, Mao Zedong, anunciaba el nacimiento de una nueva nación: la República Popular de China.
El país atravesó enormes cambios. Mao instaló políticas marxistas, pero a diferencia del comunismo soviético, centrado en la clase obrera, la revolución maoísta se basó en los campesinos.
El objetivo de Mao era industrializar al país y transformar la tradicional economía agraria china. Para ello creó brigadas de trabajo y granjas colectivas, prohibiendo la agricultura y la propiedad privada.
La colectivización y centralización de la economía transformaron a la sociedad china.
Pero "El Gran Salto Adelante" -como llamó Mao a su proceso de industrialización- también provocó una gravísima insuficiencia alimentaria y al menos 20 y hasta 45 millones, según diferentes fuentes, murieron de hambre entre 1958 y 1962.
Mao ahondó sus políticas comunistas y lanzó a mediados de la década de los 60 otra de sus políticas más controvertidas: la "Revolución Cultural", una campaña contra los partidarios del capitalismo en China bajo el pretexto -destacan los historiadores- de eliminar a sus enemigos políticos en el seno del Partido Comunista Chino (PCCh).
Millones de personas fueron aterrorizadas por la Guardia Roja, los jóvenes movilizados por Mao para eliminar a la "cultura burguesa".
Pese a ello, un intenso culto a la personalidad convirtió a Mao en una especie de divinidad nacional.
Su imagen sigue muy presente en la vida diaria del país asiático. Sin embargo, la República Popular de China no podría ser más distinta de lo que la que concibió "El Gran Timonel".
China hoy
70 años después de su fundación como el país comunista más grande del mundo, la nación asiática se encamina -según algunos analistas- a convertirse en la principal superpotencia económica del planeta.
Su Producto Interno Bruto (PIB) solo es superado por el de Estados Unidos, pero en términos de paridad del poder adquisitivo (PPA) ya es la nación más rica del mundo.
También tiene el sector bancario más acaudalado y la entidad con mayores activos: el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC).
Y es el principal gigante comercial del globo: produce y exporta más que nadie, con 119 de sus empresas en la lista de las 500 corporaciones más grandes del mundo, según el listado de 2019 de la revista Fortune.
Todo esto fue posible gracias a los cambios que introdujo a partir de 1978 -dos años después de la muerte de Mao- Deng Xiaoping, quien impulsó un programa económico que se conoció como "Reforma y apertura".
Deng hizo todo lo contrario a lo que pregonaba Mao: liberalizó la economía, permitiendo el resurgimiento del sector privado y descentralizó el poder, dejando la toma de decisiones en manos de las autoridades locales.
Desmanteló progresivamente las comunas y les empezó a dar mayores libertades a los campesinos para que pudieran administrar las tierras que cultivaban y vender los productos que cosechaban.
También se abrió al exterior: viajó a EE.UU. y selló los lazos con Washington, tras el histórico primer paso que dio Richard Nixon al visitar China en los últimos años de Mao, en plena Guerra Fría.
Así, empezaron los contratos comerciales entre la República Popular de China y Occidente, dando paso a la entrada en la economía del país asiático de inversiones extranjeras y multinacionales icónicas del capitalismo, como Coca-Cola, Boeing o McDonald's.
"Socialismo con características chinas"
El modelo económico introducido por Deng, basado en una economía de mercado, se bautizó oficialmente "Socialismo con características chinas".
Fue una fórmula exitosa que permitió que la RPC empezara a crecer a niveles récord y sostenidamente, durante tres décadas.
El Banco Mundial estima que más de 850 millones de chinos salieron de la pobreza gracias a las reformas, como parte de un desarrollo sin precedentes en la historia.
Los líderes posteriores -Jiang Zemin, Hu Jintao y el actual mandatario del país, Xi Jinping- mantuvieron las reformas aperturistas.
China se modernizó y hoy no solo domina la fabricación de ropa, textiles y artefactos eléctricos. También es un gigante tecnológico.
La multinacional Huawei, la empresa privada más grande de China, es la líder en el desarrollo de tecnología 5G y la segunda fabricante de teléfonos celulares del mundo.
Otra corporación privada, Lenovo, vende más computadoras personales que cualquier otra compañía en el mundo.
En tanto, Alibaba, del mediático empresario Jack Ma, domina el comercio online, con una facturación que supera a la de Amazon, su rival estadounidense.
Los fundadores de estas empresas están entre los 324 chinos que hoy forman parte de la lista de multimillonarios con fortunas por encima de los US$1,000 millones, compilada por la revista Forbes.
Con todo esto, cabe preguntarse: ¿podemos seguir llamando a China un país comunista?
