Iowa, el primer filtro de precandidatos
El proceso de la eliminación más o menos selectiva de aspirantes a la candidatura presidencial comienza hoy en Iowa, con los republicanos como principales actores de un drama largamente esperado.
Las elecciones primarias, o de selección de candidatos, son el proceso tradicional para definir quién será el portaestandarte del partido respectivo en las elecciones presidenciales de noviembre.
Pero esta vez la campaña misma inició literalmente hace seis meses y puso a los dos partidos frente a situaciones que, aunque guardan similitudes, son muy diferentes.
Tanto republicanos como demócratas enfrentan la posibilidad de elegir a un candidato literalmente extraño a sus filas. En el primer caso, el empresario Donald Trump no es miembro del partido y el senador Ted Cruz ha construido su imagen sobre sus confrontaciones con la dirigencia y las corrientes principales de la agrupación.
Por el lado demócrata, el senador Bernard Sanders tampoco es miembro del partido. Por conveniencia y relativa afinidad política, desde su elección como diputado en 1991 y luego como senador, en 2006 por el Partido de Libertad y Unión (socialista), de Vermont, se unió a la bancada demócrata.
Y al igual que Trump o Cruz, representa a una audiencia irritada contra el aparato gubernamental y político, aunque en este caso desde la izquierda.
La victoria de cualquiera de ellos dará alas a sus respectivas candidaturas, pero no implicará necesariamente su triunfo en la prolongada contienda.
Con 13 personas en liza por la nominación presidencial del Partido Republicano, la atención pública se ha centrado sobre las incidencias de la precampaña, y especialmente sobre dos aspirantes considerados como insurgentes ajenos al aparato tradicional: Donald Trump y Ted Cruz.
Los dos, sin embargo enfrentan una prueba suprema, tanto que según Larry Sabato, un politólogo de la Universidad de Virginia, si algún otros aspirante tuviera los números de aquellos en las encuestas, sería el favorito para la nominación.
En el caso de 2016, se espera que Iowa sirva para descartar a los mas débiles.
Iowa “debe depurar a la mitad más conservadora del campo republicano”, comentó Charles Cook, un experto en campañas electorales. Cook consideró probable que una mala actuación ahí termine con las campañas de Mike Huckabee, Rand Paul y Rick Santorum, y a cambio concentre el ala ideológica alrededor del senador Ted Cruz.
Una semana después, la primaria de New Hampshire, a su vez, probablemente sirva para depurar al grupo de aspirantes más convencionales, como Jeb Bush, Chris Christie, John Kasich o Marco Rubio.
La forma de selección en Iowa es descrita como de asambleas electorales en cada condado, que eligen representantes al consejo estatal, que determinan los delegados a la asamblea nacional nominativa.
El desafío para las campañas es llevar a cada asamblea municipal más partidarios que el o los rivales, pero eso sólo se logra con una fuerte organización capaz de convencer y empujar la asistencia.
De acuerdo con al menos una descripción, “desde 1972 los caucus de Iowa han sido el primer evento electoral mayor en el proceso nominativo por la Presidencia de Estados Unidos”.
Pero en Iowa sólo se elige al 1% de los delegados. Su importancia está en que sirve como un medidor de la fuerza de los diversos aspirantes.
Pero su resultado no define al ganador de la campaña por la nominación. Y menos este año, indicó Cook.
New Hampshire, en cambio, es considerado más como una cuestión de sentido común que de otro tipo. Está enclavado en la región de Nueva Inglaterra, pero no es tan liberal como sus vecinos de Massachussetts, Maine, Vermont o Connecticutt.
A diferencia de Iowa el proceso es de voto directo y todos los ciudadanos del estado pueden votar en las elecciones partidistas. Desde 1952, se le considera como un campo de prueba sobre todo para la capacidad de contacto individual de los
aspirantes.
De hecho, se estima que 40% de los participantes en la votación de 2012 por el candidato demócrata no eran miembros ni simpatizantes registrados de ese partido.
Prácticamente un tercio de los votantes de ese estado se declara como independiente, mientras que a principios de este siglo tantos como 37% se decían republicanos y 27% demócratas, para apoyar su reputación como un estado que electoralmente puede variar de uno a otro
partido.
Pero una victoria en New Hampshire tampoco garantiza nada.
En realidad, comentó Cook, el inicio de la temporada de elecciones primarias indica que “es el tiempo de podar, no de ganar”.
Pero la presencia de Trump y de Cruz puede complicar las cosas para los republicanos, tanto que la jerarquía tradicional republicana estaría preocupada sobre la posibilidad de que la Convención Nacional, del 18 al 21 de julio de este año en Cleveland, Ohio, deba ser una reunión abierta, a la que no llegue un aspirante con clara ventaja y a cambio haya tal vez tres con respaldo similar.
Trump, definido como “populista”, sería el portavoz de independientes y disafectos; Cruz tendría el respaldo de la derecha religiosa, especialmente los episcopales, en tanto que un tercer aspirante, que saldría del grupo de los “moderados” como Rubio, Kasich, Bush o Christie.
Algunas versiones anotan que Cruz, al que se considera como derechista “duro”, se ha conquistado a pulso la animadversión de sus compañeros republicanos en el Senado y resulta una opción aún mas desagradable que
Trump.
El hecho es que de haber una convención “abierta”, sería la primera vez en 50 años que el sistema político estadunidense vea una convención de ese tipo, con la desventaja de que la dirigencia partidista tiene actualmente una función más simbólica y menos clara que antes.
Sabato señaló que “la realidad es que la mayoría de los republicanos regulares no quieren ni a Trump ni a Cruz, pero simplemente no se han puesto de acuerdo sobre una alternativa en el nutrido campo de aspirantes –y es cierto que podrán jamás estar de acuerdo–”.
Por lo pronto, lo claro es que Trump, conocido por su participación en programas de televisión, su personalidad rimbombante y un hábil uso de redes sociales, lleva meses al frente de las encuestas de opinión.
Cruz aparece actualmente en segundo lugar, con el apoyo de grupos evangélicos tradicionalistas y desafectos, pero es visto como demasiado dogmático para ganarse la adhesión de la mayoría de sus presuntos
correligionarios.
Esas candidaturas se desmoronarían, o por lo menos quedarían muy disminuidas, si su desempeño en Iowa y Nueva Hampshire no es suficientemente bueno.
“Trump tiene un largo camino por recorrer para ganarse a la mayoría de su partido y una más grande mayoría de los líderes republicanos, que tienen profundas dudas sobre su capacidad de acarrear la bandera” del partido, añadió Sabato al considerar que la campaña del empresario es lo más cercano a la “adquisición hostil de un partido político en la historia estadunidense”.
Para Cook, el mejor resultado posible de las primarias en Iowa y New Hampshire es que deberán brindar claridad “a una carrera en la que los republicanos se enfrentaron a una increíble variedad de opciones”.
“Aquellos que tienen un resultado pobre se retiran frecuentemente mientras aspirantes menos conocidos, quizá menos financiados, pero que tienen un buen resultado se convierten repentinamente en aspirantes serios y logran tanto atención de los medios como financiamiento”, indicó un reporte.
