Último minuto
Viernes, 25 de Septiembre de 2026
Puebla 13°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

Un siglo después de desaparecer, ‘reviven’ al hombre que inspiró a Indiana Jones

Un siglo después de desaparecer, ‘reviven’ al hombre que inspiró a Indiana Jones

Cuando David Grann perdió a su guía en lo más profundo de la Amazonia brasileña, sintió miedo.

El escritor de The New Yorker entró a la selva por la misma ruta que en 1925 tomó el desaparecido explorador y teniente coronel Percy Fawcett, esperando descubrir qué había sido del británico. Sus hallazgos se convirtieron en un exitoso libro y son la base de la nueva película The Lost City of Z (Z, la ciudad perdida), pero en ese momento no sabía que nada de eso sucedería. Entonces, todo lo que sabía era que el agua pantanosa llegaba hasta su cintura.

Algunos cálculos sugieren que cerca de 100 personas han muerto buscando a Fawcett, y Grann se negaba a ser el siguiente en engrosar esa lista. La gravedad de la situación era igual a su carácter absurdo, mientras se movía a través de los manglares levantando su portátil. No sabía que ya estaba dañado y no tenía arreglo.

De todas formas, creía estar cerca. A pesar de que no estaba en buen estado físico y no tenía equipos para acampar, el escritor sí estaba ‘caliente’ en el camino de Fawcett. O lo estuvo, hasta que un periodista local que le servía de asistente y su guía se perdieron.

Grann podía estar armado con lo último de la tecnología y varias vacunas, pero en ese momento él y Fawcett estaban prácticamente en el mismo nivel.

“Eso me dio un real sentido, una luz, un atisbo, de lo que Fawcett vivió cada día”, dice Grann.

“(El Amazonas) todavía tiene ese poder... realmente puedes perderte. Tiene esa ceguera verde. Puedes comenzar a andar en círculos, porque la selva comienza a parecer toda igual”.

“No quiero volver a hacerlo”, dice. “Una vez fue suficiente”.

El asistente local de Grann regresó horas después y, a diferencia de Fawcett, emergió de la selva con respuestas. De hecho, escribió un nuevo capítulo en ese misterio épico de 90 años, y aunque no llegó a comprobar qué pasó concretamente con Fawcett, estuvo cerca.

El hombre, el mito, la leyenda

Fawcett era un hombre con un autoestima inquebrantable. Sus últimas palabras escritas antes de desaparecer, en una carta del 29 de mayo de 1925 a su esposa Nina, fueron: “No tienes miedo de ningún fracaso”.

Oficial militar destinado al Imperio Británico, Fawcett encontró su vocación en un Amazonas inexplorado a principios del siglo XX. Alto y musculoso, se aventuró varias veces en la jungla, durante años en cada oportunidad, haciendo una cartografía de los ríos y trazando fronteras para naciones extranjeras y para la Real Sociedad Geográfica Británica.

Mientras otros hombres flaquearon en las selvas de Suramérica, sucumbiendo a enfermedades, pestilencia y psicosis, Fawcett se movía con soltura en los ambientes hostiles de la selva, aparentemente inmune a la fiebre y la fatiga. Había rumores de que era imposible matar a este gigante británico, nacido con una constitución sobrenatural.

Fawcett trazó la frontera entre Bolivia y Brasil en 1908.

El “fracaso” al que Fawcett aludió en su última carta fue un fracaso para encontrar a Z. Según él, Z era una antigua ciudad enclavada en la profundidad de la selva; prueba de una avanzada civilización que ya no existía en el Amazonas. No era El Dorado, pero no estaba lejos de eso.

Fawcett creía haber visto señales de esa civilización en la topografía y en cerámica de varios siglos que encontró dispersa por toda la selva. Pero otros, incluyendo a los miembros de la Real Sociedad Geográfica Británica, eran escépticos frente a esa teoría. Después de todo, El Dorado nunca fue hallada, aunque muchos lo intentaron.

De ser cierto que existe, la Z de Fawcett cambiaría la compresión que Occidente tiene del mundo antiguo y sería un golpe para la misión “civilizadora” que Europa ha emprendido sobre las comunidades de la selva.

Fawcett buscó a Z en numerosas expediciones con desespero y pasión. Con cada nuevo viaje, crecían su mística y su celebridad. Y luego llegó su final, el acto definitivo: desaparecer a los 57 años con su hijo Jack y el hijo de su amigo Raleigh Rimell, para no volver a aparecer.