Caravana de Madres Migrantes llega a Puebla
"Todo México es un cementerio de migrantes, 20 mil mueren cada semestre", dijo Martha Sánchez Soler, coordinadora del Movimiento Migrante Mesoamericano, cuando la Caravana de Madres Migrantes llegó a la ciudad de Puebla, a la iglesia de la Asunción, de la colonia Aquiles Serdán.
La Caravana de Madres Migrantes, conformada por diez mujeres de cada país centroamericano, arribó de la ciudad de México y partirá en unas horas a Veracruz, donde serán recibidas por “Las Patronas”, mujeres que dan alimentos y agua a los migrantes que viajan en tren, en el municipio de Miahuatlán.
Sánchez Soler, compartió en una rueda de prensa que hasta el momento tienen contabilizados de 70 mil a 90 mil desaparecidos en su tránsito por territorio mexicano, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Muchos de los cuerpos suponen que se encuentran en las fosas clandestinas o las fosas comunes de los panteones a lo largo del país, aunque también habría reclutados de forma forzosa por el crimen organizado.
Para Martha Sánchez habría muy pocos que se quedaron en México a rehacer sus vidas y que perdieron contacto con sus familias por la falta de dinero. El año pasado lograron concretar cinco encuentros en la caravana y este año una joven les llamó para decir que se vio en los periódicos que su familia la está buscando, aunque será hasta el otro año.
Desde 2006, con la guerra declarada al narcotráfico por el entonces presidente, Felipe Calderón Hinojosa, habría empeorado la situación para los migrantes centroamericanos, no sólo en la ruta del Golfo de México, por Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, sino por el Pacífico y el Bajío de México.
Aunque son más hombres los que han desaparecido en México, las mujeres que viajan buscando el llamado "sueño americano", según Martha Sánchez, huyen de la violencia intrafamiliar y terminan siendo explotadas sexualmente, por ello, cuando toquen Tapachula, Chiapas, se pondrán en contacto con organizaciones de prostitutas para ver si pueden identificar algunas de las mujeres desaparecidas.
"Vivo o muerto, pero lo quiero conmigo"
La señora Silvia Ortiz, de Nicaragua, está buscando a su hijo, David Ríos Ortiz, desde 2008. Éste salió en junio de 2008 y la última llamada que le hizo fue en julio, llegando a Tapachula, Chiapas: "De allí, no supe nada, nada de él", contó doña Silvia, quien además de la fotografía de su hijo, en el pecho lleva las imágenes de dos jóvenes de su comunidad, uno que estaría preso en Tonalá, Chiapas, y otro que está desaparecido.
La señora Silvia describió que primero estuvo luchando en su país, en la Cancillería, viajando constantemente a la capital, Managua, pero como nunca le dieron respuesta y su hijo ya ni siquiera existía en los papeles, se dio cuenta que en Chinandera había una organización que la ayudó a salir de su tierra para buscarlo.
"Mi corazón me dice que está vivo, siento que está vivo", comentó doña Silvia, cuyo hijo era chofer en Nicaragua y en Estados Unidos se dedicaba a la construcción, siendo la tercera vez que lo deportaban las autoridades norteamericanas.
"Dejó un niño, ahora tiene 12 años; qué triste para mí, es la segunda vez que vengo, porque me espera con su padre y piensa que se lo voy a llevar", sostuvo entre lágrimas la señora Ortiz.
Cuando doña Silvia se encuentra con jóvenes, que como su hijo tienen el sueño americano, les dice que no viajen, que luchen juntos desde allá porque de cualquier forma la van a pasar. Hay muchos que han regresado a Chinandera que no piensan regresar, porque "la pasada está dura", sin embargo, hay otros que terminan la universidad sólo para viajar a Estados Unidos.
"Que lo encuentre vivo o muerto, pero, por lo menos, saber que lo tengo, que lo encontré, a como mi Dios me lo devuelva", aseguró al final la señora Silvia, mientras limpiaba las lágrimas de su rostro.
