El estrecho de Ormuz: por qué unos kilómetros de mar pueden poner en jaque al mundo
Por esta ruta marítima circula una cuarta parte del comercio mundial de petróleo, por lo que cualquier interrupción puede afectar el suministro energético y sacudir los mercados internacionales
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Hay lugares en el mundo cuyo tamaño contrasta con el poder que tienen sobre la economía global. Uno de ellos es el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo ubicado entre Irán y Omán que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo.
Aunque en su punto más angosto mide apenas 39 kilómetros de ancho, por sus aguas transita una parte fundamental del suministro energético mundial. En 2025, el paso registró un promedio de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados, equivalente a alrededor de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de este combustible.
Su importancia no se limita al petróleo. También es una ruta indispensable para transportar gas natural licuado, especialmente el que producen Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Por eso, cuando aumentan las tensiones militares en esta zona, la preocupación trasciende las fronteras de Medio Oriente: un conflicto que afecte la navegación puede provocar interrupciones en el suministro energético, encarecer los combustibles y generar presiones sobre la economía de numerosos países.
¿Dónde está el estrecho de Ormuz y por qué es tan importante?
El estrecho de Ormuz se encuentra en el extremo oriental del golfo Pérsico. Al norte está Irán, mientras que al sur se encuentran la península de Musandam, perteneciente a Omán, y parte de la costa de Emiratos Árabes Unidos.
Su función geográfica es conectar el golfo Pérsico con el golfo de Omán y, posteriormente, con el océano Índico a través del mar Arábigo. Esto permite que los barcos que transportan petróleo y otras mercancías desde los principales productores del golfo lleguen a los mercados internacionales.
Sin embargo, su estrechez representa una vulnerabilidad. El corredor tiene apenas 21 millas náuticas de ancho en su punto más angosto, pero los canales habilitados para la navegación comercial son todavía más reducidos.
El sistema de tránsito contempla dos canales de aproximadamente 3.7 kilómetros de ancho cada uno: uno para los barcos que ingresan al golfo Pérsico y otro para los que salen. Entre ambos existe una zona de separación para evitar colisiones.
Esto significa que los grandes buques petroleros deben utilizar rutas marítimas delimitadas y relativamente estrechas, lo que vuelve especialmente delicada cualquier amenaza de ataques, minas navales o restricciones al tránsito.
No se trata de una ruta que pueda sustituirse fácilmente por otra: buena parte de la infraestructura energética de los países del golfo está conectada directamente con este corredor.
El petróleo que pasa por Ormuz y su impacto en el mundo
La relevancia económica del estrecho se entiende mejor a través de sus cifras.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, durante 2025 circularon por Ormuz alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo crudo y productos derivados, lo que representó aproximadamente el 25 por ciento del comercio marítimo mundial de petróleo.
La mayor parte de estos cargamentos tiene como destino Asia. China, India, Japón y Corea del Sur figuran entre los principales compradores de los hidrocarburos que atraviesan esta ruta.
Entre los países productores que dependen de este paso para exportar sus recursos se encuentran:
- Arabia Saudita: uno de los principales exportadores de petróleo del planeta
- Irán: cuya ubicación geográfica le permite tener una posición estratégica sobre el estrecho
- Irak: que utiliza esta salida para colocar buena parte de su producción en los mercados internacionales
- Kuwait: cuya economía depende ampliamente de las exportaciones de hidrocarburos
- Qatar: uno de los principales productores y exportadores de gas natural licuado
- Emiratos Árabes Unidos: importante productor de petróleo y gas
- Baréin: cuya conexión comercial también depende de las rutas marítimas del golfo
Una interrupción del tránsito no afectaría únicamente a los países productores. También tendría consecuencias para las naciones importadoras, las empresas transportistas, las industrias que utilizan combustibles y los consumidores.
El petróleo se comercializa en un mercado internacional: cuando una ruta estratégica queda amenazada, los compradores buscan proveedores alternativos y los precios pueden subir incluso en países que no reciben directamente los cargamentos de esa región.
El gas natural también está en riesgo
Aunque el petróleo suele concentrar la atención, Ormuz es igualmente importante para el comercio mundial de gas natural.
Por el estrecho circula cerca del 19 por ciento del comercio internacional de gas natural licuado (GNL), principalmente procedente de Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
La situación de Qatar es especialmente relevante porque se encuentra entre los mayores exportadores de este combustible. Sus cargamentos necesitan atravesar el estrecho para llegar a los mercados de Asia y Europa.
A diferencia del petróleo, que cuenta con algunas alternativas mediante oleoductos terrestres, el gas natural licuado de Qatar y Emiratos no dispone de una ruta alternativa equivalente para llegar a los mercados internacionales.
Una interrupción prolongada podría reducir la disponibilidad de gas, elevar los precios y complicar el abastecimiento de países que utilizan este recurso para generar electricidad, abastecer industrias y mantener sus sistemas energéticos.
El impacto también podría extenderse a otros productos, como fertilizantes y materias primas cuya fabricación y transporte dependen de la energía y de las cadenas comerciales internacionales.
¿Qué ocurre si se cierra el estrecho de Ormuz?
La posibilidad de bloquear el paso es una de las principales preocupaciones de los gobiernos y los mercados energéticos. Aunque no es necesario que exista un cierre total para provocar una crisis, una reducción significativa del tránsito marítimo puede generar incertidumbre y elevar los costos del comercio internacional.
Si los buques petroleros no pueden navegar con seguridad, los cargamentos quedan detenidos, las empresas deben buscar rutas alternativas y las aseguradoras pueden incrementar las primas para cubrir los riesgos de operar en la región.
Las consecuencias pueden extenderse en distintas etapas:
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Menor disponibilidad de petróleo: los cargamentos no llegan con normalidad a las refinerías y los países importadores deben buscar otros proveedores.
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Aumento de los precios energéticos: la incertidumbre sobre el suministro puede impulsar las cotizaciones internacionales del crudo y sus derivados.
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Mayores costos de transporte: las empresas navieras y aseguradoras enfrentan riesgos adicionales que pueden trasladarse al precio de las mercancías.
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Presiones inflacionarias: el encarecimiento de los combustibles puede elevar los costos de producción, electricidad, transporte y distribución de alimentos.
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Inestabilidad económica: los países que dependen de las importaciones energéticas pueden enfrentar mayores gastos y dificultades para mantener sus presupuestos.
El efecto no sería necesariamente igual en todas las economías. Dependería de cuánto tiempo permanezca interrumpido el tránsito, de las reservas disponibles y de la capacidad de otros productores para compensar el suministro perdido.
¿Por qué no existen rutas suficientes para sustituirlo?
Una de las razones por las que Ormuz tiene tanto poder estratégico es la falta de alternativas capaces de transportar volúmenes equivalentes de petróleo.
Arabia Saudita cuenta con un oleoducto que conecta sus instalaciones petroleras del este con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Emiratos Árabes Unidos también dispone de una infraestructura que lleva petróleo desde sus campos terrestres hasta Fujairah, en el golfo de Omán, evitando el paso por el estrecho.
De acuerdo con las estimaciones de la Agencia Internacional de Energía, la capacidad disponible para desviar petróleo por rutas alternativas se encuentra entre 3.5 y 5.5 millones de barriles diarios.
La cifra es considerable, pero resulta insuficiente frente a los aproximadamente 20 millones de barriles diarios que transitaron por Ormuz durante 2025.
Además, estas rutas terrestres no resuelven el problema del gas natural licuado procedente de Qatar, que depende prácticamente por completo del paso marítimo.
Por ello, incluso si algunos países logran mantener sus exportaciones mediante oleoductos, el mercado internacional seguiría expuesto a una interrupción prolongada.
Una ruta marcada por conflictos: la Guerra de los Petroleros
La importancia militar de Ormuz no es nueva. Durante décadas, el estrecho ha sido escenario de tensiones entre potencias regionales y países interesados en garantizar el flujo de energía.
Uno de los antecedentes más importantes ocurrió durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), cuando ambos países comenzaron a atacar buques comerciales y petroleros para debilitar la economía de su adversario.
Este periodo pasó a conocerse como la Guerra de los Petroleros. Los ataques contra embarcaciones y las amenazas a la navegación elevaron el riesgo de transportar hidrocarburos por el golfo Pérsico.
En 1987, Estados Unidos inició la operación Earnest Will para escoltar petroleros kuwaitíes que habían sido registrados bajo bandera estadounidense. La medida buscaba proteger el tránsito comercial frente a los ataques.
Un año después, en abril de 1988, las fuerzas estadounidenses lanzaron la operación Praying Mantis, luego de que una mina naval iraní dañara gravemente a una fragata estadounidense.
El episodio demostró que una disputa regional podía involucrar directamente a potencias militares y poner en riesgo la navegación internacional.
Desde entonces, Ormuz ha permanecido como uno de los principales puntos de tensión en Medio Oriente, particularmente por la rivalidad entre Irán, Estados Unidos y sus aliados regionales.
Irán y Estados Unidos: el conflicto que vuelve a poner a Ormuz en el centro
En 2026, el estrecho volvió a ocupar un lugar central en la política internacional debido al conflicto militar entre Irán y Estados Unidos, iniciado en febrero.
La confrontación ha provocado una crisis de seguridad marítima que ha afectado a los buques comerciales y ha complicado la circulación de mercancías por el golfo Pérsico.
El 28 de agosto, el secretario general de la Organización Marítima Internacional, Arsenio Domínguez, advirtió que la situación seguía sin resolverse y señaló que hasta 400 embarcaciones, con aproximadamente 6 mil marinos a bordo, no habían podido salir de manera segura del golfo Pérsico desde el comienzo del conflicto.
El funcionario también alertó sobre las consecuencias de la interrupción de las cadenas de suministro de combustibles, fertilizantes y otras mercancías.
La tensión continuó durante noviembre. El 5 de noviembre, las autoridades iraníes informaron sobre nuevos incidentes que involucraron a petroleros en el estrecho. Por su parte, la agencia británica de Operaciones Comerciales Marítimas reportó que al menos cinco embarcaciones habían registrado incidentes desde el 1 de noviembre, mientras que octubre había cerrado con 35 buques afectados, de acuerdo con los datos citados en los reportes de seguridad marítima.
Los incidentes han mantenido la incertidumbre sobre la seguridad de la navegación, mientras continúan los contactos diplomáticos para intentar resolver el conflicto.
El Instituto para el Estudio de la Guerra señaló que, aunque Irán mantiene acciones para dificultar el tránsito marítimo, la capacidad militar estadounidense ha impedido hasta ahora que reduzca de manera significativa el paso de buques civiles.
Así, Ormuz se ha convertido tanto en un punto de presión militar como en una herramienta de negociación política. Su control, la seguridad de los barcos y las condiciones para reanudar el tránsito forman parte de las principales diferencias entre Washington y Teherán.
¿Qué significa una crisis en Ormuz para México?
Aunque México no depende directamente del petróleo que atraviesa el estrecho para abastecer la totalidad de su consumo, tampoco está aislado de las consecuencias de una crisis energética internacional.
El precio del petróleo se determina en mercados globales, por lo que una interrupción importante del suministro puede modificar las cotizaciones internacionales y repercutir en los costos de los combustibles.
Para México, esto puede representar presiones sobre los precios de las gasolinas, el diésel y otros derivados, además de mayores costos para el transporte de mercancías, la producción industrial y las cadenas de distribución.
El impacto dependerá de la duración de la crisis, de los precios internacionales, del tipo de cambio y de las condiciones internas del mercado mexicano.
También puede haber efectos indirectos en los precios de alimentos y productos de consumo, debido a que su producción y traslado requieren energía y combustibles.
En otras palabras, una crisis a miles de kilómetros puede terminar reflejándose en los gastos cotidianos de los hogares mexicanos.
Un paso marítimo que concentra el poder energético mundial
El estrecho de Ormuz demuestra hasta qué punto la economía internacional depende de determinadas rutas geográficas. Su tamaño es reducido, pero su importancia energética y comercial lo convierte en uno de los puntos más sensibles del planeta.
La posibilidad de que un conflicto militar interrumpa su funcionamiento pone en evidencia la vulnerabilidad de un sistema energético que todavía depende ampliamente del petróleo y el gas transportados por mar.
Mientras persistan las tensiones entre Irán y Estados Unidos, la seguridad de esta vía seguirá siendo una preocupación para gobiernos, empresas y mercados internacionales.
Porque en Ormuz no solamente está en juego el tránsito de los petroleros: también está en juego la estabilidad de una parte fundamental de la economía mundial.