Aumenta venta de armas de garage en Estados Unidos
La velocidad del plomo está perfectamente medida en Estados Unidos. En el país del norte mueren tres personas por hora ante un arma de fuego y siete más sobreviven al impacto de una bala.
Cada día, medio centenar de hombres, mujeres y niños se quitan la vida con una pistola, rifle, escopeta o fusil. Durante 2011 y únicamente en Estados Unidos, poco más de 32 mil personas murieron en medio de delitos posibilitados por un arma de fuego, 20 mil más que las fallecidas como consecuencia de todos atentados los terroristas ocurridos el mismo año en todo el mundo.
Aunque la mayor parte de la responsabilidad recae en los grandes fabricantes –Browning, Beretta, Heckler & Koch, Colt, Smith & Wesson, Glock y un largo etcétera–, en sótanos, talleres y cuartuchos también hay quienes se afanan por aportar su pequeña dosis de sangre a la calles estadounidenses.
Si se revisa el catálogo de armas de manufactura casera incautado por la Policía de Los Ángeles, una de las zonas con mayor relación de muertes ocasionadas por armas de fuego, podría pensarse que el diseñador de objetos espías de James Bond pasó una buena temporada en California, aunque abandonó el glamur de sus diseños en Londres.
Tornillos industriales que de verlos uno piensa en manos engrasadas son alojo de pistolas letales. Un encendedor contiene un tiro calibre .22. Un anillo oculta una garra plegable de acero. Una pistola de juguete pretende pasar por verdadera y una verdadera pasa como si fuera de juguete.
Y, como si todas fueran de juguete, en ese país circulan 270 millones de armas, casi una por habitante. Por eso la siguiente cifra es razonable: los estadunidenses tienen un riesgo 20 veces mayor de morir por un trozo de plomo que ningún otro habitante en un país desarrollado del mundo.
A la vez, la influyente Asociación Nacional del Rifle registra más de 4 millones 250 mil socios quienes reclaman como un derecho obtenido por la segunda enmienda constitucional –un grado antes que el sagrado– su derecho a portar armas.
Familias conservadoras, blancas, anglosajonas, protestantes e integradas a la Asociación componen orgullosos álbumes fotográficos que incluyen a la pequeña de siete años con un rifle con el que espera cazar su primer venado y a la abuela con una escopeta con la que espera frenar al primer intruso en su propiedad. Justo el perfil familiar de la mayoría de los autores de los asesinatos masivos.
Como el de Adam Lanza, el asesino de 20 niños, su madre, otros cinco adultos y de sí mismo en la escuela Newtown, el pueblo de Connecticut que habría quedado en el feliz anonimato si el joven Lanza, miembro de la Asociación Nacional del Rifle no hubiese poseído el arsenal que sin ningún problema adquirió.
Al primer mes de la masacre, la Asociación sumó 250 mil nuevos socios. In Gun We Trust y la velocidad del plomo: Mientras usted leyó esta introducción, según la proyección estadística del FBI, en Estados Unidos ocurrieron entre seis y siete crímenes violentos.
