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Ignacio López Tarso responde bien al tratamiento y está fuera de peligro

El actor ingresó de emergencia a una clínica en la capital del país porque presentó una neumonía y problemas intestinales

Foto: Archivo

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El primer actor Ignacio López Tarso fue hospitalizado desde el pasado 3 de marzo en una clínica de Ciudad de México, así lo informó Lulú Mogollón, su asistente. Quien para el programa matutino Hoy informó cuáles fueron los motivos de su ingreso y por qué se encuentra en terapia intermedia. 

Su asistente informó que el actor ingresó de emergencia a una clínica en la capital del país porque presentó una neumonía y problemas intestinales. Lulú sostuvo una entrevista con los miembros de Hoy para desmentir los rumores de su estado de salud y para confirmar que pese a estar internado está estable; además, añadió que los problemas en los pulmones han disminuido, pero la obstrucción intestinal persiste. 

"Va bien tratado, va evolucionando adecuadamente como lo dijeron los doctores, no está grave y eso para todos es algo muy bueno, los doctores por la edad lo tienen en terapia intermedia", señaló su asistente. 

Lulú Mogollón aseguró que pese a las dolencias, el exdiputado del Congreso de la Unión tiene un buen estado de ánimo. Agregó que ya está tomando antibióticos y está respondiendo muy bien al tratamiento, además, su oxigenación ha mejorado, pero sigue en observación para que comprobar que sus intestinos funcionen bien. 

Hace casi un año, en mayo de 2022, el intérprete de Macario fue internado por una neumonía bacteriana; en septiembre de ese mismo año contrajo COVID-19. A pesar de sus 98 años, la energía del primer actor no menguado, pues en distintas oraciones ha dicho que cobra un salario vitalicio en Televisa, pero esto no es suficiente, pues López Tarso ha asegurado que quiere continuar con su trabajo. 

Carrera y vida de López Tarso 

Ignacio López Tarso nació el 15 de enero de 1925 en Ciudad de México, aunque su amor por el teatro y la actuación no surgió hasta que vivió en Guadalajara en donde asistió a una función de teatro en carpa, pero pasó mucho tiempo para dedicara su vida a los escenarios. 

Debido a los problemas económicos de sus padres solo estudió hasta la secundaria, pero un sacerdote le recomendó ingresar al seminario para continuar con sus estudios, consejo que siguió, pero no por mucho tiempo, pues ya que López Tarso no tenía ocasión para el sacerdocio, solo le animaba continuar estudiando. 

En 1945, a los veinte años hizo su servicio militar y estuvo en los regimientos de Querétaro, Veracruz y Monterrey, incluso obtuvo el grado de sargento primero. Al finalizar su servicio un general le dijo que podía hacer carrera en las fuerzas armadas y que le podía ayudar a ingresar al Colegio Militar, pero López Tarso se negó. 

Regresó a Ciudad de México y trabajó para una empresa fabricante de mezclilla, pero la paga no era  buena, por lo que decidió probar suerte como bracero en Estados Unidos. Así cruzó la frontera y trabajó en un naranjal en California, pero cuando subió a un árbol para conseguir dicha fruta, se cayó de espalda, causándole una severa lesión en la espina dorsal que casi lo deja paralítico, por lo que tuvo que regresar a México. 

Tras haberse recuperado, con 24 años ingresó a la Academia de Arte Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes, bajo la enseñanza de Xavier Villaurrutia, uno de los máximos exponentes de la generación de Los Contemporáneos. Tras la muerte de Villaurrutia quedó bajo la tutela de Salvador Novo, también uno de los máximos exponentes de la literatura nacional. Su debut en el teatro fue con la obra El sueño de una noche de verano de William Shakespeare. 

Su primera incursión en el cine fue con la película “La desconocida” (1954), esta fue experiencia amarga, pues tuvo un papel intrascendente y se cuestionó serpiente volver a incursionar en la pantalla grande; pero, solo cinco años después, López Tarso interpretó el papel que lo consagró como uno de los mejores actores de la historia del cine Mexicano: “Macario” (1959). 

En la década de los setenta consolidó su carrera actoral con películas como “Rosa Blanca” (1961), “Cri Cri, el grillito cantor” (1963), “El hombre de papel” (1963), “El gallo de oro” (1964), y “Tarahumara” (1965). En los setenta participó en distintos filmes trascendentes como “La vida inútil de Pito Pérez” (1970), “El profeta Mimí” (1972), “Rapiña” (1973), y “Los albañiles” (1976).