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¿Qué ocurre en el cuerpo cuando hacemos ejercicio? Así responde el organismo

Cuando el ejercicio se mantiene de manera regular, produce adaptaciones en los sistemas cardiovascular, metabólico, muscular y óseo

Foto: Pavel Danilyuk / Pexels

Foto: Pavel Danilyuk / Pexels

Desde los primeros momentos de actividad física, los músculos requieren más energía y oxígeno. Para responder a esta demanda, aumenta la frecuencia cardiaca y el corazón bombea una mayor cantidad de sangre.

También se incrementa la ventilación pulmonar, mientras que el flujo sanguíneo se redistribuye para favorecer a los músculos que están trabajando y contribuir a la regulación de la temperatura corporal.

La actividad muscular genera calor, por lo que el organismo activa mecanismos para disiparlo. Entre ellos se encuentran el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel y la producción de sudor, cuya evaporación ayuda a disminuir la temperatura corporal.

La respuesta al ejercicio también involucra al sistema nervioso y al sistema endocrino. Durante el esfuerzo aumentan hormonas como la adrenalina y la noradrenalina, que ayudan a movilizar energía y adaptar la función cardiovascular a las necesidades del organismo.

¿De dónde obtiene energía el músculo?

El organismo utiliza distintos sistemas para producir adenosín trifosfato (ATP), la molécula que permite a las células disponer de energía.

En esfuerzos muy breves y explosivos, el sistema de ATP-fosfocreatina proporciona energía rápidamente. Cuando aumenta la intensidad y el esfuerzo se prolonga, participa de manera importante la glucólisis, que permite obtener energía a partir de la glucosa y genera lactato.

En actividades de mayor duración interviene de manera predominante el metabolismo oxidativo, que utiliza oxígeno para producir ATP a partir de carbohidratos y grasas.

El músculo también libera moléculas conocidas como miocinas, entre ellas la interleucina-6 (IL-6), que participan en la comunicación entre el tejido muscular y otros órganos y están relacionadas con procesos metabólicos e inmunológicos. En el caso de la irisina, la evidencia científica continúa estudiando sus funciones y sus efectos en humanos.

¿Qué cambia cuando el ejercicio se vuelve un hábito?

Las respuestas que aparecen durante cada sesión pueden acompañarse de adaptaciones a largo plazo cuando la actividad física se practica de manera constante.

El sistema cardiovascular puede mejorar su capacidad para transportar y utilizar oxígeno, mientras que los músculos desarrollan adaptaciones que favorecen su capacidad de producir energía. El ejercicio también puede mejorar la sensibilidad a la insulina y contribuir al mantenimiento de la salud ósea y muscular.

Estos efectos dependen del tipo de ejercicio, su intensidad, frecuencia, duración y de las características de cada persona.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la actividad física regular ayuda a prevenir y controlar enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, además de favorecer la salud mental, el sueño y el bienestar general.

Para los adultos, la OMS recomienda realizar entre 150 y 300 minutos de actividad física aeróbica moderada a la semana, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular.