Reto Diario | Noticias de Puebla

¿Por qué después de un día agotador se antoja un pan dulce o un caldo caliente? La ciencia detrás de la comida de confort

La ciencia explica cómo intervienen los mecanismos de recompensa del cerebro, las emociones y los recuerdos afectivos en la búsqueda de bienestar a través de la comida

Foto: montatip lilitsanong / Unsplash

Foto: montatip lilitsanong / Unsplash

Después de una jornada agotadora, no siempre se antoja una ensalada o un platillo elaborado. En ocasiones, el cuerpo parece pedir algo más sencillo: un pan dulce, una taza de café con leche, un tazón de caldo caliente o una rebanada de pizza.

Esta preferencia tiene una explicación que va más allá del hambre. Se conoce como comfort food o comida de confort y hace referencia a aquellos alimentos que, además de satisfacer el apetito, generan sensaciones de bienestar, tranquilidad y familiaridad.

Una revisión científica publicada en 2025 en Annual Review of Food Science and Technology explica que estos alimentos pueden relacionarse con el bienestar psicológico, las interacciones sociales y las preferencias alimentarias construidas a lo largo de la vida.

1. El estrés puede cambiar lo que queremos comer

Una de las razones por las que aparecen antojos después de un día complicado es la relación entre el estrés y la conducta alimentaria.

Cuando una persona atraviesa situaciones de presión, preocupación o agotamiento, puede experimentar cambios en su apetito y en sus preferencias. En algunos casos, aumenta el deseo de consumir productos con alto contenido de azúcar y grasas, como pan dulce, galletas, chocolates o comida rápida.

Esto se relaciona con los mecanismos cerebrales de recompensa: los alimentos agradables al paladar pueden proporcionar una satisfacción inmediata y convertirse en una respuesta habitual ante emociones desagradables.

Sin embargo, el estrés no provoca la misma reacción en todas las personas. Mientras algunas comen más cuando están preocupadas, otras pierden el apetito.

Una revisión científica sobre estrés y comportamiento alimentario encontró que las situaciones de tensión pueden favorecer el consumo de alimentos altamente apetecibles, incluso cuando no existe una necesidad energética inmediata.

2. ¿Qué relación tienen los carbohidratos con el bienestar?

El cerebro utiliza la glucosa como una de sus principales fuentes de energía, por lo que los carbohidratos forman parte importante de la alimentación.

Sin embargo, esto no significa que después de una jornada de trabajo el cerebro se quede sin glucosa o necesite necesariamente azúcar para recuperarse.

La relación entre los carbohidratos y el estado de ánimo es más compleja. Algunos mecanismos metabólicos intervienen en la disponibilidad del triptófano, un aminoácido que participa en la producción de serotonina, neurotransmisor relacionado con la regulación del estado de ánimo, el sueño y el apetito.

Una revisión sobre las influencias nutricionales en el sistema serotoninérgico, publicada en 2025, explica que la composición de los alimentos y la respuesta metabólica del organismo pueden modificar estos procesos. No obstante, esto no significa que comer un panecillo provoque automáticamente una sensación de felicidad.

Por otra parte, los alimentos agradables al paladar también participan en los circuitos cerebrales de recompensa, relacionados con la dopamina y la motivación para repetir experiencias placenteras.

3. ¿Por qué un caldo o una bebida caliente resultan reconfortantes?

Una taza de té, un café con leche o un tazón de sopa caliente pueden resultar especialmente agradables después de un día frío o complicado.

Parte de esa sensación está relacionada con la experiencia térmica y sensorial. El calor, el aroma, la textura y el sabor de los alimentos pueden contribuir a generar comodidad.

La percepción de la temperatura también tiene relación con los procesos fisiológicos y emocionales. Una revisión publicada en 2025 en Neuroscience & Biobehavioral Reviews examinó cómo las señales térmicas influyen en el bienestar físico, emocional y social.

Sin embargo, es importante distinguir entre sentirse relajado al consumir una bebida caliente y afirmar que esta reduce directamente el cortisol. No existe fundamento suficiente para asegurar que un caldo o un té caliente disminuyan automáticamente la hormona del estrés.

4. La memoria afectiva también influye en los antojos

No todos los antojos tienen una explicación relacionada con las necesidades energéticas. Algunos están vinculados con experiencias personales.

Un caldo preparado por la familia, el pan que se compraba durante la infancia o una bebida que acompañaba las tardes en casa pueden convertirse en alimentos reconfortantes porque están asociados con recuerdos agradables.

En estos casos, la comida funciona como un vínculo entre el sabor y las experiencias emocionales.

El sistema límbico participa en el procesamiento de las emociones y los recuerdos, mientras que las experiencias sensoriales contribuyen a que determinados aromas y sabores evoquen situaciones del pasado.

Por eso, dos personas pueden tener preferencias completamente distintas cuando buscan sentirse mejor: lo que para una representa un alimento reconfortante, para otra puede no tener ningún significado especial.

5. ¿Es malo recurrir a la comida para sentirse mejor?

Comer algo que produce satisfacción después de un día complicado no representa necesariamente un problema. La dificultad aparece cuando la alimentación se convierte constantemente en la principal herramienta para manejar el estrés o las emociones.

Una revisión publicada en 2025 sobre la comida de confort advierte que muchos de estos productos suelen tener una alta densidad calórica y un contenido limitado de nutrientes. Por ello, su consumo excesivo puede contribuir a consecuencias metabólicas negativas.

La alimentación emocional también merece atención cuando una persona come sin hambre física, siente que pierde el control sobre las cantidades o utiliza constantemente los alimentos para afrontar situaciones de ansiedad, tristeza o tensión.

Para mantener un equilibrio, es posible disfrutar de los alimentos preferidos sin convertirlos en la única respuesta ante el cansancio. También ayuda mantener horarios de comida, procurar una alimentación variada y reconocer cuándo el apetito responde a una necesidad física o a una emoción.

El antojo nocturno tiene más de una explicación

El deseo de comer un pan dulce, preparar un caldo o tomar una bebida caliente al terminar el día no responde a una sola reacción del organismo.

En él pueden intervenir el estrés, las preferencias personales, los mecanismos de recompensa, las experiencias familiares y la memoria afectiva.

La comida puede proporcionar satisfacción y formar parte de los rituales cotidianos de descanso, pero no sustituye la necesidad de dormir, recuperarse y atender las emociones.

Al final, ese alimento que recuerda a casa o esa bebida caliente que acompaña el cierre de la jornada puede representar mucho más que una elección gastronómica: también puede ser una experiencia de familiaridad y bienestar.